los justos (1)¿Cuál es la política que propone instalar el problema de la insubordinación social hoy en Chile? ¿Qué pulsos moviliza esa política que explora la violencia y la justicia como motores de un ensamblaje aún no agotado por el peso de la historia?

Los Justos, cruzados por el deseo y la política obra escrita por el filósofo Albert Camus y bajo la dirección y adaptación de Ernesto Orellana del Colectivo teatro SUR nos dice que aquella política se encuentra en apostar por ficciones que dañen o que resuenen intensamente en nuestro cotidiano sureño. Algo así como una política radical del contexto.

Los Justos, cruzados por el deseo y la política nos muestra a un grupo de terroristas pertenecientes a un partido socialista y revolucionario que tomando las armas de la organización, se revelan con el fin de matar al duque en el contexto de la icónica revolución rusa de 1905. La obra se sitúa en compromiso con aquella épica del teatro político y su rebeldía emancipadora para nuestro pueblo en cuanto su representación pone en jaque nuestra idea contemporánea de justicia y democracia. Una democracia a medias o menos que la media de las democracias.

El montaje expone las marcas locales mediante interrumpidos usos de su lengua y los modos de habla del contexto. Una lengua mal hablada o mal pronunciada que convive hoy con otro duque, quizás el mismo: un duque capitalista y únicamente heterosexual. Un duque al que resistir con tecnologías en el cruce del deseo y la política. Un duque que queremos ver muerto por el efecto terrorista de estas células políticas que proliferando sin control no descansarán hasta aniquilar con ficciones a los poderes del orden establecido.

La puesta en escena de Los Justos, cruzados por el deseo y la política se compromete con representaciones que no se conforman solamente con la reverberación de la palabra sino que con la fuerza de la aparición del rostro y su corporalidad como lugar de batalla. A través de una muy cuidada y elegante escenografía, la obra nos entrega imágenes en el desborde cromático de los colores que la revolución ha hecho propios: el blanco, el rojo y el negro. El montaje se esfuerza por mostrarnos potentes imágenes que en sus saltos temporales de una obra escrita en 1949 y estrenada hoy en el Santiago de Chile de 2014, nos recuerda que la retórica del color continúa situándonos en el riesgo de una semiótica militante.

La obra experimenta haciendo propia la revolución como proyecto político. Un proyecto donde los niños aparecen como el nudo de los posibles futuros que sólo algunos experimentarán. Un nudo que volver a atar o definitivamente cortar.

losjustos1En un momento en el que el capitalismo ya no nos ha dejado palabras, absorbiéndolas todas en su diccionario del consumo desechable, el montaje insiste en repetir aquellas palabras que como pueblo, justicia y revolución aún podemos hacer propias para resignificarlas en nuestros contextos. Ya no podemos permitirnos perder más palabras.

Son necesarias ficciones que escritas y encarnadas en distintas épocas, sigan problematizando la injusticia imperante de nuestro tiempo. Rompiendo la continuidad de las series establecidas y definitivamente matando al duque. Podríamos decir que esta es la revolución en la que se encuentra implicada la política radical de esta puesta en escena.

Quizás por esto mismo, Los Justos, cruzados por el deseo y la política dirigida por Ernesto Orellana sabe que esa revolución con o sin niños es una donde el deseo de rebeldía ya no tiene tiempo que esperar.

Del 01 al 24 de octubre, de jueves a sábados a las 20:30 hrs. Teatro Cinema (Ernesto Pinto Lagarrigue 179, Barrio Bellavista. Reservas en +562 27350861 o boleteria@teatrocinema.cl/ www.teatrocinema.cl
$5.000.- estudiantes y jueves popular $3.000