Mauricio Munoz FloresEl peligroso eclecticismo que la CUT ha tenido frente al proyecto de reforma o “Agenda Laboral” que el Ejecutivo despachó al Congreso entre gallos y medianoche, finalizando el año 2014, ha permitido apreciar, en primer lugar, la incompetencia y relativa, e incluso a ratos limitada, autonomía de la Central, en tanto actor político llamado a representar a la clase trabajadora frente a otros actores como el gobierno, los empresarios y partidos políticos; y, en segundo lugar, ante las constantes “multi-definciones” que, como tales, derivaron en indefiniciones en torno a la propuesta de “modernizar las relaciones laborales” del Gobierno, la CUT ha dejado entrever las diferentes posturas que se debaten en su interior. Esto último no sería para nada un problema y, por el contrario, puede ser visto como una virtud de una organización democrática “viva” en cuyo interior convergen distintas posiciones políticas e ideológicas, cada una con sus énfasis y matices. Sin embargo, se transforma en un flanco débil para la Central toda vez que a la luz pública no sale una síntesis de las discusiones que, como tales, se deben dar en la interna y, más bien, lo que se ha exhibido, en los discursos que se ponen en forma y circulación por sus voceros, son justamente aquellas desavenencias que muestran a un actor fraccionado y con serias incongruencias y diferencias internas.

El zigzagueo entre la oligofrenia y la esquizofrenia que la CUT ha mostrado durante la administración de Bachelet, al parecer, por fin, comienza a terminar. Quizá los dirigentes, ahora sí, leyeron el proyecto de la Reforma frente al cual en un comienzo cerraron filas (¿“sir, yes sir”?) y, acto seguido, tuvieron una epifanía donde Clotario, mientras compartía un té con Luis Emilio, les revelaba lo nefasta de la “modernización” que propone el Ejecutivo (la “segunda modernización” si lo leemos con distancia histórica, entendiendo que la “primera modernización” fue la impuesta por el Plan Laboral de 1979). O tal vez la Central quiere marcar un alejamiento de aquellas instituciones desprestigiadas por la espuria, pero consabida, relación entre dinero y política expuesta durante estos últimos meses. O a lo mejor, las fracciones que dentro de la CUT tienen mayor claridad y autonomía política impusieron sus términos y, de paso, al mismo tiempo que se evita que continúe desarrollándose la atomización y fragmentación interna, comienza a re-posicionar a la Central como un actor con vocación unificadora, que representa los intereses de la clase trabajadora, reafirmando su carácter y, de paso, volviendo a convocar a aquellas organizaciones y trabajadores desencantados con el ethos que se había impuesto, el cual corroía el sustrato fundamental de la CUT, a saber: Representar los intereses generales de los trabajadores, promover su organización y unidad orgánica y coordinar su unidad de acción.

Sea como sea, de cualquier manera, lo importante es que la CUT ha dado un golpe de timón al entregar su “voto de respaldo” frente al llamado a una jornada de paralización y protesta convocada para el martes 21 de abril por la Confederación de Trabajadores del Cobre, la Unión Portuaria de Chile, la Federación de Trabajadores Forestales y el Sindicato Nacional de la Construcción, entre otras organizaciones; en respuesta a la amenaza de retroceso en los derechos colectivos que representa, en general, el proyecto de reforma laboral que se discute en el Parlamento.

Esta decisión o, tal vez, convergencia, marca un punto de inflexión en la inercia de condescendencia que ha caracterizado a la Central durante el último periodo. Pero no tan sólo eso. Además la pone en su lugar, puesto que con esto se coloca a disposición como ente aglutinador y articulador de la mayoría trabajadora, al distanciarse del Ejecutivo y, de paso, de la minoría empresarial, y al reconocer la disputa entre capital y trabajo que está presente en la discusión de la “Agenda Laboral”.

El movimiento sindical, debilitado por las diversas estrategias que el capital ha implementado durante los últimos cuarenta años, pero no en una crisis terminal como algunos lo han diagnosticado, se anota, en gestos y acciones como estas, una victoria, ya que con este tipo de decisiones se cimenta y proyecta la activación de un proceso de movilización ascendente, articulado por las principales organizaciones de trabajadores del país y respaldado por la CUT, enalteciéndola, pero sobretodo fortaleciendo a los trabajadores en tanto actores claves para la producción y el desarrollo de nuestro país.

Es de esperar que este giro no se convierta en una faramalla sino que, más bien, se constituya en la forma de operar que de aquí en más direccione el accionar de la Central en virtud de robustecer al sindicalismo nacional y con ello alcanzar o defender, según corresponda, los derechos individuales y colectivos de los trabajadores.

_____

Mauricio E. Muñoz Flores es Sociólogo, Magister en Sociología y Doctor (c) en Ciencia Social con Especialidad en Sociología por El Colegio de México