Durante las ceremonias fúnebres de Patricio Aylwin se le repartieron encendidos elogios. En efecto durante su mandato como presidente contribuyó de modo importante a la recuperación de la democracia, inaugurando la llamada Transición.

Durante ella debió enfrentar importantes conflictos con el Ejército y con la derecha. Se pueden señalar dos: el primero fue controlar los embates en contra de los intentos de investigar al hijo mayor del dictador. Aceptó que algunos de sus principales Ministros, entre ellos el Secretario General de Gobierno, negociaran con un alto oficial enviado por Pinochet; pero aguantó, sin importantes claudicaciones, los “ejercicios de enlace” y el “boinazo”.

El segundo conflicto significativo del gobierno indicado fue ocasionado por la creación de la Comisión de Verdad y Reconciliación, conocida como Comisión Rettig, la cual investigó las denuncias sobre detenidos asesinados y/o desaparecidos.

Pero para realizar un análisis más completo de Patricio Aylwin como político no se pueden silenciar otros aspectos. En este artículo se pretende hablar de esas dimensiones omitidas al calor de los homenajes.

El principal asunto tiene que ver con su papel durante el gobierno de la Unidad Popular. No se puede olvidar que fue presidente del Partido Demócrata Cristiano durante ese periodo y que su papel fue decisivo para el fracaso de las negociaciones con el gobierno. Para formarse una idea de este comportamiento basta leer la última carta que le fue enviada por Salvador Allende, instándolo a negociar una salida.

Además Patricio Aylwin no estuvo entre aquellos militantes de su partido, encabezados por Bernardo Leigthon y Renán Fuentealba, que guardaron distancia frente al golpe de Estado, inmediatamente después de su realización.

Sin embargo, hay que señalar que más tarde cambió de parecer. En las oportunidades que pude hablar con él me señaló que si hubiera sabido la naturaleza de la dictadura hubiera actuado de otra manera.

En todo caso, más allá de aquellas palabras, la expresión principal de su cambio se encuentra en su importante participación en la creación de la Concertación, una alianza de la Democracia Cristiana con sectores de la izquierda, en especial el Partido Socialista ya entonces unificado; al que había combatido y criticado durante el periodo de la Unidad Popular.

Pero su gobierno, el primero de la serie, establece lo que ha sido la Concertación. Es aquel que inicia la puesta en práctica de una lógica de continuidad, pero con un enfoque “gatopardista”. Se realizan cambios circunscritos que se esconden tras una retórica inflamada.

Además, no hay que olvidar, que él mismo caracterizó a su gobierno, usando como eslogan “en la medida de lo posible”. Esta expresión sería un lugar común sino fuera porque quiere significar la primacía del realismo y la critica a posturas ideológicas, una puesta en cuestión del pasado, principalmente aquel encarnado por la Unidad Popular: “nunca más ir más allá de lo posible”.

Inauguró una serie de gobiernos que hacen lo que pueden y lo parafrasean como lo único posible.

Quizás por eso se le homenajea, omitiendo cualquier crítica, lo que no es posible con ningún político.


Tomás Moulián

Sociólogo, Premio Nacional de Humanidades 2015. Docente Escuela de Sociología de la U. Academia de Humanismo Cristiano