Ayer,  se votó la idea de legislar sobre el proyecto de ley presentado por el gobierno de Michelle Bachelet, que busca la despenalización del aborto en tres causales estrictas: riesgo de vida de la madre, inviabilidad fetal y en caso de violación. Proyecto que, si bien, limita a 3 causales el ejercicio de derechos básicos de las mujeres respecto a su salud sexual y reproductiva, nos propone una base humanitaria, un límite ético elemental para las mujeres de este país. Frente a esta propuesta, ya conocimos las consideraciones de la DC que propone limitar aún más esta propuesta presentada por el gobierno, la que merece análisis.

Como psicólogas y psicoanalistas de casi 20 años de ejercicio y trabajo clínico con mujeres (ONG, Fundaciones, Maternidades públicas, Universidad), con experiencia en temáticas de género y como ciudadanas que creemos en el aborto sin causales y en un acuerdo-país que permita su legalización, tenemos la convicción de que la discusión de este proyecto debe darse en otros términos.

En esta columna, queremos plantear el porqué las indicaciones de la Democracia Cristiana nos parecen extremas y explicar por qué consideramos que la discusión debe llevarse a un nivel diferente.

El proyecto de Ley del gobierno plantea tres causales, bien delimitadas:
La primera causal permitiría interrumpir el embarazo cuando la mujer se encuentre en riesgo vital presente o futuro, 
La segunda causal es la relacionada con el embrión o feto, que padece alteraciones estructurales congénitas o genéticas incompatibles con la vida extrauterina

Tercera causal, cuando un embarazo sea producto de una violación, resguardo, como principio básico, el de la confidencialidad. Con respecto a la tercera causal, la presidenta planteó queno reconocer la posibilidad que ella decida en un espacio de discernimiento adecuado antes de 12 semanas de gestación, perpetúa la negación de su voluntad y el dolor que se inició con la voluntad“. Asimismo, si la niña es menor de 14 años, el límite se ampliará a las 18 semanas puesto que se debe considerar que las niñas y adolescentes muchas veces desconocen su estado”.

Como se ve, estas tres causales permiten a las niñas y a las mujeres decidir la continuación o no de un embarazo en una situación de irrefutable sufrimiento.

La DC, con sus observaciones, limita este proyecto en su máxima expresión. Respecto a la primera causal, la bancada plantea que, si bien esta es la propuesta que les genera menos dudas, no entienden la necesidad de legislarla si es algo que prima siempre en las maternidades del país. Sin embargo, aceptando su legislación en este proyecto, ponen en duda la palabra “futuro” dada su ambigüedad y la posibilidad de ser mal utilizada por los médicos tratantes. Pero, ¿qué implica eliminar la palabra “futuro”? Implica que solamente cuando la mujer corra riesgo de vida inminente, como un embarazo ectópico o un Hellp, podrá realizarse la interrupción del embarazo. Si una mujer padece un cáncer y debe realizarse un tratamiento con quimio y radio que daña incluso al feto, no estaría incorporada la posibilidad del aborto porque la muerte de la madre no sería inminente.

Respecto a la segunda causal, que busca despenalizar el aborto en casos de inviabilidad, los diputados DC consideran que deben modificarse los procedimientos para realizar el diagnóstico. Consideran que uno de los dos médicos que estipula en el proyecto para diagnosticar la inviabilidad debe ser un perinatólogo o “un comité de expertos”. Esto, para garantizar la inviabilidad extrauterina del feto ya que hay casos que habrían dado cuenta de sobrevida en alguno de estos casos. Uno de los problemas de esta indicación, es la poca dotación de médicos especializados en perinatología, residiendo, además, la gran mayoría en Santiago. Otra dificultad, aún más compleja es ¿Qué consideraremos sobrevida? ¿Un día? ¿Una semana? ¿Un mes? Preguntas que complejizan aún más la posibilidad de apelar a esta causal de manera pura.

Por último, la causal de violación, simplemente es una causal que la DC, ya nos advirtió, no aprobará. Esto, por las dudas que genera en la bancada. Dudas que refieren al número de semanas propuesto como límite para abortar y en la necesidad de incorporar la denuncia del agresor que en el proyecto original, está subyugada bajo el principio de confidencialidad. Argumentos tales como “No estoy dispuesto a que haya espacio para que se abuse (diputado Cornejo)”, “los primeros en aplaudir la aprobación de esta ley serán los violadores (Soledad Alvear)”, “Tiene que haber denuncia,  querella, condena, porque no se vaya a justificar un aborto si finalmente no haya violación (Diputado Ojeda)”, “No hay seres humanos descartables, ni aunque sean hijos de un incesto. Ahí hay que acompañar a la madre y no desproteger al hijo (Matías Walker)”, se han dejado oír, entre otros similares.

Tendríamos que decir muchas cosas sobre este punto para poder dar cuenta de la magnitud de la gravedad de que se cuestione, más allá, se rechace la aprobación de esta causal. Esto denota, entre otras cosas:

Desconocimiento profundo de la dinámica del incesto, del abuso sexual infantil y de la violencia sexual al interior de la pareja

Desconocimiento profundo sobre la estigmatización que sufre la mujer violada al interior de la sociedad y de sus círculos cercanos.

Desconocimiento del maltrato, lo prolongado del proceso judicial y de la dificultad de demostrar crímenes de violencia sexual en las que no hay daño físico de proporciones o denuncia inmediata.

Por último, estas aseveraciones ponen en duda, en forma y fondo, la palabra de la mujer. Entonces, ¿cuál es el mensaje a esas niñas (y niños, nos gustaría agregar) y mujeres? El mensaje es: siga manteniendo el círculo de la violencia y la impunidad, ya que nadie les va a creer. Eso, entre otras cosas, es de una irresponsabilidad que no se puede permitir.

Ahora bien. La discusión puesta en estos términos, nos enfrentará a una serie de debates, de ida y vuelta, que se centrarán en argumentar y contraargumentar estos puntos, desconociendo la temática de fondo y profunda que debemos dar como sociedad. Desde ahí nuestra postura y falta de entusiasmo.

Las tres causales propuestas por este gobierno dejan el límite del dolor de las mujeres expuesto a una ley externa que es la que, en definitiva, dice cuál es el límite de nuestro sufrimiento.

Peligro de vida para la madre, incompatibilidad del feto con la vida extrauterina, violación. Todos casos extremos que en la mayoría de los países del mundo se consideran como causales para abortar.  Son derechos humanos mínimos que se han discutido ampliamente.  Nosotros parecemos sentirnos un país muy especial.  Acá estamos llenos de personas que repiten como un mantra vacío esto de “¿y el derecho a la vida del que está por nacer?”

No hay que desconocer que el hecho de hacerse un aborto está atravesado por un gesto violento, psíquico y corporal, que ninguna mujer quisiera vivir. Una mujer que aborta lo hace porque no tiene otra salida.

¿Acaso tendremos que contar las historias de cada una de las mujeres que han tenido que cargar con abusos, violencias, abandonos, pobreza, depresiones, etc.? Qué decir de las mujeres que querían a sus hijos pero se ven enfrentadas a circunstancias que no les permiten cargar con el sufrimiento que implica un embarazo en condiciones adversas.  Hablamos de mujeres que tienen un feto con patologías extremas que, tal vez, los perinatólogos no puedan definir de modo absoluto que son patologías incompatibles con la vida pero que tienen secuelas, si es que viven, que no son posibles de afrontar para una mujer o familia.

Si una mujer tiene la necesidad y fortaleza de llevar a término un embarazo con un feto con patologías graves, nadie la obliga a abortar, pero esa debe ser una decisión personal tomada por ella, como sujeto pleno, con su propia historia y creencias.

Si una mujer tiene un embarazo de 8 semanas y le diagnostican un cáncer que requiere quimio y radio, ¿quiénes somos nosotros para definir que ella tiene que continuar con su embarazo quedándonos tranquilos con la idea de que no matamos al feto, sólo salvamos a la madre y si de eso deriva la muerte del feto, es otra cosa? ¿Por qué le tememos tanto a la decisión de interrumpir ese embarazo para que la madre haga su tratamiento tranquila y que no sienta que “fríe a su hijo” como lo dijo una paciente.

Si nos enfrentamos a una niña violada de 13 años, que ha sido vulnerada y agredida por esta sociedad, ¿cómo no ofrecerle el interrumpir un embarazo que sólo redobla la violencia si ella no quiere llevarlo a término?

¿Tendremos que exponer a estas niñas y mujeres al escrutinio público, como casos emblemáticos, para que nuestra sociedad pueda, no solo ponerse en el lugar de ellas, sino que dimensionar de la complejidad de lo que estamos hablando? No nos parece necesario. Esperamos que no tengamos que hacer del sufrimiento de las mujeres un documental que busque generar compasión. Porque las mujeres no buscamos compasión –aunque nuestra sociedad no nos tenga ni la más mínima consideración cuando se trata de vernos como cuerpos reproductores. Lo que buscamos es reconocimiento, dignidad y respeto. Lo que buscamos es que se nos restituya la capacidad de sujetos con autonomía para decidir de manera consciente sobre nuestros cuerpos, sobre el futuro de nuestras vidas y el futuro de los que nos rodean.