Jaime Barrientos es un destacado investigador y académico chileno en el campo de la violencia homofóbica, de quien este año Ediciones El Desconcierto publicó el libro “Violencia Homofóbica en América Latina y Chile”. Barrientos es psicólogo, con un doctorado en psicología social.

Cuéntanos el contexto inicial de “Violencia homofóbica en América Latina y Chile” ¿Cómo se origina este libro?

Diría que hay dos entradas diferentes: una que tiene que ver con la pretensión de aglutinar y reunir un conjunto de trabajos que no había publicado con otros que estaban a medio publicar. Tenía en la cabeza la idea de reunir todo para un público nacional. Al lado de eso había un doble movimiento. Un movimiento más académico, con la idea de discutir o debatir el tema de la violencia homofóbica, junto a otro, centrado en mi propia experiencia de vida. Entonces la idea fue reunir ese material previo asociándolo a diversos hitos y momentos de mi propia historia, desde la lógica de un investigador que trabaja en un tema determinado, desde una posición social determinada, a la que puede referirse contando parte de su vida, pero también al ir abriendo conceptos desde las investigaciones que ha ido realizando.

Recuerdo que en el lanzamiento hubo un momento particularmente emotivo cuando fue explícita esa vinculación de tu trabajo y tu historia de vida. Creo que la superación de ciertos niveles de discriminación homofóbica, en particular en el espacio académico en que te desenvuelves, es uno de los aspectos fundamentales del contexto que hace posible este libro.
Diría que hay dos momentos. Por un lado, el Chile actual, en el que encontramos que el prejuicio persiste pero ha disminuido respecto a épocas pasadas, donde tenemos un conjunto de regulaciones y reglamentaciones legales que favorecen que el ejercicio de la discriminación sea sancionado. Pero por otro lado está también el hecho de que uno es parte de eso, y por tanto también es parte del cambio. Es decir, en la medida en la que hoy estoy hablando de lo que hablo, supone que también viví ciertas experiencias en un momento histórico del país en el que vivir como homosexual era muy diferente a vivir como homosexual o lesbiana hoy. Entonces es un doble movimiento. Es un movimiento en el que por un lado, uno está hablando hoy sobre sobre cómo se ha transformado la sociedad, pero también por otro lado, como un sujeto que participa de esa sociedad, uno también ha ido cambiando. Entonces, aunque conservo muchas de aquellas características, ya no soy el mismo de antes. Muchas de esas aprehensiones y temores que viví en esa época, hoy he podido reelaborarlas, he podido recogerlas de mi vida y expresarlas de otra forma. Por tanto, ser capaz de hacer un ejercicio escritural que me permita hoy hablar sin dificultades, sin tapujos, sin problemas, sobre mi propia vida, pero también hacerlo desde una posición en la que siempre he intentado poner el acento, que no es la lógica del activista de organizaciones sociales, sino la del activista que desde la academia usa la investigación y la discusión que allí se realiza, para, justamente, combatir la discriminación, el prejuicio, el estigma.

Se podría decir entonces que para que este libro haya llegado a consumarse, fueron necesarias una serie de rupturas que te permitieron instalarte en el mundo académico en un momento en que ello no le era fácil a un homosexual. Más ampliamente, tengo la impresión de que buena parte de la literatura que se ha producido sobre el tema siempre encuentra en la cuestión autobiográfica un valor central.
Eso es fundamental. Si uno revisa lo que se ha producido respecto al tema en los últimos años, hay varias versiones tanto artísticas como académicas, no con el mismo formato ni con un mismo estilo, que justamente ponen el acento en la primera experiencia. Diría que es necesario porque se produce en un contexto en el que –sobretodo por el conjunto de transformaciones que se han ido viviendo post la ley antidiscriminación, con el debate del acuerdo unión civil, el tema del matrimonio y sobretodo el de la homoparentalidad–, se hace necesario rescatar y colocar en el centro el testimonio de las experiencias de discriminación pero también de aprendizaje de vida de las personas que se ubican en esta posición social.
En segundo lugar, la verdad es que para quienes han estado marcados por el estigma de la discriminación, es difícil no hablar sino desde esa posición. Diría que es el momento actual el que permite que ese tipo de producciones, y también las literarias y artísticas, que son fundamentales, den testimonio de que sí es posible vivir en una sociedad como esta.
Hoy se producen más. No es que no se produjeran antes de forma esporádica, pero bajo el actual contexto es más fácil pronunciarse en primera persona sin que recaiga sobre ti el estigma o la discriminación violenta.

/Foto: AgenciaUno

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Pareciera ser que eso permite también desestabilizar un poco las formas tradicionales en que se relacionaba lo individual y lo colectivo, así como lo público y lo privado. La cuestión homosexual aporta a superar aquellas dinámicas donde la colectivización siempre mortifica la individualidad, y viceversa.
Claro, y creo que por lo mismo, quienes me han antecedido lo han hecho en primera persona. Cada cual, diría, ha ido ubicándose y resolviendo las preguntas sobre cómo articular lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo, y en el momento que han resuelto esa tensión o han intentado resolverla, han dado un paso adelante y han dicho mira, esto es lo que soy, y esto es lo que viene. Pero también tengo la impresión de que parte del problema de enunciar en primera persona, así como el de la discriminación y el estigma, supone también poner en algún lugar la atención sobre la idea de que no es solo hablar en primera persona, que se habla en primera persona para demostrar por un lado que sí se puede, pero también como un testimonio de lucha, como un testimonio de activismo. Algunos se habrán atrevido antes, otros después y otros lo harán más adelante.
Quienes nos antecedieron hicieron esto mucho tiempo atrás, y jugaron un rol fundamental porque cambiaron la historia, contribuyeron a cambiar leyes, e inclusive, percepciones médicas, psicológicas, psiquiátricas. Quienes lo hemos ido haciendo con el paso del tiempo, lo hacemos desde otro tipo de percepciones. Creo que eso es un reflejo de que todo forma parte de una lucha que todavía no acaba. Yo tomé la decisión de no escribir en términos autobiográficos. Primero porque no me sentiría cómodo, y también porque creo que es difícil hablar en primera persona cuando todavía estoy con vida y espero tener un tiempo en el que ojalá llegue alguien y diga: ¡mira, esta fue esa vida, estas fueron las formas y así sucedieron estas cosas! Y finalmente escribí así porque me siento más cómodo usando otro tipo de conceptos y nociones.

En relación a lo mismo, ¿existe en nuestro país un caudal destacable de literatura sobre la discriminación y la violencia homofóbica que haya sido escrita por heterosexuales?
Sí, hay investigaciones de universitarios, sobre todo tesis de licenciatura y de maestría, donde estudiantes problematizan temas como la homoparentalidad, la identidad sexual o de género, etc., que son importantes para aumentar el conocimiento en el campo. Por cierto uno conoce más quizá la literatura que se produce desde una determinada posición porque quizá uno es más sensible a ello. Pero sí, claro que hay.

¿Te parece importante que crezca ese volumen?
Pero claro, pienso que no es necesario ser homosexual para escribir de ello, o ser heterosexual para hacerlo al revés. Creo que hay un conjunto de preguntas que uno puede hacerse desde cualquiera de los dos casos, que son interesantes y que también contribuyen a avanzar en la reflexión sobre estos temas.
Ahora quizá se juegan las cuestiones personales con mayor fuerza. Probablemente la vida que busca reconocimiento tiene un valor más importante, no me cabe ninguna duda. Es por eso que uno se la juega más o es más comprometido, pero sí, respecto a la pregunta sin duda se ha producido y es igual de importante.

Pareciera que cuando dejemos de hablar de la homosexualidad vamos a poder empezar a hablar de ella. Seguramente el caudal de obras crecerá cuando el mundo heterosexual tome también contacto con la homosexualidad de un modo más íntimo, más normal, más biográfico, como una realidad que no ocurre allá lejos. Eso ya ha comenzado, pero quizás tenemos que esperar algunos años todavía.
Diría que eso pasará cuando el tema se deje de ver como un problema. Cuando en el fondo no haya la pregunta de si uno puede o no criar a su hijo con su pareja del mismo sexo. Cuando eso deje de ser un problema para la sociedad, las preguntas serán otras.

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Volvamos al libro. Pensemos en una persona que ve un título como este y que tiene interés por conocer el libro, ¿qué le puedes contar de los contenidos libro?
En primer lugar, este libro tiene como objetivo situar el tema de la homofobia en los campos disciplinarios de la psicología, la psicología social, la sociología. En segundo lugar, otro tema importante de ese libro es que, sin ser un manual técnico, busca discutir un conjunto de nociones técnicas que se han debtido en las disciplinas respecto al tema, pero lo hace que con un lenguaje amable para un lector que no es experto, que no esta formado en estos temas.
Entonces, sirve como una suerte de lugar donde se reunen diversos aspectos que estaban separados en otro momento. Me refiero a la historia del concepto, a cómo el concepto de violencia homofóbica puede ser estudiado y medido, situándolo a la vez en el país, y mostrando como ha evolucionado nuestro país. Pero no vivimos solos, aunque estemos separados por la cordillera de Los Andes y por el mar, la idea también fue situar el tema en el contexto más grande de América Latina.

¿Cómo situarías el libro en la producción bibliográfica chilena sobre el tema?
Diría que este no es un libro único ni exclusivo. Lo que tiene de único y exclusivo es que reúne y sistematiza un conjunto de temas. Pero hay personas en el país que previamente y hace bastante tiempo ya, habían realizado estudios y publicaciones sobre el tema. Y al respecto, las investigaciones que se realizaron en su época en la FLACSO, con Gabriel Guajardo fueron pioneras en instalar un conjunto de discusiones. Yo diría que nadie podría escribir nada sin aludir a los trabajos que hizo Gabriel Guajardo. A continuación, están también las organizaciones sociales, y en particular el MOVILH, que ha hecho un trabajo de sistematización, particularmente a través de los informes anuales sobre derechos humanos que realizan desde hace tiempo. Diría que esa es una fuente fundamental, porque no hay trabajos de esa periodicidad en la región, de modo que es una fuente obligada de referencia para quienes trabajan este tema.
Por otro lado, en la academia se ha realizado bastante producción, pero de forma asistemática. En algunos contextos se pueden encontrar tesis de pregrado o de postgrado. Algunos de ellos circulan y luego son publicados en revistas y uno puede tener acceso a ellos, pero otros lamentablemente no circulan.
En tercer lugar está lo que para mí es un referente importante aunque este libro no se centre en eso: la literatura como una fuente de información a través de la ficción. Para mí ahí hay personas que son referentes: Pedro Lemebel sin duda alguna, y Juan Pablo Sutherland y son dos de mis referentes fundamentales, el primero por la calidad, por la brillantez de su pluma, de su escritura. Juan Pablo también porque además ha hecho un trabajo de recopilación a través de la literatura. En tercer lugar, para mí un autor que hay que considerar por el cariño que le tengo a sus textos es Jorge Marchant Lazcano, que recientemente publicó su última novela, hermosa. Hay muchos más, sin duda alguna ellos constituyen un referente importante, diríamos, en la literatura, que es anterior a lo que hemos escrito sobre el tema, y que también me parece han instalado un conjunto de miradas desde otro lugar.

Homofobia

Vamos a la problemática del libro, que fue publicado a comienzos de este año. ¿Cuál es tu percepción del estado de la violencia homofóbica en Chile? ¿Ves avances?
Se ha avanzado bastante desde comienzos de los 90 hasta hoy. Nos encontramos en un país que por un lado tiene un conjunto de dispositivos que permiten proteger de la discriminación, con una ley que no es muy buena pero que permite resguardar eso, junto a un conjunto de otros avances.

¿Te refieres a la ley Zamudio?
Sí, pero también la ley que regula a las uniones civiles entre las personas del mismo sexo. Entonces nos encontramos en un contexto que ha avanzado, aunque la percepción de estigma y discriminación sigue siendo intensa e importante por parte de gays, lesbianas, y personas trans.
En ese sentido, aunque desde el punto de vista legal se ha avanzado mucho, queda mucho por hacer. Se requiere mucho más. Evidentemente uno no puede meter todo en un mismo saco –me refiero a gays, trans y lesbianas– porque evidentemente todas y todos, por la posición social que ocupamos, probablemente percibimos situaciones muy diversas. En ese sentido, la trans, sin duda alguna, es una población en la que tenemos que poner atención porque el estigma y la discriminación sigue siendo persistente, con crímenes de odio en Chile y en América Latina.
Para ello se requiere que la sociedad y el Estado, avance mucho más en comprometerse en asumir este tema como un tema de Estado, y que sea transversal, haciendose cargo de cómo se traduce este tema en educación, en atención en salud, etc.
Se requiere más coraje político para avanzar. Las organizaciones sociales, que han trabajado y luchado por conseguir la ley antidiscriminación, han jugado un rol fundamental en ello, a veces mucho mayor que el de la clase política.

Dijiste hace un rato que la ley no era muy buena. ¿Cuál sería tu crítica?
Hoy día le decía a un abogado que, por ejemplo, cuando uno compra un producto y tiene problemas con él, puede alegar, hay dónde hacerlo. Aquí no sucede lo mismo. Existe una ley que permite sancionar la discriminación, pero no hay ningún orgnaismo que regule, que permita sancionar.

Porque la ley te remite entonces a la justicia ordinaria.
Claro. Y ahí lo que sucede es que la gente no denuncia. Lo otro es que los que trabajan estos temas desde el punto de vista legal, debaten mucho y critican la noción de discriminación arbitraria. Parece ser que esa noción es muy amplia y laxa, y la verdad es que a veces no permite su traducción en mecanismos que permitan sancionar y regular adecuadamente a quienes ejercen la discriminación.
Entonces, se hace difícil denunciar. En ese sentido, el Estado tiene que avanzar en ello, y no me cabe duda que la gente que maneja los temas legales avanzará en ello.

Hablabas de la diferencia entre la acción de la clase política y la acción de las organizaciones que promueven este tema, ¿cómo ves el mundo de la clase política desde esta perspectiva?
Muchas y muchos querían que fuera aprobada bajo un gobierno determinado una ley que regulase por ejemplo, el matrimonio igualitario, y que se avanzase en una ley de homoparentalidad e identidad de género.
Pero faltó voluntad política para tomar el toro por las astas y colocar el asunto como un tema de Estado. Los países que tienen experiencias diferentes, como Argentina y Uruguay, han hecho eso, los presidentes han hecho eso. España con Zapatero, por ejemplo. Nosotros teníamos expectativas de que eso se hiciese, pero no se hizo. El debate se diluyó en el parlamento. Creo es ahí donde falta convicción.

Sin el trabajo incansable, inagotable, persistente de las organizaciones sociales, probablemente esto hubiera sido muchísimo muchísimo más lento. Seguramente también sin el crimen de odio de Daniel Zamudio, la ley antidiscriminación hubiera salido más tarde. Estuvo desde 2005 y recién se aprobó en 2012. Fueron 7 años en tramitación. Entonces cuesta entender por qué países de la región como Argentina y Uruguay tienen legislaciones que son de las más avanzadas del mundo, y nosotros somos incapaces de aprobar el matrimonio igualitario o sentarnos a discutir el tema de la homoparentalidad.