Asistí al lanzamiento del Informe 2015 del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), en una ceremonia excesivamente sobria, corta y donde el cocktail pareció más importante que la situación de los Derechos Humanos en Chile. Esta fue la última entrega de Lorena Fríes, actual directora que deja su cargo a mediados de 2016, fin de un proceso que nos deja a las organizaciones de la sociedad civil en la incertidumbre, porque no sabemos si quien la suceda tendrá el mismo compromiso, desplante y sagacidad.

Lorena, lúcida para variar, expuso rápidamente y con palabras precisas la situación de los Derechos Humanos en Chile, en particular, en su felicitación a la Presidenta Bachelet: agradeció la inversión en infraestructura y recursos para el INDH, y luego de un aplauso cerrado a la mandataria, recordó que no es suficiente con comprar edificios y entregar recursos al organismo encargado de la vigilancia independiente de los DD. HH. en nuestro país: también es necesario un compromiso real con el cumplimiento de los Derechos Humanos.

Y eso me lleva al discurso de Michelle. La Presidenta es encantadora, cercana, amable; sí. Pero su discurso resonó en el auditorio como parte de la política histórica del Estado Chileno de repetir sus victorias y jamás comprometerse ni resolver temas pendientes en relación a los Derechos Humanos. Sí, existirá ahora una Subsecretaría de Derechos Humanos (que fue exigencia de organismos internacionales, no una iniciativa de buena fe de Bachelet o su antecesor); sí, se ha fortalecido el INDH y sí, estamos ad portas de un proceso constituyente (del que no hay ninguna certeza y en torno al que la Presidenta no ha tomado ninguna postura). El problema es que el discurso esconde muy astutamente los temas pendientes en la agenda: El gobierno insiste en tener una Ley de Identidad de Género a discreción de los jueces; el matrimonio igualitario se plantea para una fecha en la que de seguro quedará pendiente para el próximo gobierno; hoy en Chile Carabineros y Gendarmería son instituciones que practican coordinada y sistemáticamente la tortura; los relatos y archivos de la dictadura todavía son secretos; todavía existen cárceles especiales para torturadores y asesinos; todavía se maltrata y asesina a nuestros pueblos originarios impunemente; aún existe la justicia militar. Y la lista suma y sigue, y podría copiar y pegar acá el informe 2015 del INDH completo.

La Presidenta tiene en sus manos la solución para muchos de estos problemas, desde la violencia policial hasta las condiciones que viven los migrantes y la diversidad sexual. Como dijo la directora del Instituto, falta compromiso político. Resolver los problemas de DD. HH. en Chile pasa por tener la voluntad y la firmeza de querer resolverlos, pero las personas de confianza de Bachelet parecen pensar -e indicarnos- justo lo contrario: el Ministro Burgos viaja a la Araucanía a ponerse del lado de los terratenientes y a interponer demandas en contra del Pueblo Mapuche, encima defiende a los culpables de las lesiones de Rodrigo Avilés.

Si la solución pasa por voluntad de la Presidenta, y ella da un discurso en favor de los Derechos Humanos sin suscribir ningún compromiso, y en lugar de eso se palmotea a sí misma en la espalda, su discurso sobra, es un gasto inútil de tiempo de nuestra mandataria. Es un gasto inútil de tiempo para los que estábamos ahí, y en la situación actual, podríamos haber ocupado ese tiempo valioso en escuchar lo que la siempre franca y directa Lorena Fríes pudo habernos contado en su última evaluación anual.

 

 

 

 


Vocero ONG CES | MUMS - Movimiento por la Diversidad Sexual