corbyn

Ocupa barba blanca y usualmente lleva un gorro que bien pudo llevar Lenin, Fidel Castro o Hugo Chávez. Defiende públicamente la figura de este último y del proceso bolivariano llevado en Venezuela en los últimos años.  Quiere combatir “los grotescos niveles de desigualdad” de su país. Apoya la nacionalización, o la renacionalización de las compañías energéticas. Cree que hay que subirle el impuesto a los ricos. Es contrario a las lógicas de las políticas neoliberales. Habla bien el español. Su segunda esposa fue una chilena con la que tuvo tres hijos y la actual es mexicana. Pareciera ser otro nuevo dirigente político latinoamericano. No. Está bastante lejos y bastante cerca de esto.

Tiene 66 años. Podría ser abuelo de Camila Vallejos, de Giorgio Jackson o de Gabriel Boric. Jeremy Corbyn es el nuevo líder del Partido Laborista Inglés, y con esto, el nuevo líder de oposición.

Están asustados. Están horripilados. La derecha y la socialdemocracia inglesa y europea. Y cómo no estarlo, si se trata de “una amenaza a la seguridad nacional”, dijo el primer ministro británico, James Cameron. La “amenaza” ha viajado a Grecia a compartir escenario con Alex Tsipras, el primer ministro griego, en momentos que todo Europa y el mundo se ilusionaba con su ejemplo. Simpatiza con el Podemos en España. Se opone al Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la UE. Rechaza que la OTAN bombardee el Estado Islámico y se niega a la renovación de los submarinos nucleares. Destaca la “enorme contribución” de los inmigrantes en su país y no está de acuerdo con instalar más policías en las fronteras. Critica a Merkel y a sus austeras políticas económicas.

Hace 32 años es diputado por el distrito londinense de Islington Norte y hace 100 días nadie, nadie imaginaba que podía ganar la elección del partido político más importante de su país. Dicen que lo pusieron ahí para ampliar el debate y con casi un 60% de los votos obtuvo una aplastante victoria en primera vuelta. Fue el único de los cuatro competidores que enérgicamente rechazó la posición pragmática y centrista de Blair quien, dicho sea de paso, nunca lo incluyó en ningún tipo de cargo gubernamental en sus casi 13 años en el poder. Votaron por él los jóvenes y los sindicatos, los que extrañaban un discurso contestatario y renovador, lo que se sintieron traicionados por un partido que se llama laborista pero que hace años le dio la espalda a los pobres.

Tampoco es para tanto. Corbyn no quiere separarse de la Unión Europea, sino permanecer en ella y mejorarla desde adentro. Tampoco tiene, en ninguno de los flancos posibles, mayoría para enfrentar grandes cambios. Hay una brecha enorme entre el Partido Laboral votante y el parlamentario. Diversas crónicas lo describen como un personaje entrañable e intachable, pero a sólo días de su triunfo ha recibido diversas señales: en adelante el camino no será fácil.

 Como sea, es una señal. Otra vez el mundo habla. Y habla esta vez uno de los países más conservadores de Europa. No es menor que el Reino Unido, que nunca ha creído en procesos revolucionarios ni convencido con ideas de izquierda o extrema derecha, instale a Corbyn como el líder de oposición. Corbyn, cercano a Latinoamérica, a Chile,  y aparentemente empático a los problemas y las demandas de nuestra región. Son señales claras, el mundo está hablando.