raymond letcherA partir del caso Penta y la situación de la UDI ante este hecho, se han realizado varios análisis, los que a la luz de la información que va surgiendo diariamente, dan cuenta de la falta de ética de los “honorables” que solicitaban el raspado de la olla.

Pero no hay que ver este tipo de acontecimientos como conductas novedosas en la historia, sino como una lucha constante entre el hombre y sus deseos, es decir, la relación placer-goce que conlleva en ciertos casos, a la transgresión de los valores para alcanzar la ansiada satisfacción.

Ya en la Grecia antigua, la fuerza que los placeres –aphrodisia- producían en el hombre fueron tratados como una problemática, y el dominio sobre estos era el principal objetivo del sujeto, con el fin de asegurar la convivencia.

Así, desde la perspectiva griega, no eran las prohibiciones las que promovían conductas acordes con la vida social, sino que el control de sí mismo y de las propias pasiones, mediante la prudencia y el cálculo, las que posibilitaban el dominio del placer.

Freud y Nietzsche, toman otro camino para entender la construcción de la moral y la ética del sujeto, considerando en este caso las fuerzas externas que moldean por medio de la internalización de los valores sociales (leyes, costumbres, mitos, etc.), pero también entienden que finalmente es el autocontrol de las pulsiones, en este caso por medio del Súper Yo, lo que nos diferencia completamente de otros animales y además produce los ideales del sujeto.

Una tercera forma de entender la ética la presenta Michael Foucault, quién muestra en su obra que es por medio del poder pastoral, inculcado por las instituciones cristianas por medio de su código ético, que se crean formas de poder distinto al mundo antiguo.

Tenemos entonces que el sujeto siempre se ha visto tentado por las pasiones y que es su deber controlarlas para lograr su desarrollo ético, para ello internaliza los valores sociales, los cuales en nuestra sociedad occidental están regidos por el poder pastoral, conformándose así el Súper Yo, estructura que además de reprimir promueve ideales para el sujeto.

Si consideramos entonces que la moral y la ética conllevan tanto al contacto del sujeto con el mundo externo, como así también con el autocontrol de las pasiones por medio de la internalización de las leyes sociales, ¿cómo se puede entender que nuestros honorables líderes desfallezcan ante el deseo y se dejen llevar por lo ilícito?

En primer lugar podríamos entender que nuestros honorables ya no se siente (si es que alguna vez si lo hicieron) parte de la sociedad e incluso se sitúan por sobre las leyes que dominan al resto, y por ende a los códigos éticos que nos rigen. Ya desde este punto de vista, el mentir, engañar, traicionar e incluso transar deja de ser un problema para ellos, así tenemos a Ena diciendo que no tiene relación con las empresas de Délano en CNN, respecto a solicitud de donaciones para su campaña, para posteriormente saber que hay un correo en que la honorable pide apoyo económico abierto para seguir en competencia.

El código moral, se entiende, ya no la afecta y puede transgredirlo al punto de finalmente señalar, cuando se descubre dicha misiva, que hay que esperar lo que diga la justicia, sin ejercer mayor autocrítica o mea culpa. Situación similar a lo acontecido con Kast, quien también fue pillado en quimeras.

En segundo lugar, también es posible entender que los líderes que hemos elegido por medios democráticos finalmente no tienen los recursos internos o tecnologías del yo necesarias para ejercer como guías, sobre todo por no poder auto controlar sus pasiones, las cuales los superan dejándolos inmersos en la búsqueda del goce como los drogadictos, siendo en este caso el poder la sustancia que despierta bajas pasiones.

Así, al igual que el pastero que es descubierto en su consumo, pero que no lo puede o no lo quiere dejar, el político miente, transgrede, manipula la realidad, buscando demostrar que él está bien y el resto mal, como lo ha intentado hacer notar Silva desde el sitial de la UDI, culpando al resto de hipócritas y negando lo fraudulento de la situación bajándole el perfil y culpando al empedrado.

Sea como sea, estamos ante más que un fraude al fisco o una arenga político-partidista, estamos ante la caída del velo motivacional político de nuestros líder, que hoy se ven representados en la UDI en tanto síntoma, pero que como sabemos en casos como MOP-Gate, EFE, ARCIS, etc., trasciende los colores políticos.

Los apetitos de nuestros honorables están descontrolados, y el hambre los hace demandar hasta el raspado de la olla si es necesario para saciar sus pasiones.

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Raymond A. Letcher es Psicólogo, Magíster (e) de Análisis de Grupos e Instituciones