La legitimidad del modelo dictatorial, profundizado por la Concertación durante dos décadas, presentó su primera fuga masiva en las luchas estudiantiles (no solo ellas naturalmente, pero sí de manera más evidente), pero trajo consigo la clara ausencia de capacidad política de cualquier movimiento social de lograr incidir en el cambio de rumbo político y económico. Por tanto la cuestión, para las fuerzas de cambio (no sólo las estudiantiles) radica hoy en día en como dotar de capacidad política a los sectores críticos del Pueblo chileno e incorporarlos como sectores activos en una sociedad civil clausurada de toda acción popular.

Para el caso del movimiento por la educación, el reciente despacho del proyecto de ley de Reforma Educacional que ha llevado adelante el gobierno, busca sin lugar a dudas absorber los coletazos del estallido social del año 2011 en pos de diluir las demandas del movimiento en algunas prebendas que ya están siendo anunciadas de manera rimbombante como grandes transformaciones al sistema educativo.

Esta supuesta reforma de la Nueva Mayoría, ni siquiera alcanza para provocarle cosquillas al andamiaje dictatorial presente en el sistema educativo chileno. Algunos dicen que esta reforma casi elimina el copago, que casi elimina el lucro y que casi elimina la selección. Pero el panorama es peor. Se trata de una reforma que busca regular un mercado para dar certidumbre a la inversión, dentro de una lógica neoliberal, manteniéndose el financiamiento a la demanda vía voucher, otorgándose sendos recursos públicos a un empresariado incapaz de hacer negocios sin el Estado, creándose subterfugios para mantener la selección o segregación social, y legitimándose el lucro rapaz a través de la figura del arrendamiento de inmuebles con dineros fiscales y de las familias.

En definitiva; los simulacros de reformas (tributaria, laboral, electoral) que estamos presenciando sólo evidencian en forma clara los nexos existentes entre parlamentarios y grandes empresarios, y que además tiene hoy al Partido Comunista jugando un diligente rol de tramoya de este nuevo gobierno de los empresarios.

Esta reforma cosmética, expresión de un remozado neoliberalismo corregido, busca cooptar el anhelo de transformaciones radicales que el Pueblo chileno ha manifestado los últimos cuatro años, y que al poco andar de la promesa de cambios del bacheletismo, ya ha visto caer el peso de la noche de los discípulos de la libertad de mercado; una transversal casta política servicial y fiel a los grupos económicos que gobiernan Chile.

Sin embargo, pese a lo anterior, como estudiantes, y sujetos políticos de cambio, debemos hacer la correspondiente crítica ante un 2014 que pasó, y dejó un saldo muy poco productivo para el movimiento estudiantil. Pero en lugar de caer en el clásico martirio de preguntarnos por lo que no se hizo, o se hizo mal, creemos necesario dar algunas luces para este 2015, que permitan proyectar tareas y desafíos políticos para el movimiento social por la educación.

Dado que este año estará marcado fuertemente por la discusión de la Reforma a la Educación Superior*, es necesario que los universitarios, como sector más dinámico del movimiento estudiantil, puedan levantar, para el caso educativo, una estrategia contra hegemónica, ganar “posiciones” ante los mercaderes de la educación, a partir de la articulación de victorias efectivas desde una estrategia colectiva que problematice el tema de la Propiedad de la educación versus el rol público de la educación como Derecho Social.

Pese a la insistencia de algunos sectores en considerar al Estado, en especial al parlamento, como lugar privilegiado de resolución de lo político, este año debe ser en la arena de lo social donde se resuelva lo político, potenciando el conflicto más allá de los límites jurídicos.

Pese a la insistencia de algunos sectores en considerar al Estado, en especial al parlamento, como lugar privilegiado de resolución de lo político, este año debe ser en la arena de lo social donde se resuelva lo político, potenciando el conflicto más allá de los límites jurídicos. Dicho conflicto debiera tener como escenario a la reforma, y como contraparte no sólo al Estado, sino que también a la banca, las sociedades, corporaciones y grupos controladores de universidades.

El financiamiento de la gratuidad en la ES a través del Estado vía Aportes Basales, la reducción paulatina de la desregulación del campo privado y la construcción de una nueva institucionalidad universitaria como fuente de legitimidad de la Universidad Pública, son ideas fuerza de disputa por el sentido común que contribuirán a cuajar fuerza programática que logre asediar a los empresarios de la educación. Y la instalación de tales ideas sólo se logrará luchando. Y en esa lucha se jugará un asunto de hegemonía que debe ser resuelto: la definición del rol público de la universidad; una ES sin “guetos” de elite profesional versus profesionales precarizados, con pleno respeto de la democracia interna, condiciones laborales de sus funcionarios, fiscalización de recursos, y sin lucro.

Un catalizador importante a considerar para ganar posiciones, podría ser la lucha por el congelamiento de aranceles, una demanda muy sentida por los estudiantes y que reintroduce la crítica en el estudiante-consumidor y el endeudamiento.

Será entonces, en una posición de fuerza, y con el respaldo de una amplia mayoría social movilizada, que podría generarse un escenario que obligue al gobierno a ceder a nuestras demandas, al menos en parte.

La posible derogación de las normas del DFL N° 2 (aún en trámite) podría también abrir la puerta a un nuevo ciclo de protesta estudiantil, este año o los venideros, que dotado de nuevos elementos y repertorios, tenga como eje principal un proceso democratizador de las casas de estudio, con perspectiva de levantar un nuevo gobierno universitario, que cuente con la participación resolutiva de todos sus estamentos. Lo más probable es que se trate de un proceso con altos y bajos, con intensidad dispareja, en que el foco de los conflictos se centrará a nivel local en cada universidad, CFT o IP, permitiendo al menos la acumulación de nuevas fuerzas en el seno de dichos establecimientos.

Incorporar a la lucha estudiantil al estudiantado mayoritario fuera del CRUCH (privadas no tradicionales, institutos y CFT), a la vez que forjar alianzas concretas con otros actores de la educación, como los asistentes (Confudech, por mencionar alguno) y los trabajadores de la educación superior (Conatuch), es y seguirá siendo una tarea fundamental para levantar una fuerza social amplia y multisectorial, que nos permita multiplicar nuestra posibilidad de acción política, que ha topado techo los últimos años.

Por otro lado, no debemos olvidar la importancia del movimiento secundario, ya que su reactivación como partícipe activo desde sus bases sociales asamblearias, lo coloca en situación de compromiso e identificación con futuros escenarios de movilización dada su potencialidad como actor insatisfecho con las recientes reformas. A la par es menester estar atentos para dar continuidad y empuje, al importante peso que ha cobrado la creciente disidencia del Colegio de Profesores respecto a sus dirigencias, marcando la apertura a una democratización del gremio y la incorporación de un profesorado joven y precarizado como actor clave y con interés en el mejoramiento de sus condiciones académicas y laborales.

Más aún, para que cada proceso de lucha contra el neoliberalismo educacional, deje un saldo positivo a favor nuestro, será esencial que en este año y los venideros, el espacio privilegiado de disputa y conducción de procesos de movilización, sea cada Comunidad Universitaria o Escolar, de manera que la radicalidad y profundidad de los cambios por los cuales se luche, tenga un anclaje efectivo en el mundo social, en amplios espacios de encuentro en que estudiantes, académicos, profesores, apoderados y trabajadores puedan decidir sobre la educación que queremos.

Para terminar, a modo de síntesis, la derrota que significa esta reforma nos deja dos tareas importantes para este año: La batalla de las ideas, desde donde debemos derrotar los pilares ideológicos que sostienen el programa de gobierno; y la acción directa hacia los actores que se benefician de esta reforma: los empresarios de la educación. Con la batalla de las ideas dinamizaremos esa amplia mayoría social que reivindica y cree en una nueva educación para una nueva sociedad; y con la acción directa, seremos capaces de hacer retroceder la mercantilización de nuestra educación, garantizando una educación en beneficio de nuestro Pueblo. Las organizaciones presentes en el movimiento estudiantil, que son autónomas del Estado y del gobierno, debemos demostrar que somos parte de una Izquierda capaz de cambiar este modelo, para asentar realmente, un nuevo ciclo político y social en nuestro país.

Este 2015 ¡A movilizar todas nuestras fuerzas para una victoria!

 *Esto, sin perjuicio de los faltantes proyectos de ley sobre Desmunicipalización y Carrera Docente que también estarán presentes en el debate público

Los autores son presidente FEUBB Chillán y Secretario General de la FEC, respectivamente.