Es jugada la propuesta de esta película. Es cuadrada, no redonda ni circular, es cuadrada literalmente. Está situada en un futuro no muy lejano: cuando una polémica ley permite (en casos problemáticos) a las madres relegar el vínculo con sus hijos, dejándolos en manos del Estado.

La familia protagonista incluye a Steve, un adolescente con desorden hiperactivo y déficit de atención, agresivo pero muy sensible, y a Diane: su madre alcohólica, cesante y recién viuda,  quien debe hacerse cargo del adolescente luego de que el gracioso haya comenzado un incendio en el hogar de menores donde vivía. Esto es un drama, dulce y melancólico, pero muy duro.

La dulzura la otorga su vecina Kyla, es una mujer tímida al borde de la tartamudez, educadora de adolescentes alejada de sus labores y con un carisma muy especial les alegra la vida cuando brota entre ellos una intensa amistad. En sus películas anteriores, Dolan (quien apenas tiene 25 años) ha explorado su volátil y tormentosa relación como joven homosexual con su madre y constantemente se le asocia con la temática LGBT:  Mommy escapa de esos límites y en esta oportunidad la sexualidad tiene más que ver con el complejo de Edipo, canalizado en parte hacia la nueva amiga de la madre, y con una constante tensión.

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Dura casi dos horas y media y la mayor parte del metraje en la pantalla solo se ve una imagen cuadrada en el centro y apenas en un par de momentos fugaces la proyección crece y se ilumina a plenitud el rectángulo. Su director explicó que utilizó este recurso para potenciar la intensidad dramática de los intérpretes. Mommy es una cinta que carga con una tensión sexual casi permanente y es un viaje a través de la primera década de los dos mil, musicalmente con notables apariciones partiendo por Counting Crows, Dido, Oasis, pasando por Celine Dion y hasta Eiffel 65. Utiliza una marcada propuesta estética retro y lo mezcla con un lenguaje cinematográfico propio de los videoclips, pero cargado de un dramatismo casi teatral, Mommy explora el dolor del fracaso en términos económicos, familiares y emocionales, pero también el goce de una amistad que roza en lo sensual.

Este drama canadiense de Xavier Dolan se ganó el último premio del jurado en Cannes, cuenta la trivia que luego de la función aplaudieron por nueve minutos. A veces hay que ponerle color. Hay veces como ésta, que la propuesta tiene mucha luz y color, pero no por eso es menos dolorosa.