Los primeros resultados, con solo el 1% escrutado, marcaban la tendencia de un día que parecía imposible que llegara. El retorno de la derecha neoliberal a Argentina, después del descalabro económico, político y social de los 90 y que terminó con una sucesión de 5 presidentes en 2001, hacía parecer que el país trasandino no volvería por esa misma senda. Pero la tendencia de ese 1% escrutado nunca cambió.

Mauricio Macri, empresario convertido en político , se impuso en las elecciones presidenciales con el 51,40% de las preferencias.

El ex presidente de Boca Juniors supo entender y apropiarse del agotamiento tras 12 años de gobiernos kirchneristas. Su alianza, “Cambiemos”, entendió que debía jugar con las particularidades de la política trasandina. Así es cómo, de ser ese empresario-político que se opuso a la estatización de YPF, al matrimonio igualitario y que decía que Argentina debía pagarle a los buitres, pasó a representar la imagen de un cambio mejor para el país. Entendió que debía adecuar su discurso y aplaudir políticas como la Asignación Universal por Hijo, o decir que Aerolíneas Argentinas no volverá a ser privatizada. Incluso, inauguró una estatua de Perón en Buenos Aires.

Pero el giro “K” de Macri estuvo también acompañado de una acertada estrategia electoral. Para ganar, no bastaba con su bastión en la Ciudad de Buenos Aires, que ha gobernado los últimos 8 años. Entendió que necesitaba una estructura partidaria que llegara a todo el país y disputarle al peronismo el interior de Argentina. Y ahí fue clave su pacto con la Unión Cívica Radical, histórico partido representante del bipartidismo argentino, venido a menos después de que su último presidente, Fernando de la Rúa, terminara su mandato escapando vía helicóptero de la Casa Rosada en 2001. Gracias a la estructura del radicalismo, el mensaje macrista se volvió nacional. El primer reflejo fue el inédito triunfo de su ex vice jefa de gobierno, María Eugenia Vidal, por la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, poniéndole fin a 30 años de continuidad peronista.

Macri deberá gobernar no solo ante la presión de un congreso que sigue siendo en su mayoría kirchnerista, sino bajo la atenta mirada del resto de Latinoamérica. Su triunfo representa la primera derrota en las urnas de los gobiernos progresistas de la región, desde que Hugo Chávez triunfara en Venezuela en 1998.

El contexto latinoamericano

Hace dos semanas, se cumplieron 10 años del histórico rechazo al ALCA en Mar del Plata, cuando Hugo Chávez, Lula da Silva y Néstor Kirchner lideraron el rechazo al acuerdo de libre comercio promovido por Estados Unidos en la IV Cumbre de las Américas.

Tras esa histórica derrota del imperialismo norteamericano en la región, nacieron distintos que promovían la integración y autonomía latinoamericana, como el ALBA, Unasur y Celac. Sin embargo, estos han pasado a segundo plano tras la caída del precio de materias primas, que ha afectado las economías de la región y la principal fuente de recursos de los planes sociales contra la desigualdad de los gobiernos progresistas.

Actualmente, América Latina cuenta con dos grandes alianzas comerciales. Por un lado, los gobiernos neoliberales como Chile, Colombia, Perú y México se agrupan en la Alianza del Pacífico. Por otro, los progresistas –Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela- son parte del Mercosur.

El triunfo macrista cambia la conformación geopolítica dentro de la región. Aunque ha dicho que se mantendrán en el Mercosur, el nuevo presidente argentino ya anunció que denunciará a Venezuela a través de la cláusula democrática del organismo, apelando a violación de derechos humanos y existencia de presos políticos.

A nivel de bloques regionales, Macri está mucho más cerca de la Alianza del Pacífico que del Mercosur. Lo ha dejado claro en sus continuas alabanzas al modelo neoliberal chileno o con su cercanía al ex presidente colombiano Álvaro Uribe. Como parte de su campaña, llamó a recobrar confianzas con países grandes de Europa y con Estados Unidos como forma de impulsar nuevos acuerdos comerciales. El presidente electo argentino también ha mostrado su postura a favor de que Argentina le pague todo lo que les debe a los fondos buitres, en una clara oposición a la línea kirchnerista.

Su triunfo, además, da pie para que los otros exponentes de la derecha latinoamericana tomen fuerza en sus propios países, como Henrique Capriles de Venezuela, Aécio Neves de Brasil o Guillermo Lasso de Ecuador. Con su triunfo, las derechas latinoamericanas amenazan con recuperar sus espacios de poder perdidos desde hace más de 10 años.

La derecha chilena también está de fiesta

Chile no se abstuvo de opinar o tomar posición ante la segunda vuelta argentina. Varios parlamentarios de derecha celebraron el triunfo de Macri, como José Manuel Ossandón, Andrés Allamand y Ernesto Silva.

Su amigo Sebastián Piñera, con quien comparte una historia de negocios, fútbol y política, también se sumó a las felicitaciones.

Incluso Marco Enríquez Ominami, quien se encontraba en Argentina como observador internacional de las elecciones, felicitó al nuevo mandatario.