Los efectos del sorprendente acuerdo logrado en el último minuto por las dos opciones independentistas en Cataluña -el transformismo de Artur Mas, capaz de irse pero quedarse al mismo tiempo, como una especie de Vladimir Putin a la catalana, y el harakiri incomprensible de la Candidatura de Unidad Popular- ha complicado y mucho el panorama en España, pero en el Principado tampoco se puede decir que las cosas vayan a resultar sencillas.

En las primeras horas, el contraste entre la euforia de los soberanistas y el desconcierto de los que no lo son ha sido brutal. Tras la rueda de prensa de Mas, en la tertulia de La Sexta, una exultante joven representante de Convergència repetía “es que nos vamos, es que nos vamos” [de España], mientras que el resto de los participantes se dividían entre los que querían razonar y entender lo que había pasado [Escolar, Maraña, Aroca] y los que amenazaban con las plagas de Egipto [Marhuenda, Inda] si el PSOE no acepta una coalición con el PP para “hacer frente a los que quieren romper España”.

No es fácil ver con nitidez entre la niebla que desde ayer rodea la Barcelona política. A la capital de Cataluña como, también, al resto del España política. Algunas cosas, aun así, si parecen claras. Veamos unas pinceladas.

1. Los políticos de Convergència tienen más horas de vuelo y de capacidad negociadora que la inmensa mayoría de sus colegas españoles. Frente a la rigidez de, por citar un nombre, Mariano Rajoy, Artur Mas es un contorsionista consumado. Ante la hipersensibilidad de los españoles que se ofenden por un simple adjetivo, los catalanes se han insultado, se han amenazado, se han jurado odio eterno, pero han continuado sentados en la silla hasta llegar a un acuerdo. Gustará más o menos, pero el resultado es el de una negociación política en la que, resulta evidente, ha habido un ganador que es Artur Mas; un perdedor que es la CUP y uno que no se sabe que es ERC, relegada al papel de subordinada de Convergència Democràtica. Mas ha sido capaz de sacarse un ojo para dejar ciegos los otros.

2. ¿Qué ha pasado con la CUP? Tardaremos algún tiempo en poder valorar realmente lo que han sido las últimas horas de la negociación y el porqué del salto en el vacío de la formación anti capitalista, anti burguesa, anti corrupción, anti euro, anti OTAN, etc. Después de tantas asambleas, de tantas votaciones, de tantos de insultos y amenazas recibidas desde Junts pel Sí, particularmente crueles con sus mujeres; después de tantas afirmaciones contundentes de lo que harían y de lo que no harían, la CUP se ha suicidado y, paralelamente, le ha hecho un inmenso favor al PP -y a Susana Díaz, Felipe González, el Grupo Prisa e tutti quanti-, que ya ha convocado a constituir un gobierno de amplia mayoría parlamentaria para defender España ante la sedición catalana.

3. Nos esperan semanas y meses difíciles, porque Mas -además de humillar y deshacer a la CUP- ha conseguido rediseñar la geometría del Parlament de Catalunya y ha obtenido un pacto que, en la práctica, ha incorporado a los diputados cupaires a su grupo parlamentario, el de JxS. A pesar de eso, los votos que obtuvieron las propuestas soberanistas continúan siendo los mismos, y no llegan más que al 48 por ciento. Eso no lo puede cambiar ni maquillar.

4. El acuerdo firmado presenta problemas de fondo y de forma. La rendición que la CUP ha firmado ha sido un puñetazo fortísimo en el hígado de muchos de quienes les votaron; esto en cuanto al fondo. En cuanto a la forma, el acuerdo firmado santifica nada más y nada menos que el transfuguismo, por el cual diputados elegidos en una lista y con un programa funcionarán como diputados de otro partido con el que compitieron electoralmente.

5. Todos los que desde dentro y desde fuera del Principado apoyamos el derecho a decidir de los ciudadanos de Cataluña nos hemos quedado casi sin espacio. Ante la incompetencia del gobierno central, el de Rajoy, aquello que llaman el Procés ha pasado por varias fases: de la épica a la comedia, de ésta al sainete y al esperpento. Con el acuerdo del sábado hemos entrado en el drama. Aun con la euforia [comprensible después de tres meses de angustia] de los soberanistas, no se puede esconder que hemos avanzado mucho hacia una polarización política peligrosa y preocupante.

6. Convergència no quería de ninguna forma tener que hacer nuevas elecciones, y ha decidido que su supervivencia como partido y su hegemonía en el terreno del soberanismo exigía actuar de la forma que lo ha hecho. Más difícil es entender que ERC y lo que quede de la CUP se lancen a la ruptura frontal con menos de la mitad de los votos. Como ha dicho Oriol Junqueras nunca ha habido una mayoría independentista en escaños [que no en votos, hay que insistir] en el Parlamento de Cataluña, y el miedo que les provoca que no vuelva a repetirse les ha aconsejado huir hacia adelante a toda velocidad. Tienen urgencia para revitalizar un proyecto de separación que ha sufrido una fuerte depresión desde el 27 de septiembre, y la designación de Carles Puigdemont como nuevo presidente de la Generalitat, un hombre de perfil independentista duro, es todo un indicador de por dónde pueden ir las cosas.

7. ¿Qué pasa en España mientras tanto? El tiempo reciente, el de la pasada legislatura, ha permitido visualizar la peor forma de vida parlamentaria: la mayoría absoluta del Partido Popular no sólo impidió la dinámica que es propia de un parlamento democrático, sino que lo convirtió en una caricatura. Estos déficits democráticos son elementos que tenemos que contemplar para entender qué ha pasado en las últimas elecciones del 20D. La distancia abismal entre los partidos mayoritarios, PP y PSOE, respecto de la ciudadanía explica no sólo la pérdida de presencia de estas dos organizaciones y la emergencia de dos nuevas [Podemos y Ciudadanos], sino la complejidad y la diversidad de coaliciones, partidos de ámbito regional y movimientos políticos y sociales que ahora cuentan con diputados que sentarán en la Cámara de la Carrera de San Jerónimo en Madrid. Estamos ante una situación desconocida, con muchas formaciones políticas representadas en la Cámara, y en un clima endemoniadamente polarizado que es el resultado de la política [y de la antipolítica] que el PP ha practicado durante los cuatro años negros de Rajoy.

8. La situación catalana hace que sean muchas las voces que piden un gobierno fuerte encabezado por el Partido Popular [con el PSOE y Ciudadanos] y, en principio, por Mariano Rajoy. Las presiones que está recibiendo Pedro Sánchez hoy hacen que las que recibía hasta ayer fueran una broma de niños. Las que va a recibir en adelante, él y su equipo, tanto de correligionarios como desde el PP y Ciudadanos, así como desde los poderes económicos y financieros y desde Berlín y Bruselas, van a ser atómicas. Aun así, tendría, tendrían que resistirlas. Si el PSOE da el gobierno a Rajoy desaparecerá como partido en la mayor parte de las Españas.

9. Ni Sánchez ni el PSOE pueden hacer como que las Mareas gallegas no existen, como que Compromís es asimilable a Podemos o que en Cataluña lo que representa Ada Colau puede ser obviado. Tampoco puede cerrar los ojos ante el hecho de que una amplísima mayoría de la población catalana ?ni mucho menos necesariamente independentista? quiere ser consultada en cuanto a la forma de la ensambladura con España. Precisamente en esos territorios periféricos [y también en Madrid y en el País Vasco] se ha producido un terremoto electoral devastador para los socialistas, y si creen que podrán superarlo ahogando la voz de los que han emergido con tanta fuerza no harán sino cavar más honda su tumba como partido.

10. El PSOE ya no es hegemónico en la izquierda española. Todavía es mayoritario -en cuanto a escaños, pero no en cuanto a votos- pero ha perdido completamente la ascendencia sobre la juventud y, además, es tercera, cuarta o quinta fuerza en los grandes cascos urbanos. Sólo los pactos con las fuerzas de cambio que -grosso modo- emparentamos con Podemos le permiten gobernar en varias regiones y le pueden permitir no convertirse en un partido irrelevante a medio plazo.

11. Ahora es cuando el PSOE tiene que demostrar que es el partido que sus dirigentes dicen que es. O lo demuestra o desaparecerá. Descartados los nacionalistas catalanes [ERC y Convergència], el PSOE podría conseguir el apoyo de 167 escaños [superando los 163 que pueden reunir el PP y Ciudadanos], si es capaz de pactar con Podemos [e incluir Compromís, En comú y las Mareas], la Unidad Popular de Garzón [dos escaños] y, muy especialmente, los seis diputados del Partido Nacionalista Vasco [un partido con el que el PSOE ha tenido muchos años de cooperación intensa].

12. De entrada, los componentes de ese pacto no tendrían que aceptar el lenguaje de la caverna y deberían preocuparse menos por las líneas rojas y más por las prioridades sociales, pero con realismo y estrategia de futuro. No se trata de ceder más o menos, sino de saber negociar con la fuerza que cada cual tiene y esto desde la premisa de no comerciar con los principios sino acordar la forma de aplicarlos conjuntamente. Todos los firmantes del pacto deberían tener la agenda clara. Tendrían que entender que hay objetivos a corto, a medio y a largo plazo. No todo lo que es necesario puede conseguirse para la semana próxima, que la paciencia es una gran virtud en política. Ahora es imprescindible revertir la creciente desigualdad propiciada por las políticas del PP, hay que generar alianzas con los países del sur en cuanto a la macroeconomía de la UE y hay que atender a la mejora de la convivencia interior.

13. En cuanto a ésta, el gobierno sustentado por ese pacto tendría que empezar a dar señales positivas de comprensión a todos aquellos ciudadanos de Cataluña que no aceptan el actual status quo, pero que sí desearían reubicar-se en una España distinta, plural, abierta y con una democracia de calidad.

14. Del mismo modo que el PP ha conseguido multiplicar por tres o por cuatro el número de independentistas catalanes en una sola legislatura, un gobierno de España dialogante y abierto a los cambios podría revertir esa situación hasta el punto de conseguir incrementar su apoyo en un futuro para poder realizar toda una reforma constitucional en profundidad, un nuevo pacto de convivencia para las próximas décadas.

15. De la capacidad de las fuerzas políticas mencionadas dependerá que la situación actual evolucione en un sentido o en otro. Que se avance hacia la España plural, las Españas, o que nos sumerjamos en una híper polarización política de consecuencias imprevisibles.


Joan del Alcàzar, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia

Académico del Departament d'Història Contemporània, Universitat de València