fernandez vialTodo estaba dispuesto para que Alexis Sánchez y Neymar fueran las figuras del partido. Las selecciones de Chile y Brasil se enfrentaban en Londres por primera vez desde el dramático juego que disputaron en el Maracaná por el mundial. Pero esta vez los protagonistas no fueron las estrellas de ambos planteles, sino un desconocido penquista que se lanzó a la cancha del Emirates Stadium para acercarse a Claudio Bravo y pedirle un favor.

De nombre Gonzalo Tahiel, el invasor llevaba un lienzo en el que se leía “No matarán al Vial” y estaba decidido a sumar al capitán de la selección chilena a su cruzada. Ayúdame a interceder para que no desaparezca nuestro equipo, dijo el penquista, ayúdame en la campaña que muchos llevamos adelante para salvar al club. Bravo, nervioso, apenas le pudo devolver un “tranquilízate” cuando los guardias ya estaban sobre él para sacarlo de la cancha.

“Todo lo hice para llamar la atención por Arturo Fernández Vial, que la gente hablara del hecho y que sepan que somos miles los que queremos que el club siga con vida”, pudo explicar el hincha a los medios más tarde, y agregó: “No lo van a matar, aunque varios así lo quieran”.

Horas más tarde, el hashtag #NoMataránAlVial ya era tendencia en Twitter y Tahiel conseguía parte de su cometido.

Fernández Vial está a punto de desaparecer. Necesita 250 millones de pesos para saldar deudas y cumplir con lo mínimo para que la ANFP no lo desafilie. Con el equipo quebrado en dos, hinchas y dirigentes luchan para que los acepten en la segunda división profesional. El panorama es negro, pero los vialinos no desesperan. Por algo le llaman El Inmortal.

Por qué Fernández Vial

El 15 de abril de 1903, los obreros de la inglesa Pacific Steam Navigation Company se fueron a huelga en Valparaíso contra la extensión de sus jornadas de trabajo y por el aumento de sus sueldos. Las autoridades querían las actividades portuarias reiniciadas, así que le encargaron a Arturo Fernández Vial, entonces director de territorio marítimo, que tomara cartas en el asunto.

“Almirante, disponga usted de la inmediata dispersión de esa gente, aun poniendo en práctica los procedimientos más violentos”, le encargó el gobierno central. Pero Fernández Vial, sobreviviente del Combate Naval de Iquique y activo participante de sociedades de orientación mutualista y anarcosindicalista, se negó. En lugar de pasar a los obreros por las armas, se ofreció como mediador y garante de una negociación entre los trabajadores y la empresa. Pero los ingleses se opusieron y la huelga se extendió.

A los pocos días, a los obreros de la Pacific se les sumaron los estibadores de la Compañía Sudamericana de Vapores, los lancheros y los jornaleros de la aduana. El puerto estaba parado y los choques con la policía recrudecieron. Las escaramuzas continuaron por casi un mes y terminaron con alrededor de 100 obreros muertos a manos de la policía.

Los empresarios del puerto, sin embargo, cedieron al arbitraje. Fernández Vial viajó a Santiago y el 19 de mayo consiguió un acuerdo en gran medida favorable a los trabajadores y celebrado por sus sindicatos. Pocas semanas más tarde, sin embargo, el Almirante de la Armada Nacional Jorge Montt desplazó al héroe de Iquique de su cargo y lo relegó a Talcahuano, dejándolo a cargo de una mucho menos relevante división.

Pero lo acontecido en Valparaíso sorprendió a los obreros ferroviarios de Concepción, en su mayoría anarquistas, como también a los seguidores de su equipo, el Internacional Fútbol Club. Los ferroviarios recibieron al almirante como un héroe y, para homenajearlo en vida, rebautizaron a su club. Así nació, el 15 de junio de 1903, el Club de Fútbol Arturo Fernández Vial.

En adelante y hasta la actualidad, el equipo ferroviario de Concepción, el más popular de esa ciudad, llevaría el nombre de un anarquista tolstoiano, contrario a la violencia, activo opositor del alcoholismo (principal flagelo de la clase obrera entonces) y cultor del nudismo. Muy amigo de Gabriela Mistral, la poeta lo llamaba “el desombrerado”, porque aun siendo militar se negaba a usar gorro. Era el signo de una autoridad en la que no creía.

Los duros ‘60

En la primera mitad del siglo XX, el Fernández Vial fue un cuadro muy importante del sur. Hasta fines de los ’50 existió el campeonato Regional Sur, protagonizado entre otros por el Lota, el Schwager, el Lord Cochrane, el Galvarino y Rangers. Nada tenía que envidiarle al campeonato del centro. Hasta jugadores extranjeros fichaban por los clubes del sur. En el mundial de 1930, incluso, dos jugadores de la selección chilena eran del Vial.

En los años ’60 la cosa se puso más difícil para el equipo, cuenta el periodista Nibaldo Mosciatti, penquista sin remedio, hincha del Lota Schwager, pero admirador y conocedor como pocos del Fernández Vial. La década le dio la bienvenida a la afición vialina con un incendio que en 1961 comenzó en las maestranzas de Ferrocarriles y consumió la sede del club.

“Cuando se desarrollan más las comunicaciones hay toda una campaña para que las grandes ciudades tengan clubes únicos, formados por la fusión de clubes locales. Pero el Vial se negó a perder su identidad”, relata Mosciatti. Siendo uno de los más populares de la región y teniendo ya 60 años de historia, para el Vial nunca fue opción diluirse en el que asomada como el nuevo equipo principal de la ciudad: Deportes Concepción.

El Vial postuló en 1964 para entrar de manera independiente al fútbol profesional, pero su solicitud fue rechazada por la Asociación Central de Fútbol. Los dirigentes de entonces acusaron intervención para presionar por la fusión del Vial con otros equipos en el Deportes, sobre todo porque en la postulación no cumplía ningún papel el aspecto deportivo, prestándose para malas prácticas. Sobre el entonces nuevo equipo oficial penquista, el periodista de Bío Bío explica convencido: “fue muy promocionado por la sociedad empresarial penquista, en la que estaban los Fluxá, los Yaconi, toda esa gente ligada a la Democracia Cristiana. Yo siempre digo que ese es un club que se fundó en la oficina de un banco”.

El equipo de los ferroviarios mantuvo no sólo su nombre, sino también el carácter popular de sus inicios. “Feliciano San Martín, gran puntero derecho del Vial, jugó 15 años en el equipo y 12 fue capitán, le ofrecieron jugar en el fútbol profesional y no quiso, era chofer de Canal 5 cuando yo hice la práctica allí”, relata Mosciatti. El periodista se pasaba comentando los partidos con San Martín, que conocía la procedencia de todo el público: “me decía ‘ese gallo de allá, dirigente de los estibadores de Talcahuano; ese de allá, los del sindicato de la planta no sé cuánto; ese de allá es secretario de la federación de estudiantes y así con casi todo el mundo”.

Auge y caída

El Fernández Vial mantuvo su vocación disidente incluso en los momentos más duros. “La primera barra con expresión política en dictadura, a principios de los ’80, fue la del Vial”, asegura Mosciatti. Cuando arreciaba la represión política del régimen de Pinochet, el grito de la hinchada era “El Vial unido, jamás será vencido”. Se cantaba a todo pulmón y terminaba coronado por enfrenamientos a peñascazos con los pacos.

Aún así, recuerda Mosciatti, al mismo tiempo que “existía esa identidad fuerte, había un ambiente de familiaridad total: abuelas, niños, todos juntos”. Aunque en el amateurismo, o tal vez precisamente por eso, Fernández Vial se conservó como un espacio de encuentro y reconocimiento para la comunidad penquista, un verdadero club social.

Pero los ’80 son también -y paradójicamente- la mejor década del Vial futbolísticamente hablando. Después de casi 15 años en los que fue impedido por secretaría de acceder al profesionalismo, la creación de la Tercera Disivión constituyó una gran oportunidad para el club, porque el campeón pasaba directo al profesionalismo. Y lo supieron aprovechar. En 1981 Fernández Vial ascendió a segunda división y al año siguiente a primera.

Luego bajó y en 1985 volvió a subir, de la mano de Nelson Acosta, capitán y al mismo tiempo entrenador. En 1991 obtuvo su mejor rendimiento en primera división. Ese año, el Vial terminó quinto y clasificó a la pre-liguilla de la Copa Libertadores.

Hoy el club se encuentra dividido entre un club manejado por la dirigencia histórica y reconocido por la ANFP, pero con escaso apoyo de la hinchada y desafiliado por una deuda de más de 200 millones de pesos. Del otro lado, socios en rebeldía constituyeron el Nuevo Vial, con apoyo de la hinchada pero sin recursos ni reconocimiento de la ANFP.

A pesar de esta división y la negativa de la ANFP a revisar la desafiliación, la campaña #NoMataránAlVial sigue tomando fuerza. Unificó a la hinchada y convocó a destacadas personalidades del fútbol y la sociedad chilena en defensa del centenario club. Si quiere ser parte del fútbol profesional, el Vial tendrá que consituirse como sociedad anónima. Su historia es de supervivencia y, como gustan decir sus seguidores, de inmortalidad. Pero está por verse si su identidad y arraigo en la comunidad penquista podrán sobrevivir a los nuevos tiempos del fútbol.