La Orquesta Típica Fernández Fierro surgió a principios de siglo cuando, en opinión de su miembro fundador y violinista, Federico Terranova, había un estancamiento en el desarrollo del tango.

Mucha mirada para atrás y poca para adelante.

Casi 15 años después, el panorama es otro: abundan los grupos que han forjado una nueva etapa para esta música. Bandas como Altertango (de reciente paso por Chile), 34 Puñaladas, Amores Tangos y, fundamentalmente, la OTFF, reconocida como la que abrió camino y la que, a pesar de su juventud, encabeza la renovación tanguera.

Todo este proceso ha tenido un epicentro: el Club Atlético Fernández Fierro, galpón ubicado en la calle de Sánchez de Bustamante convertido en la casa de culto de la Orquesta. Desde afuera es casi imposible ubicarlo, especialmente si se viene de otro país, pero entre los bonaerenses no es necesario: su existencia ha circulado de boca en boca hasta convertirse en uno de los enclaves tangueros de la ciudad. A la compañía de la cerveza, el fernet y las empanadas que se venden en la barra, jóvenes y viejos se distribuyen cada semana en las mesas para ver a la OTFF, pero también a otras bandas que andan el mismo camino.

“Hemos ido unas diez veces a Chile y siempre nos han tratado muy bien. Quizás por lo mismo no somos un parámetro para decir si el público de allá es o no tanguero, porque siempre hemos tenido mucha gente, buena onda y bastante repercusión”.

El próximo sábado 14 de febrero, en el contexto de la primera versión chilena del afamado Festival Womad de la llamada world music, la Fernández Fierro se presentará con su elegante furia de bandoneones y violines. Terranova recuerda que han venido “unas diez veces a Chile y siempre nos han tratado muy bien. Quizás por lo mismo no somos un parámetro para decir si el público de allá es o no tanguero, porque siempre hemos tenido mucha gente, buena onda y bastante repercusión. No sabemos si es por la Orquesta o por el tango en general, aunque sí sabemos que Valparaíso es bastante tanguera y eso es lindo para nosotros”.

 

Después de Piazzolla

El tango, desde su plebeyo origen lunfardo y prostibular hasta su conversión en elegante baile de salón, ha tenido varias etapas. Fue en una de ellas, en la década del 60, cuando las orquestas tradicionales dominaban la escena, que apareció Astor Piazzolla. Para algunos puristas, el que destruyó el tango; para otros, el que lo salvó. El punto es que durante años su magisterio dominó todo e incluso una década después de su muerte, en 1992, no se había encontrado una puerta de salida. Ahí apareció la OTFF.

Para Terranova, el hecho de ser ahora una referencia para los más jóvenes “quiere decir que tanto trabajo valió la pena. No han sido muchos años, solo catorce, pero hay algo que sí pasa: la escena cambió muchísimo desde que partimos y pienso que tuvimos bastante que ver. Cuando empezamos no se hablaba del tango del siglo XXI. Se hablaba del tango como uno solo: el de principios del siglo y el de 1990. Sentíamos que durante los diez años previos a nuestra aparición había revisionismo y no se estaban proponiendo cosas nuevas. Nosotros teníamos otra mirada: si bien nos gustaba el tango del siglo XX nuestro propósito era seguir después de eso. Es decir: hacer el tango del siglo XXI. Hoy, algún tiempo después, es natural hacer tango y no tocar temas de Gardel, Troilo ni Piazzolla. Cuando empezamos, eso casi no era posible”.

En paralelo a la renovación de la escena, durante estos años la Orquesta ha debido enfrentar su propio proceso de cambio que, según afirman, ha sido “a los golpes. El último fue el de cantante, luego de que tuvimos muchos años a un varón (Walter “Chino” Laborde) con una impronta y un estilo. Tuvimos que cambiar y lo hicimos por una mujer (Julieta Laso) para que no pierda en la comparación, y eso, casi no nos dimos cuenta, modificó un montón el sonido. Pasa que la orquesta tiene una unidad muy grande pero cuando se incorpora la voz se gira hacia allá. Ahora sonamos de otra manera, cambiamos en parte los arreglos para adaptarlos a la voz de ella. Esto implicó en parte renovar la esencia nuestra, lo que es bueno para que la gente siga viniendo”.

Además, en el escenario, “lo otro importante ha sido renovar el repertorio. Nosotros, por lo general, vamos sacando discos nuevos y los temas antiguos no los volvemos a tocar”.

 

 

El Club Atlético

En un galpón en que, por el desnivel del piso, no pueden entrar camiones, los músicos de la OTFF lograron pactar con el dueño y transformar el lugar en una sala de conciertos, el hoy legendario Club Atlético Fernández Fierro (CAFF). Es la sede de una organización cooperativa que edita los discos de manera independiente y en donde ahora tocan otros, además de la Orquesta. Yendo al origen, Terranova afirma que “el CAFF nace un poco de que la escena no era lo que ahora y nosotros no encontrábamos lugares donde tocar con las condiciones que necesitábamos. El tango se hacía en lugares muy precarios y, por eso, cuando actuábamos llevábamos todo, desde el piano hasta las luces y el sonido. En algún momento dijimos si vamos a hacer esto todo el tiempo, mejor tengamos nuestra propia sala y démosle las condiciones que nosotros queremos”.

Pasó el tiempo y después se dieron cuenta de “que el espacio estaba bueno y abrimos para que tocaran otros grupos. Eso nos llevó a la lógica de administrar un lugar, aunque no era ésa la idea. La esencia hoy es que nosotros tocamos dos veces en la semana, pero el resto de los días está abierto a otros grupos. En total, somos casi 20 personas los que trabajamos en esto”.

La organización en cooperativa, para Terranova, “tiene mucho que ver con lo que es una banda. Por lo general funcionan así, aunque algunas tengan un líder, pero lo usual es que todo se divide por partes iguales, y el trabajo también. La diferencia es que nosotros somos muchos y eso requiere más organización”. Aclara, eso sí, ante la interpretación política que puedan hacer algunos seguidores, que “no tiene que ver con eso. Fue algo natural, estuvo claro desde el principio y era la única manera que teníamos de empezar, y hoy es la única manera de estar juntos. Aquí todos suman un poco y todo se divide entre todos”.

 

La actuación en Womad

“A mí me gustan los Inti-Illimani, aunque de Chile lo que más me gusta son Los Jaivas. Ambos son grupos que rescatan una identidad difícil de sacar adelante y que, además, tienen una tarea bastante complicada, porque han sido tan grandes que es difícil darles continuidad”.

El Festival Womad (siglas en inglés de World Of Music, Arts & Dance) fue una idea de Peter Gabriel que, casi 35 años después de su primera edición, se ha convertido es un festival cultural con música, artesanía y otras manifestaciones, que recorre el mundo. Han sido un espacio para dar a conocer a muchos artistas internacionalmente. Este viernes, sábado y domingo llega a Chile y, en opinión de Federico Terranova “está muy buena la programación. Nosotros por lo general tocamos mucho en estos festivales en Europa, de hecho creo que este año estamos invitados al Womad de Inglaterra. Respecto al de Chile, por lo que vi tiene mucho que ver con la escena actual, aunque vi por ahí a algún veterano en la nómina. Es genial que se pueda hacer acá cerca”.

A la hora de rendir tributo entre la larga lista de participantes, afirma que “hay varios que conocemos. A mí me gustan los Inti-Illimani, que nos vinieron a ver una vez acá. Me encantan, aunque de Chile lo que más me gusta son Los Jaivas. Ambos son grupos que rescatan una identidad difícil de sacar adelante y que, además, tienen una tarea bastante complicada, porque han sido tan grandes que es difícil darles continuidad. Acá pasó lo mismo con Piazzolla, que era tan enorme que los opacó a todos ¿Quién iba a venir después de Los Jaivas?”

Festival Womad. 13 al 15 de febrero, frente al Cementerio General por La Paz. La OTFF se presentará el sábado 14 a las 20 horas. Más información en www.womad.cl