Cuando se habla de Asamblea Constituyente son muchas las preguntas que se hacen, pero sin duda, las principales quedan siempre en una suerte de limbo extraño, disperso y difuso de años de prensa manipulada y la conveniente alianza entre el poder polìtico y el financiero.

Nuestra actual Constitución fue generada en dictadura y han pasado 35 años de nuestra mal llamada democracia sin que sea discutida para su modificación. No tomamos en cuenta las enmiendas cosméticas que hizo Ricardo Lagos. Tenemos que ser muy claros: la Constitución Política, es decir el ordenamiento jurídico, político y de relaciones entre el poder legislativo, ejecutivo y judicial, proviene de la dictadura militar y hecha a medida de un poder económico, aún vigente.

Es esta Constitución Política, la protege y acentúa la concentración del poder en Chile, por ello muchas preguntas principales, deben necesariamente ser reflexionadas a la luz de este hecho.

¿Y sobre qué, podríamos reflexionar cuando hablamos de una Asamblea Constituyente?

Por lo pronto, habrá que preguntarse cómo es que el ordenamiento jurídico constitucional de nuestro país, permite que existan imperios de poder en manos de no más de doce familias, una elite política que obedece a ellos mismos y algunos consorcios multinacionales.

Este poder económico es dueño de la Banca, la misma que cada año arroja excedentes colosales que van a para a los bolsillos de sus accionistas. Esas utilidades provienen de los trabajadores que entregan sus esfuerzo o al pequeño empresario, que debe pagar intereses usureros a esa misma banca. Pero no es suficiente con ello, esa misma Banca, es la que otorga créditos a los mismos trabajadores que originan su riqueza. Así el círculo está completo. ¿Por qué cree usted que la banca es el negocio más lucrativo en todo el mundo?

Ellos son dueños de las AFPs y con los aportes previsionales de todos los trabajadores, invierten en las mismas empresas de la que son accionistas, incluyendo sus propios bancos. Son los mismos que en razón de decretos amparados en esta Constitución, pagan pensiones de ruina, condenando a nuestros ancianos a que cada mes sientan atenazado el corazón por la angustia de no saber cómo sostendrán sus gastos.

Tendríamos que preguntarnos por el dolor de demasiada gente, que en este mismo momento en que escribo, ocupan bancas en ámbitos deprimentes en consultorios y postas a lo largo de nuestro país. Tendríamos que comparar las grandes clínicas de grandes presupuestos y equipamiento con nuestros hospitales públicos, dónde todo falta. En donde demasiados, deben esperar hasta un año para ser operados, por “falta de especialistas” que por cierto están ocupados a horario completo en las mismas clínicas y en sus consultas privadas, haciéndose parte de la élite indiferente.

Tendríamos que preguntarnos por nuestra minería, enajenada de la propiedad de todos los chilenos y en manos de los mismos accionistas, a los que debemos sumar, empresas chinas, canadienses, norteamericanas, etc. que en sus propios países irían a la cárcel por su irresponsabilidad medioambiental.

Son los mismos que desvían los cursos de los ríos por el sur y los esteros por el norte, para su propio beneficio, porque además se han convertido en dueños del agua, suprimiendo el suministro de pueblos que durante cientos de años vivieron de él. Hoy, el 90% de los derechos de aprovechamiento de aguas consuntivas (no devuelven su caudal al río), se encuentra en manos de empresas mineras y agroexportadoras, mientras que apenas el 10% de los derechos de aprovechamiento de aguas no consuntivos (devuelven su caudal al río) se encuentra en manos de transnacionales como ENDESA. Así que es bueno preguntarse también qué ha pasado con nuestra agua.

Estamos hablando de nuestros pueblos, esos de generaciones de gente sencilla en los que ahora, sus valles que eran llenos de vida, de bienestar, hoy son contaminados por nauseabundos olores y  relaves contaminantes y asesinos.

Habría que preguntarse, por qué nuestros bosques naturales de lenga, roble, castaño, raulí y tantos otros, han sido diezmados y dedicados al mono cultivo de pinos, que han acidificado la tierra terminando por erosionarla y convertirla en trampas frente a cualquier lluvia o chispa.

Habría que preguntarse, por qué nuestros bosques naturales de lenga, roble, castaño, raulí y tantos otros, han sido diezmados y dedicados al mono cultivo de pinos, que han acidificado la tierra terminando por erosionarla y convertirla en trampas frente a cualquier lluvia o chispa. Habría que preguntarse, por qué ahora es casi un hallazgo encontrar copihues o ver un sauce sobreviviendo apenas en lugares abandonados por la desidia de los fanáticos del dinero.

Habría que preguntarse por qué comemos fruta de segunda, mientras las empresas exportadoras vacían la de primera, esos duraznos grandes y jugosos que hoy no vemos en nuestras mesas porque grandes empresas agroexportadoras (adivine de quienes), las envían a las góndolas de supermercados europeos y norteamericanos, con millonarias utilidades. O preguntarnos por qué tenemos que comer tomates transgénicos porque los de verdad ahora no se encuentran.

Habría que preguntarse por qué la prensa y la TV que pertenece a la misma casta político-empresarial, no informan sobre nada y nos llenan de basura nuestros hogares, para mantener en la ignorancia a nuestro pueblo, a fin de que no se den cuenta como son saqueados, no solo materialmente, sino también en su espíritu, mediante realities en que se peralta la violencia, el sexo y la competencia antes que la solidaridad. Habría que preguntarse, cómo es qué en el diario de mayor circulación de nuestro país, la noticias sean en un 90% de farándula y un 10% de mala información.

¿Por qué, señores parlamentarios, ministros, secretaría general de la presidencia no podemos plebiscitar la materias que afectan nuestro modo de vida, en vez de hacer leyes a medias, en homosexualidad, marihuana, aborto? Seguramente será porque en esta y otras cuantas materias, son impuestas por los mismos grupos de poder que son los que manejan nuestro país entero.

Habría que saber por qué la ley es muy benigna para algunos y muy malvada para otros. Un joven murió quemado en la cárcel de San Miguel estando preso por vender CDs piratas, mientras los ejecutivos de farmacias coludidas o de grandes tiendas que han robado a sus deudores, son tratados “instituciones que funcionan”, en juicios eternos que terminan en nada.

Habría que saber por qué nuestras cárceles están llenas de jóvenes marginados de toda oportunidad y violentados desde su niñez, en sus derechos más elementales, porque han nacido condenados a ello, hacinados en poblaciones marginadas, desde donde reclutan trabajadores, enviando a la cárcel a los que sobran.

Habría que preguntarse por qué hay parlamentarios que venden sus servicios a los mismos dueños de todo, a cambio de protección jurídica para seguir robando el corazón de nuestros pueblos. Por qué los chilenos no tenemos leyes de revocación de mandato para los parlamentarios que nos traicionan después de las elecciones. Por qué, aun siendo sorprendidos en delitos penales pueden seguir ejerciendo sus puestos y sea necesario un trámite de desafuero, que será calculado con pinzas según convenga o no a sus mismos partidos.

Habría que preguntarse por qué en las elecciones, hay quienes ensucian a más no poder nuestras ciudades con colgajos y letreros, ocultando siempre los partidos a los que pertenecen, para que no se note que son los mismos que vienen hace ya 25 años haciendo como que existiera una democracia. Se trata, en definitiva, de una mafia institucional que ha secuestrado nuestro país.

Habría que preguntarse por qué nuestros pueblos originarios han sido despojados de sus tierras. O por qué Pucón y Caburga se asocian en realidad a villas de descanso de esas mismas élites políticas y financieras, mientras se persigue con rabiosa saña a los mapuches que reclaman sus tierras ancestrales para poder vivir en ellas. Se oculta que les fueron arrebatadas mediante la violencia.

En fin, hay demasiadas preguntas que responder, para aclarar si queremos que las cosas sean como son. Cuándo sepamos con claridad lo que no queremos, surgirán con fuerza todas aquellas aspiraciones que llevamos ocultas en nuestra frustración de gobiernos, que se realimentan a sí mismos mediante en un prostituido sistema de ayuda mutua de redes de poder político serviles al  poder financiero.

Debemos tener muy claro, que en Chile no gobierna el Estado, el que gobierna es un para-estado delincuencial, dominado por el poder del dinero acumulado mediante un sistema de drenaje diseñado por la Constitución que nos rige, desde la època de la dictadura militar. Ese para-estado, está conformado por los mismos a los que esa dictadura les  vendiò a vil precio nuestras empresas pùblicas, como si hubieran sido de ellos y no de todos los chilenos.

Tal vez con tantas preguntas, nos quede claro la necesidad de una Asamblea Constituyente, para que deje de ser algo abstracto y comprendamos que nuestra principal tragedia, la que viven los jubilados, los jóvenes, las mujeres y los trabajadores de nuestro país, se debe a una Constitución que no es nuestra, sino la de ellos .

Sería bueno saber que aquellos que no desean una Asamblea Constituyente, son los mismos que profitan de manera abierta y descarada, de todo lo que hemos venido comentando. Tiene que quedar claro quienes son ellos y quienes somos nosotros, los que queremos al ser humano como valor central y no sus negocios expoliadores de la vida.

Así que al parecer es necesario que todo esto se lleve a la mesa familiar, a la discusión pública o entre amigos, a los sindicatos, a la conversación ciudadana, así con reflexión en serio, estaríamos dando el primer paso para una Asamblea Constituyente, para terminar con este estado de corrupción general en el que vivimos.

El autor es vicepresidente del Partido Humanista.