huelgaDurante los 90`s se edificó un entramado institucional económico y político que dio curso a una “cultura” que decretó por muerto cualquier forma de actividad política colectiva desde el mundo del trabajo. Aparecieron los discursos de “establishment” a favor de las minorías “éticas”, el mundo del “conocimiento” y la eterna promesa de una sociedad de consumo y emprendimiento que ya había superado el “otrora” discurso de confrontación. La clase obrera había muerto y con ella toda la carga de un siglo que no hizo más que cometer errores y que era mejor olvidar.

En este escenario, los efímeros campos teóricos resultantes vaticinaron, como suelen hacer, la bancarrota de las fuerzas sociales que imprimieron una orientación antagónica al victorioso campo de pensamiento conservador y neoliberal. Esto es, en términos simples, si se planteaba un modelo político más participativo se estaba en contra de la “democracia”, si se buscaba un modelo de desarrollo económico distinto al financiero, se estaba en contra del “desarrollo”.

En este sentido, los intereses de los trabajadores/as se procesaban desde la promesa del macro-crecimiento, el aumento de productos chatarra a bajo costo, el endeudamiento y la promoción de un ilusorio campo de empresarialización, que como muchos estudios ya han destacado, es más bien un proceso forzoso provocado por la reestructuración del mundo del trabajo y los despidos producidos por el cambio en la matriz productiva y la concentración monopólica del comercio. Esta situación, consagró una homogenización – proyecto e intereses comunes – del empresariado nacional, cuya consecuencia fue la destrucción del tejido social del mundo laboral previo al golpe militar y a la condena de un eterno peregrinar de fragmentación y apatía laboral. Sin embargo, para los/as trabajadores/as de chile la historia no acabó.

Hoy, es mucho más difundida la precariedad a la que la mayoría de la población chilena se ve sometida, de lo que era a comienzos del siglo XXI. Para que esto fuera un tema de mayor interés, los trabajadores/as debieron volver a organizarse.

CHtwVGWWUAINGblEsta reorganización del mundo laboral se ha dado principalmente desde tres procesos. (1) En el desarrollo de un movimiento sectorial de trabajadores/as “estratégicos de la economía” cuya organización ha ensayado formas de representación hacia la fuerza laboral subcontratada y alianzas intersectoriales. (2) En la organización de incipientes sindicatos en el área de servicios, principalmente supermercados, que abre la puerta a la mayor masa laboral en chile y a su vez a la más precarizada. (3) Y en la mantención del viejo entramado gremial de los antiguos sectores medios del sector público.

Tales procesos no están exentos de convivir con el viejo tejido laboral creado bajo los gobiernos de la concertación y las dificultades de un orden político y económico conscientemente en contra de la organización laboral. Por estas razones la lucha de los trabajadores/as chilenos es un combate absolutamente desigual, en donde el Empresariado reina con un marco jurídico a su pleno beneficio y un Estado cuyo único rol es dotar de legitimidad el accionar de este empresariado todo poderoso.

Con estas fuerzas en contra, los trabajadores/as chilenos han levantado procesos de organización que les han permitido dotarse de nuevas herramientas para poder protegerse, lo que dará como resultado, sin duda, el desarrollo de un nuevo sindicalismo o de nuevas formas de organización laboral.

La historia reciente de estas luchas tiene sus hitos en la muerte de Rodrigo Cisternas, trabajador forestal muerto en el desarrollo de la huelga por negociación colectiva, en la creación de la Unión Portuaria de Chile, en las huelgas y organización sindical de los mineros del cobre, en los alzamientos del sector pesquero artesanal, en la creación de sindicatos del comercio como es el caso de “Lider”, en la rebelión de las bases de los profesores/as, en las plataformas por la salud pública o en NO+AFP, por nombrar algunos.
Hoy, en Chile tenemos un trato muy claro respecto a los conflictos. Para los trabajadores/as en conflictos laborales legítimos se aplica “la ley de seguridad interior del Estado” y para el Empresariado corrupto se promueve una “agenda de probidad y transparencia”. Para desgracia del gobierno y el empresariado corrupto el “tic tac” ya comenzó a sonar.