Lo dijo un dirigente social durante una asamblea en Santiago a fines de 2011.  “Los cabros marcharon y perdieron clases. ¿Y qué lograron? Nada” fue la frase que lanzó a un grupo de estudiantes.  Uno de los voceros se levantó y respondió, con esa claridad que de tanto en tanto se echa de menos en algunos adultos con aires de certeza: “¿Cómo que no obtuvimos nada? Logramos cambiar el sentido común sobre la educación. Tumbamos la noción que la amarraba indefectiblemente al lucro.  Instalar la idea de una educación pública, gratuita y de calidad es un cambio fundamental. De futuro”.

La discusión que se diera en 2013 durante la campaña presidencial y los últimos proyectos sobre el sistema educativo aprobados en el Congreso dan cuenta de cuanta razón tenía el joven estudiante.  Las transformaciones reales, las de fondo, muchas veces no son apreciables en el día a día.  Son invisibles a los arqueos sociales y evaluaciones de ganancia/pérdida que se realizan a poco de terminados los procesos.

Hace tres años, el viernes 17 de febrero de 2012, se daba forma definitiva a los 11 puntos del Movimiento Social por Aysén.  Tanto así, que el día previo eran todavía 10. Una política de vivienda regionalizada y pertinente a la realidad territorial fue la última demanda que se incorporó.

Durante la tarde convocamos a una conferencia de prensa en la Cámara de Comercio de Puerto Aysén.  En ésta, se cuestionó que el subsecretario el Interior Rodrigo Ubilla informara a la prensa nacional que recién el lunes siguiente vería con los ministros vinculados al transporte y los combustibles su eventual visita a la zona.  El gobierno de Sebastián Piñera jugaba con el tiempo, apostando a que la limitada presión ciudadana interna crítica obligara a deponer las movilizaciones.

Autoridades de gobierno recurrían a diversas tácticas comunicacionales con el fin de minimizar la transversalidad y territorialidad de la movilización.  Que era una operación de la izquierda contra la administración de centro derecha, que estaba acotada a Puerto Aysén y que no era más que un reclamo de los pescadores artesanales.  Con ello, cuestionaban la legitimidad de las demandas regionales.

En paralelo, autoridades de gobierno recurrían a diversas tácticas comunicacionales con el fin de minimizar la transversalidad y territorialidad de la movilización.  Que era una operación de la izquierda contra la administración de centro derecha, que estaba acotada a Puerto Aysén y que no era más que un reclamo de los pescadores artesanales.  Con ello, cuestionaban la legitimidad de las demandas regionales.

Esa noche, el salón de los comerciantes ayseninos estaba repleto. A dirigentes y vecinos se nos sumó una legión de periodistas y reporteros de la región pero fundamentalmente del resto del país.  Y esa noche, a las 20:30 horas, se torpedearon uno a uno los intentos mediáticos del gobierno.

La transversalidad del movimiento era patente.  En la conferencia se dejó en claro que a la fecha habían respaldado públicamente las demandas “el alcalde de Coyhaique Omar Muñoz (UDI) y el concejo municipal, la alcaldesa de Aysén Marisol Martínez (PS)  y el concejo municipal, el alcalde de Chile Chico Luperciano Muñoz (PPD)  y su concejo municipal, y los alcaldes de Cochrane Patricio Ulloa (UDI), Río Ibáñez Emilio Alarcón (UDI), Cisnes (PS) Arsenio Valdés, Las Guaitecas Luis Miranda (RN) y Lago Verde Gaspar Aldea (PS)”.  Se sumaban a esta lista, los cuatro parlamentarios de la región.

Las movilizaciones en la región no eran solo en el puente Presidente Ibáñez y Coyhaique.  Se entregó un detallado informe de las tomas de aeródromos y puertos, cortes de camino, marchas y acciones en Puerto Aysén, Puerto Chacabuco, Puyuhuapi, Puerto Cisnes, Mañihuales, Caleta Andrade, Puerto Aguirre, Coyhaique, Chile Chico, Cochrane y Melinka, entre otras localidades.  Era la ciudadanía que con sacrificio se ponía a disposición de un proceso, en el cual confluimos pescadores artesanales, integrantes de Patagonia sin Represas, los trabajadores privados sindicalizados en la CUT, los públicos asociados a la Anef, los transportistas, las juntas de vecinos, hombres y mujeres unidos en la causa común, simbolizada nítidamente en la ocupación de facto de Puerto Aysén, por parte de una ciudadanía movilizada.

Como la historia de todo testigo, este es un relato parcial. De un par de horas durante el Movimiento Social por Aysén.  Del 17 de febrero de 2012.  De hace exactamente tres años.  Y las conclusiones también lo son.

Extracto de Manual de Carreño de la Patagonia-Aysén, de junio de 2014: “Solo los años venideros permitirán, con la calma y la perspectiva que da el tiempo, hacer una evaluación ecuánime de lo ocurrido. Lo que sí sabemos hoy es que Aysén no comenzó ni terminó con el movimiento social. Fue un hito relevante que rescatamos todos quienes participamos -y que somos mayoría en la región- pero que también sabemos es parte de un proceso superior: el proceso de retornar la dignidad al pueblo, esa que en algún momento se le arrebató… y que en esos 40 días de principios de 2012 comenzamos, con fuerza, a recuperar”.

Uno de los grandes aportes de los movimientos sociales es cambiar el sentido común.  Aportar a una transformación paulatina, para muchos invisible.  Pero necesaria y fundamental.  Porque es el sustento de los cambios que vendrán.

En clave estrictamente personal, eso fue nuestro movimiento social.