subcontrato

Introducción

En esta columna daremos cuenta de las características del trabajo subcontratado en tres universidades de la región metropolitana, empleando la información disponible a partir de tres estudios sobre condiciones laborales del personal subcontratado, realizados en el período 2014-2015 en tales casas de estudio (USACH, PUC, UCHILE). Además, caracterizaremos la emergencia de la subcontratación como eje de conflicto político al interior de cuatro universidades de Santiago durante el mismo período, utilizando para ello una serie entrevistas que este mismo autor ha realizado para el Grupo de Estudios Interdisciplinarios del Trabajo (GEIT), a diversas organizaciones estudiantiles articuladas contra la subcontratación en tales instituciones (USACH, PUC, UCHILE y UTEM).[1]

Dos son los factores que consideramos de importancia para introducir el debate sobre la subcontratación al interior de las universidades mencionadas. Primero, se trata de universidades que de acuerdo a diversos rankings, se ubican dentro de las de mayor prestigio en Chile, sin embargo, producen y reproducen paupérrimas condiciones laborales en su interior: en relación a esto es preciso abrir el debate. En segundo lugar, la realización de los estudios mencionados ha estado marcada por situaciones conflictivas entre la administración de tales casas de estudios y el estamento estudiantil organizado; resulta necesario relevar la dimensión política del asunto, examinar algunos rasgos comunes de tales situaciones y las posibles salidas que tales conflictos han encontrado.

¿Qué indica la evidencia empírica sobre el trabajo subcontratado en las universidades?

En primer lugar, es posible plantear que los estudios sobre condiciones laborales indican que en las universidades analizadas (USACH, PUC, UCHILE) se externalizan principalmente funciones de baja especialización: en muchos casos el personal subcontratado no ha terminado la educación escolar, ni cuenta con capacitaciones laborales en su lugar de trabajo. Esto hecha por tierra un argumento esgrimido por quienes defienden la subcontratación en las universidades: que ésta se practica debido a que se trata de actividades muy especializadas, que las universidades no tienen la capacidad de gestionar.

En segundo lugar, la información producida por estos estudios indica que en la subcontratación, lo que principalmente se externaliza son las responsabilidades en términos legales y económicos que implicaría una relación laboral directamente establecida por las casas de estudios. En tal sentido, el trabajo subcontratado se encuentra en una zona gris respecto a cualquier protección institucional lo que produce una alta precarización de las condiciones de empleo y trabajo: bajos sueldos, sobre carga laboral, maltrato psicológico, pésima infraestructura de camarines, baños y casinos, entrega de elementos de trabajo insuficientes, trato discriminatorio, prácticas anti sindicales y reproducción de las condiciones de vida en condiciones muy cercanas o por debajo de la línea de la pobreza.

Todo ello redunda en una fuerte división de la fuerza de trabajo al interior de las universidades, pues se crean trabajadores de primera  y de segunda categoría, condición en la cual los segundos están escasamente integrados a la comunidad universitaria. Utilizando el término propuesto por Fundación SOL, se asiste a un empleo altamente formalizado (con existencia de contratos escritos indefinidos, cotizaciones previsionales y de salud, etc.) pero al mismo tiempo altamente precarizante de las condiciones concretas de vida y de trabajo de las personas así contratadas.

En tercer lugar, la incertidumbre producida por este tipo de vínculo laboral – que hace posible una serie de prácticas anti-sindicales documentadas ampliamente– inviabiliza la organización colectiva de las y los trabajadores, quienes por lo general deben mantener a grupos familiares numerosos y no pueden arriesgar sus empleos, sin importar lo denigrantes que sean las condiciones de trabajo.

En cuarto lugar, el argumento que defiende la subcontratación – esgrimido de modo general por las autoridades universitarias – en tanto modo de aumentar la eficiencia en la gestión de las universidades, es completamente barrido por la evidencia que hemos considerado en esta reflexión. La subcontratación no ha sido ni más económica ni más eficiente, pues no posibilita un total desentendimiento por parte de la institución mandante en relación a la organización y supervisión del trabajo, lo que se expresa en la constatación de una doble subordinación que corre por fuera de la norma legal en la mayoría de los casos. Las universidades deben montar una organización paralela ad hoc que permita supervisar tanto el trabajo subcontratado como el cumplimiento de las obligaciones legales de las empresas subcontratistas.

En toda esta situación y como quinto punto, es preciso apuntar que la organización y lucha estudiantil han resultado ser factores clave en la búsqueda de una salida política al problema del subcontrato: la acción colectiva de los estudiantes ha logrado enfrentar los abusos de las empresas contratistas, asimismo, los estudios realizados gracias a la presión del estudiantado organizado resultan de crucial importancia para rebatir los argumentos de corte tecnocrático que defienden la práctica de la subcontratación al interior de las universidades.

Por otra parte, en tres de las cuatro instituciones consideradas (USACH, UCHILE, UTEM), las organizaciones estudiantiles han buscado construir una salida política con la comunidad universitaria que permita avanzar en procesos de internalización de personal. En este sentido cabe destacar la propuesta de internalización elaborada durante 2015 por la Comisión Subcontrato del Centro de Estudiantes de Ingeniería de la UCHILE, así como la propuesta de internalización que ha elaborado el GEIT, en conjunto con el equipo de Nivelación de Estudios y la Comisión Subcontrato del Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales UCHILE, también durante este año. Otra experiencia significativa resulta ser el trabajo de la Comisión Fin al Subcontrato en la UTEM, que ha logrado incidir de manera directa en los criterios de evaluación y selección de los concursos públicos que se harán con el objetivo de internalizar al personal actualmente subcontratado.

El trabajo como eje de disputa política. Reflexiones sobre gobierno y comunidad universitaria

La información disponible sobre el subcontrato en la USACH, la PUC, la UCHILE y UTEM deja muy mal parada la alternativa de la subcontratación. Al mismo tiempo, al relacionar este conflicto con la aspiración de un gobierno triestamental y democrático al interior de estas casas de estudio, se diagnostica que efectivamente la decisión de externalizar servicios mediante la subcontratación ha sido bien arbitraria y poco transparente: no existe ni ha existido participación de funcionarios, académicos o estudiantes en la decisión de externalizar servicios, o a la hora de diseñar las licitaciones y contratos que regulan las relaciones laborales con las empresas subcontratistas al interior de las universidades

Si se entiende democracia universitaria como la existencia de una comunidad deliberante y resolutiva al interior de las instituciones de educación superior, se llega a la paradoja de la existencia y reproducción de integrantes – trabajadores y trabajadoras – de segunda categoría para tal comunidad: inentendible lógica en universidades cuyas autoridades pregonan constantemente un “sentido público”. En este sentido resulta relevante considerar el trabajo como un eje de disputa política al interior de las universidades: es un ámbito más que debe ser democratizado; en tal medida debiera avanzarse en que sus condiciones sean acordadas triestamentalmente por toda la comunidad universitaria.

Creemos relevante anotar que en estos procesos de disputa política resulta necesario superar dos falsas dicotomías: la primera tiene que ver con disociar una posible mejora de condiciones de trabajo, respecto al fin de la subcontratación como sistema de relaciones laborales; en algunos espacios se plantea que lo central no sería la lucha por el fin al subcontrato sino la lucha por la mejora de las condiciones de trabajo. Ante ello, creemos que la evidencia empírica demuestra que el subcontrato trae en sí mismo una lógica de formalidad precarizante sobre el trabajo asalariado.

La segunda dicotomía dice relación con la forma de organizar la disputa política para terminar con la subcontratación al interior de las universidades. Existen perspectivas que plantean que no debiera ser el estudiantado (como “vanguardia”) quien deba encarar la disputa política, sino que debiera ser el mismo personal externalizado que, a través de la auto-organización, acabe con la subcontratación. Resulta ser una falsa dicotomía toda vez que la información disponible indica que el subcontrato precisamente imposibilita la organización colectiva de las y los trabajadores; por eso mismo debe ser la comunidad universitaria en su conjunto – no el estudiantado como vanguardia iluminada – quien acabe con la subcontratación. Ahora, al estudiantado le cabe un importante rol – debido a su capacidad de movilización – a la hora de dinamizar tales conflictos y apostar por abrir nuevos espacios de democracia al interior de nuestras universidades.

De todas formas el conflicto político está abierto, y dependerá de las fuerzas políticas de cada espacio local que la perversión de la subcontratación al interior de las universidades termine. La inclusión de la demanda por el fin al subcontrato en procesos recientes de movilización en diversos espacios universitarios[2], da cuenta de la centralidad del trabajo como eje de conflicto al interior de las universidades, toda vez que apunta a condiciones concretas de desigualdad que nuestras instituciones siguen reproduciendo, gracias a la hegemonía de un discurso neoliberal sin – hasta ahora – mayores contrapesos.

¡Arriba las y los que luchan!
¡Abajo el subcontrato!

[1] En concreto, se trata de cinco entrevistas realizadas por el autor de esta columna: El problema de la subcontratación en Beauchef, La Subcontratación en la UC: una problemática instaladaExplotación, ilegalidad y corrupción en la USACH: los caminos de la subcontratación en una “Universidad Pública”, El subcontrato como problema político al interior de la FACSO – Universidad de Chile y  La internalización como solución política al subcontrato: el caso de la UTEM.

[2] Destaca a este respecto la inclusión del término al subcontrato como punto del petitorio de las movilizaciones internas en la USACH, la UDP, la UTEM y la UCHILE durante 2015.