Laura RodríguezEl 8 de marzo se celebró el día de la Mujer. Debo confesar que ya el solo hecho de que haya que celebrar un “día de la mujer” me parece extraño e incluso chocante.

¿Por qué se la celebra un día?

Quizás porque se reconoce que se la “des-celebra” los otros 364 días del año.

Por lo demás, este día, más que de celebración, debería ser de recuerdo, de recogimiento, de homenaje, de reflexión sobre todas las atrocidades cometidas contra las mujeres, en particular un 8 marzo en que se las asesinó por exigir sus derechos más fundamentales.

Y aunque los diarios se llenen de cuadros estadísticos para mostrarnos cómo han avanzado, aunque la Presidenta cree el Ministerio de la Mujer, aunque el Papa diga que son muy importantes, aunque los parlamentarios se llenen la boca con palabras de buena crianza, todavía se las discrimina, todavía se las considera ciudadana de segunda clase.

Esos mismos diarios promueven una imagen de la mujer madre, mujer esposa, mujer de la casa y se niegan a aceptar a la mujer dueña de su cuerpo, de su intención, de su sexualidad.

Ese mismo Pontífice que las considera importantes les niega la posibilidad de cumplir las mismas funciones que los hombres  en su iglesia y las descalifica si su afecto es hacia otra mujer. Esos mismos parlamentarios aceptan que ellas sean extrema minoría en ese mismo parlamento. Y todos aceptan que se les pague menos por el mismo trabajo que realizan los hombres.

La hipocresía está demasiado vigente. Es muy fácil llenarse la boca de lindas frases pero manteniendo la incoherencia entre eso que se dice y las propias acciones.

Podremos tener presidenta mujer, presidenta del Senado mujer, un par de ministras y algunas empresarias. Pero eso no significa NADA:

 

Si las mujeres trabajadoras de casa particular siguen siendo discriminadas y explotadas.

Si las mujeres inmigrantes siguen siendo humilladas.

Si las mujeres madres adolescentes siguen sin poder asegurar un buen futuro para sus prematuros hijos.

Si las mujeres indígenas siguen viendo como les arrebatan las tierras de sus ancestros.

Si las mujeres lesbianas no pueden contraer matrimonio con quienes ellas aman.

Si las mujeres no pueden decidir sobre su propio cuerpo interrumpiendo un embarazo no deseado.

 

Más allá de lo anterior, levanto mi voz para saludar, homenajear, valorar, agradecer a tantas mujeres que han ido construyendo la historia de la libertad y la dignidad humana.

A las luchadoras sociales, las científicas, las artistas, las profesoras, las nanas, las temporeras, las madres y las no madres, las solteras, casadas y amantes. Saludo a las mujeres con marido, a las lesbianas, bisexuales y transexuales. A las abuelas, nietas, sobrinas y tías. Saludo a la mujer indígena, la mestiza y la europea. Saludo a Rosa, a Gladys y a Laura.

Pero es hora de que dejemos de celebrar a las mujeres durante un día y comencemos a garantizar sus derechos durante los 365 días del año.