VictorMunozTamayoPara muchos resultó indignante o gracioso escuchar a Hernán Larraín diciendo que él y la UDI no eran de derecha, o más precisamente, que no pertenecían a la “derecha tradicional”. No obstante, si uno se adentra en la historia de la UDI entiende que el planteamiento no es tan extraño para dicha militancia, pues efectivamente hay en la cultura política de este partido un esfuerzo constante por separarse de lo que han llamado “la vieja derecha”.

En sus inicios, una década antes de fundar la UDI, los miembros de la red política de facto que dirigió Jaime Guzmán para influir en la dictadura, no sólo afirmaban que no eran de derecha, sino que negaban ser políticos y hacer política. Para ellos, en aquel momento no correspondía hablar de disputas por la conducción del Estado, referirse a una derecha y un centro (la izquierda se consideraba nociva y sanamente prohibida), y el lema era apoyar al gobierno de Pinochet como expresión de patriotismo y unidad nacional. Todas las declaraciones y actos de apoyo al régimen en la segunda mitad de los años setenta giraban en torno a esta idea, al punto que la militancia del Frente Juvenil de Unidad Nacional (referente que organizó los actos de Chacarillas y que tuvo como líderes a Javier Leturia, Ignacio Astete, Juan Antonio Coloma y Andrés Chadwick) rechazaba la política y planteaba que la refundación institucional y económica del régimen no eran temas de la derecha, sino de Chile frente a sus enemigos, como dictaba una de sus proclamas: El Frente Juvenil no excluye a nadie. Se autoexcluyen de él aquellos jóvenes que persistan en preferir el concepto marxista de la lucha de clases, frente a la noción integradora de la Unidad Nacional, o que por cualquier causa se sustraigan voluntariamente de la defensa de Chile y de su régimen ante la conjura extranjera”. Recién cuando fundaron la UDI, en 1983, los hombres de la red de Guzmán asumieron públicamente que harían política y que su intencionalidad era formar un partido. Para entonces, exigieron que ya no se les llamase “gremialistas”, pues a su juicio lo gremial debía mantenerse como labor separada de la política, ellos serían gremialistas en los gremios y UDI en política. Al mismo tiempo, dejaron de satanizar a los políticos, pues dijeron que una nueva política emergería en el orden institucional de 1980, sería una buena política que dejaría atrás su rostro oscuro: la politiquería. Mantuvieron, sin embargo, la idea de que eran “independientes”, y pusieron esa palabra en la sigla que los definía: UDI. Esto lo explicaban como un intento por convocar a todos aquellos que no se sentían atraídos por los partidos políticos previos al golpe de Estado, es decir, a los jóvenes (que hacia 1973 no estaban en edad de participar políticamente) y a los independientes que habían rechazado las antiguas prácticas de los partidos. En esos primeros años de la UDI, su identidad, el “nosotros” militante, se forjaba señalando en “los otros derechistas” todos aquellos vicios opuestos a sus propias virtudes, de modo que la política de Jarpa y Allamand era representada como la derecha anquilosada (mientras la UDI sería lo nuevo, la fuerza creadora), clasista (mientras la UDI sí trabajaría con los pobladores, y en terreno) y aristocrática (mientras la UDI, cristianamente, sí se preocuparía por los pobres). Hacia 1987, sin embargo, debieron suspender sus hostilidades a aquella “otra derecha”, pues así lo exigió el breve experimento de tener en Renovación Nacional al partido único del sector. Esto no duró mucho, el quiebre definitivo del proyecto unitario los encauzó nuevamente en la senda de la diferenciación ante los herederos históricos de lo que consideraron la vieja derecha.

Frente a este contexto, valen dos preguntas. Primero, resolver si las declaraciones del senador son coherentes con el discurso histórico de la UDI. En segundo lugar, señalar si lo que indicó Larraín puede tener algún asidero para la generalidad de la sociedad en el contexto actual, es decir, si puede cobrar sentido para esa sociedad que mayoritariamente no milita en la UDI ni en otro partido. Sobre lo primero, me parece que a más de 30 años de la fundación de la UDI este partido ya ha dado señales fuertes de presentarse como parte de la derecha, cosa a la que se ha visto forzada, pues independiente de las imperfecciones de la presente democracia, no estamos en una dictadura que apele a la “unidad nacional sin política”, y tanto la derecha como la izquierda y el centro son categorías que permiten entender las disputas por conducir el Estado, en tanto nomenclatura de uso extendido y aceptado. Este aspecto ya lo advertía el propio Jaime Guzmán en 1990 en un registro que la Fundación Jaime Guzmán ha difundido bajo el título “Mensaje Político” y que cualquier usuario de internet puede conocer a través de youtube. Ahí Guzmán explica que si bien la categoría “derecha” tendría un contenido no esencial sino relacional, y que en su aplicación a la historia de Chile no representaría la novedad que a su juicio tendría la UDI, era un término que se ocupaba socialmente y ante el cual había que tener un posicionamiento, pues eludirlo podía generar confusión. Dice Guzmán:

“Si las clasificaciones de izquierda, centro y derecha fuese válida y significase algo de contenido real, yo me situó claramente en la derecha, y nada que en el centro derecha, no, en la derecha, con ideas bien claras, bien definidas. Qué ocurre, que desgraciadamente el término derecha es percibido por la opinión pública con un sentido distinto a lo que representan los principios o los ideales que nosotros entendemos por ideales de derecha. (…) Concedamos, ya por último, que la gente habla en todos los países de derechistas, centristas o izquierdistas, así habla la gente, entonces si uno va a un país extranjero y le preguntan: usted qué es lo que es, es derechista, centrista o es izquierdista, yo no vacilaría en decirle a la persona soy derechista, no se confunda, eso se explica en que en Inglaterra votaría por el Partido Conservador, en Alemania votaría por la Democracia Cristiana o por la Social Cristiana en Baviera, en EEUU votaría por los republicanos conservadores, etc. (…) Realmente no significa nada, pero en la vida a veces hay que asumir que hay denominaciones que se han extendido tanto que si uno las elude confunde más a la gente”.

Sobre la segunda inquietud, la relacionada a si las declaraciones de Larraín pueden tener asidero en la sociedad chilena actual, me parece que el senador cae en el error de hacer público un relato que tiene sentido para el discurso militante levantado por la generación fundadora de la UDI, pero no para la sociedad.

“Puede ser duro asumirlo, pero los líderes de la UDI deben entender que ya no son los jóvenes que empuñaron las antorchas de Chacarillas, no son la novedad, son el partido que defiende lo que hoy otros quieren cambiar”

Esto porque, aun cuando se puede conceder cierta descontextualización de sus frases en cuanto a que su deslinde fue fundamentalmente respecto a la “derecha tradicional” y no con respecto a “la derecha”, Larraín debe entender que no puede pretender que “derecha tradicional” signifique para la sociedad del presente lo mismo que significó para ellos como militancia UDI fundadora del partido en 1983. Es más que evidente que aquellos que se burlaron por twitter de las palabras de Larraín son personas para las cuales la derecha chilena no es el Partido Nacional, ni siquiera Jarpa, es más, el propio Guzmán no es un personaje que a los menores de treinta les resulta familiar como figura cotidiana de lo que han conocido como “la derecha”. Para la sociedad del presente la derecha tradicional es la UDI y RN, y para aquellos que conocen más de historia, la UDI representa la versión más pinochetista de la derecha, es decir, algo que justamente involucra seguir la tradición. Puede ser duro asumirlo, pero los líderes de la UDI deben entender que ya no son los jóvenes que empuñaron las antorchas de Chacarillas, no son la novedad, son el partido que defiende lo que hoy otros quieren cambiar, son la derecha que emergió hace 40 años, son la derecha tradicional del 2015, son la derecha de Larraín.

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Víctor Muñoz Tamayo es Historiador. Académico de la Universidad Católica Silva Henríquez.