Cucurella---Recuadro

Durante años he atendido en la consulta a muchas mujeres, de diferentes edades. Y semana tras semana pude constatar, con tristeza, la pobre y negativa relación que en general tenían con su vagina: demasiadas consideraban que era fea, la mayoría se la miraba en contadas ocasiones o lo había hecho pocas veces en la vida y algunas se la habían tocado sólo un par de veces con fines exploratorios o de placer. No significa esto que muchas no se masturbaran o no se acariciaran placenteramente, pero evidentemente no es lo mismo acariciar lo que se considera bello, que lo que aun siendo feo y con cierto rechazo proporciona placer.

Nadie discute ya que lo que consideramos feo o bonito es una construcción cultural, subcultural, familiar, de grupos de pertenencia, etc. algo aprendido que nos da una identidad, limitando y determinando a la vez nuestras percepciones de lo que llamamos realidad. Por lo tanto, la vagina es considerada fea por estas mujeres, porque aprendieron que eso es así. Lo aprendieron de una cultura patriarcal que las somete y determina, de una cultura machista, de sus carceleros de género, que son los que detentan el poder político, económico y también los dueños de la moral vía casta masculina sacerdotal. Que cruel una cultura que en el siglo XXI sigue condenando a la mitad de su población al riesgo de vivir una parte de su cuerpo con rechazo, una parte que no es cualquiera, como la fealdad del dedo pequeño del pie por ejemplo, sino que es esencial para una vida psicobiológica armónica.

Esta negación genital se expresa también en el lenguaje y el desconocimiento anatómico. Casi todas las mujeres utilizan la palabra “vagina” para referirse en realidad a la “vulva”, gran desconocida del lenguaje y considerada también una palabra fea. Y es significativo que la identidad de la vulva sea reemplazada por la de la vagina, que es el tracto por donde entra el pene y por donde nacen los hijos: el papel reproductor y de recipiente de la lujuria masculina que la moral y las iglesias cristianas dieron por siglos a la mujer se hace presente también en esto. Y es significativo también que aquello que el lenguaje oculta es lo que más placer da: es en la vulva, especialmente en ese portento de placer que es el clítoris, donde se encuentra la gran mayoría de los receptores nerviosos que hacen el trabajo; la vagina propiamente tal, es mucho menos inervada y lo es principalmente en su tercio externo.

Quedamos entonces en que si algo es feo o bonito por ahí, debemos decir que es la vulva, palabra voluptuosa, sensual, envolvente, vulva y no vagina. Pocas mujeres y menos hombres aún, saben que hemos de decir vulva para mencionar lo externo: monte de Venus, labios mayores y menores, prepucio del clítoris, clítoris y vestíbulo vulvar o vaginal. La vagina no es visible exteriormente.

Será necesario decir que la vulva puede ser consideraba una de las partes mas bellas del cuerpo humano? Que lo contrario es costumbre, cultura, ideología solapada, falta de libertad en la construcción de uno mismo y muchas veces rigidez de una identidad neurótica?(*)

Gravemente también sentenció Lutero que “si (las mujeres) se agotan y terminan muriendo a fuerza de embarazos, no importa, que para eso están”

Y lamentablemente, toda esta tremenda distorsión en el lenguaje no es sino la punta del iceberg de algo más dramático: el patriarcado criminal que el cristianismo y otras religiones de la era instalaron en el mundo. Culturas del sojuzgamiento femenino, de la represión sexual y del moralismo castrador. En épocas pre cristianas, el valor reproductivo de la mujer la situaba incluso por sobre el hombre como parte de los misterios divinizables de la naturaleza, se reconocía el derecho y la necesidad del placer en ellas, se les rendía homenaje y culto, se las respetaba, incluso a las prostitutas.

Pero la anulación del placer que comienza con el ensalzamiento de la virginidad de María, lapidó la suerte de las mujeres. En la Edad Media y también después, la iglesia impuso tantos días de abstinencia, prohibía tantos días la cópula entre marido y mujer que, sumándolos, sólo podían en total tener sexo cuatro a seis meses en todo el año. La mujer era considerada impura por naturaleza, el sexo y el placer eran pecados y si la iglesia lo toleraba fue inicialmente sólo para evitar que los hombres vivieran más lujuria fuera del matrimonio. Sólo después se estimuló el sexo reproductivo, para dar nuevos fieles a la Iglesia y a los estados a los cuales esta servía.

San Pablo y San Agustín enseñaban que el único sentido de que su Dios hubiera creado a las mujeres era para dar hijos al hombre. Y Martín Lutero decía que la mujer tenía “su rajita” para aliviar la necesidad sexual del hombre y que este no cometiera adulterio. Gravemente también sentenció Lutero que “si se agotan y terminan muriendo a fuerza de embarazos, no importa, que para eso están”.

Suena lejano esto, lo se, pero esta es aún hoy día la inspiración y el origen de la moral de la represión sexual y la discriminación de las mujeres, aquella que en aparente inocencia convierte a la vulva en vagina.

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(*) La naturaleza es pródiga en bellezas vaginales, perdón, vulvares: www.culturacolectiva.com/las-vaginas-mas-bellas-del-mundo/