Miradas lascivas, piropos suaves y agresivos, silbidos, besos, bocinazos, jadeos, gestos obscenos, comentarios sexuales, fotografías o grabaciones no consentidas, tocaciones, persecución y arrinconamiento, masturbación y exhibicionismo conforman, según el Observatorio Contra el Acoso Sexual Callejero (OCAC), la lista de prácticas que, al cometerse por una persona desconocida, en un espacio público y generando molestia a la víctima, caracterizan este tipo de acoso.

A alguna de las situaciones anteriores se ha tenido que enfrentar el 24% de los hombres y el 68% de las mujeres de Chile según el estudio “Jóvenes y Acoso sexual Callejero, opiniones y experiencias sobre violencia de género en el espacio público”, realizado por el OCAC en colaboración con el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) –perteneciente al Ministerio de Desarrollo Social-. Ahí participaron 1.114 jóvenes, hombres y mujeres, de entre 15 y 19 años provenientes de distintos grupos socioeconómicos y de todas las regiones del país.

Más allá de la frecuencia con la que ocurren estos hechos, especialmente en el caso de las mujeres, los resultados entregan luces de un sistema cultural que naturaliza este tipo de prácticas.

Ejemplo de ello es que el 72% de los encuestados considera que los piropos, bocinazos o silbidos a una mujer son prácticas típicas de la cultura chilena. “Se tiende a culturizar procesos y pensar que son exclusivos de un país, cuando en realidad responden a un tipo de violencia que es global. Pensamos que eso es típico chileno, pero no es así; se recurre al mismo argumento en Colombia, Uruguay y Argentina. Eso tiene mucho que ver con la desinformación y la normalización al punto de pensar que es algo que debe ocurrir y que se legitima con tradición: como siempre fue así entonces por qué ahora va a ser violento”, explica María Francisca Valenzuela, presidenta del OCAC.

Otra estadística que habla de una visión cultural del acoso callejero, ligada a una mirada bastante machista del tema, es que el 34% de los consultados está de acuerdo con que, en general, las prácticas de acoso sexual callejero son incentivadas por la forma de vestir o comportarse de quien lo recibe. La opinión, entregada por hombres en su mayoría, no es nueva y se condice con situaciones en las que hombres acosadores recurren a la minifalda o al escote de la víctima para justificar su actuación.

Para Valenzuela, la cifra de quienes representan esta visión sigue siendo demasiado alta. “Corresponde a la misma lógica de la cultura de la violación: siempre poner la responsabilidad en la víctima. Al final los jóvenes lo que hacen es reflejar ese tipo de educación que le estamos entregando. Si bien es una nueva generación que cuestiona las cosas como están, hay que entender que el sistema de educación machista que reciben sigue siendo el mismo”, explica la presidenta del observatorio.

Si bien la mujer suele ser la víctima recurrente de este tipo de estructura social, el hombre no se queda fuera. El 43% de los encuestados en el estudio indicaron que un hombre que recibe ‘piropos’ de una mujer debería sentirse halagado. Por una parte esto respondería a la baja vulnerabilidad que sienten los hombres frente a las mujeres por un tema de fuerza física, lo que podría incidir en que se tomen ese tipo de prácticas con menos gravedad. Pero, ¿qué pasa cuando se sienten pasados a llevar? Ahí, dice María Francisca Valenzuela, es donde está el problema. “El hombre, en una cultura machista, no tiene derecho a sentirse agredido y ofendido sexualmente porque atentaría contra su masculinidad. El temor a ser agredido, a reconocerlo, es un tema bien machista y esta encuesta lo retrata directamente: como que él está obligado a sentir que es alabado con esto, no puede haber otra posibilidad”, dice Valenzuela.

A pesar de todo lo anterior, la mayoría de los jóvenes (79%) está de acuerdo con el proyecto de ley sobre acoso sexual callejero, lo que implica cierto grado de conciencia sobre la necesidad de un cambio social en este aspecto. La idea de realizar una ley se hizo más concreta a principios de este año, cuando un grupo de diputados compuesto por Camila Vallejo (PC), Karol Cariola (PC), Karla Rubilar (Amplitud), Gabriel Boric (Ind.), Giorgio Jackson (Ind.) y Marcela Sabat (RN) presentaron el proyecto de “Ley de Respeto Callejero”. La iniciativa busca sancionar el acoso sexual en la vía pública para que los transeúntes se sientan seguros y libres de transitar por los espacios públicos.

María Francisca Valenzuela considera que la aprobación de una ley de este tipo sería un gran avance, sin embargo está segura de que no servirá de mucho si no va de la mano con un fuerte cambio en el sistema educativo de Chile. “La ley es un soporte necesario, pero los enfoques preventivos son los fundamentales. Es fundamental concientizar, generar compromiso, instaurar un discurso público con este tipo de violencia y que el ministerio de educación se comprometa. Si no se hace ese trabajo, todas estas leyes siguen siendo infructuosas. Por algo siguen habiendo violaciones y femicidios; no se hace un trabajo real de responsabilidad en lo que atañe a la violencia de género”, concluye Valenzuela.