Las expectativas que generó el cambio de gabinete del pasado 12 de mayo fueron perdiendo vuelo al poco tiempo de conocerse los nombres de los nuevos integrantes del equipo presidencial.

Los ajustes realizados por Bachelet, acompañados de un gran aparataje mediático, terminaron por generar leves mejorías en la percepción de la ciudadanía respecto al conjunto de ministros. Sin embargo, la mandataria no logró de ninguna forma dar un giro significativo a la evaluación que la gente hace de su Gobierno. Esos “nuevos aires” nunca llegaron.

Según la encuesta Adimark, un 72% desaprueba la forma en que el gobierno de la Nueva Mayoría está desarrollando su labor.

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El estudio, que empezó a realizar su trabajo de campo un día después del cambio de gabinete, arrojó que “solamente 11 de los 23 ministros” obtuvieron un 40% o más de conocimiento”, umbral necesario para ser evaluados. De los 5 Secretarios de Estado que se integraron al gabinete por primera vez (Valdés, Díaz, Insunza, Ottone, Barraza), solamente Insunza (SEGPRES) y Díaz (SEGEGOB) lograron superar esa cifra.

La aprobación promedio de los ministros (solamente los 11 que superaron el 40%) subió un sólo punto desde abril, pasando del 48% al 49%. Esto significa que los efectos de la medida no se tradujeron en un alza positiva de importancia para el equipo ministerial.

El cambio de jefes de carteras ministeriales, como medida, recibió más evaluaciones positivas (48%) que negativas (33%). Sin embargo, un 61% consideró que los ajustes fueron “insuficientes”. 

Se revelaron además efectos positivos en algunos cambios de ministros. Burgos, por ejemplo, obtuvo en su primer mes de evaluación a cargo de la cartera de Interior un 54% de aprobación, versus el 42% de Peñailillo al momento de retirarse del equipo presidencial. A su vez, Marcelo Díaz presenta una mejor aprobación en su llegada a la vocería en comparación con Álvaro Elizalde, pero también una mucho menor desaprobación, del 33%, versus el 47% del ex vocero de Gobierno.

Por su parte, el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, es desaprobado por un 61% de la población, mientras disminuyó en dos puntos su índice de aprobación (32% a 30%). Esto, en medio de un clima de movilizaciones progresivas por parte de estudiantes secundarios y de educación superior, que exigen al Gobierno aumentar su incidencia en la construcción de la reforma educacional.

La nueva ministra del Trabajo, Ximena Rincón, presenta un 46% de desaprobación, versus un 43% de aprobación según el estudio. Su agenda será una de las más nutridas junto al nuevo ministro de Hacienda, de cara a la construcción de una compleja reforma laboral que todavía no encuentran consensos dentro del oficialismo. Además, las presiones del empresariado por frenar cambios se contraponen a la voz del mundo social, que exige al gobierno mayor profundización en su propuesta.