El cuestionamiento, la duda y búsqueda de otras miradas sobre los símbolos de poder, se han instalado el último tiempo en Chile. La enseñanza por décadas de una historia oficial, desde y por los vencedores, con una mirada nimia y escuálida de los vencidos parece estar un tanto más frágil que en mis años de colegio. Una historiografía donde por ejemplo los pueblos originarios quedan a la vera del camino del historiador clásico y academicista, parece al menos ceder un tanto de terreno a una no oficial, excluida, pero que indaga en temas olvidados intencionadamente por la elite intelectual. En un país que trata con desidia y  latente distancia la historia y la lectura en particular, ella queda básicamente restringida y subordinada a personajes que dominaron sin contrapeso el discurso historiográfico en nuestras aulas. Encina, Frías Valenzuela, Villalobos, por nombrar  los más reconocidos. Algo pasó y sigue ocurriendo en Chile hace unos años, donde esta oficialidad instaurada e instalada como “la verdad” de nuestra historia empieza a mirarse al menos con suspicacia, en la indagación de otras vertientes que apunten a develar hechos que no eran útiles o apropiados de insertar en el discurso nacional y patriótico. La figura del héroe en el billete, en un monumento y sobre un pedestal como parte de nuestra historia, identidad y alma de chileno, parece resquebrajarse en el último lustro.

La fotografía “Ecuestre” del artista visual Andrés Durán (Santiago, 1974) enuncia algo de eso.  La desaparición del héroe a través de programas digitales con la intervención del monumento, simbolizan una pérdida gradual en la atención y credibilidad de nuestros próceres producto de la actual irrupción de una mirada distante a los íconos republicanos. Blanco y negro de la imagen, la espada y patas del caballo son los elementos que sobreviven al todo original. La bandera símbolo patrio por excelencia y una corona de flores acompañan los restos de una parte de la historia que parece desaparecer y desvanecerse ante la mirada de los espectadores. La pieza, es parte de la muestra “Monumento Editado” del año 2014, que Durán exhibió en las galerías Gabriela Mistral del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y Metales Pesados, ambas en Santiago. Dieciseís fotografías intervenidas de presidentes, militares, intelectuales y héroes son parte del conjunto de la obra.  Las estatuas de próceres como Diego Portales, Arturo Alessandri, Bernardo O´Higgins, José Miguel Carrera y Andrés Bello entre otros,  fueron objeto del trabajo de postproducción del artista.

¿Son sólo ellos los únicos héroes en la construcción de este país? ¿Merecen realmente llevar el título de próceres de la patria? ¿Desaparecen sus figuras en el ideario colectivo de este siglo? Son preguntas que la pintura,  la literatura y la fotografía por citar algunas artes, han empezado a plantearse y plantearnos desde la reflexión y el reparo. No sabemos si el arte instala esta nueva mirada o se hace cargo de una nueva forma de entender la realidad y nuestra historia. Con matices, ayudados unos más que otros del éxito mediático y publicitario televisivo, las “Historias Secretas de Chile” y “La Patria Insospechada” de los escritores Baradit y Lara Serrano respectivamente, también contribuyen a este momento de desordenar lo oficial y poner desde la literatura, debo señalar, hechos históricos tal vez de tono menor, pero obviados por alguna razón. Nuevas voces que al menos nos saquen en pleno siglo XXI de la rigidez de la mirada histórica y patriótica tradicional.

El mérito de estos escritores y de Durán desde las artes visuales por sobre todo,  es precisamente hacernos meditar sobre la construcción arquetípica de nuestra historia o tal vez debatir sobre la historia segmentada, seccionada e interesada de unos pocos, que difundieron y arraigaron monopólicamente en todo un país.  Como dijo el filósofo Castoriadis “Debemos cuestionar lo dado, esa es la función del saber”. Vale la pena intentarlo.


Profesor de Lenguaje y Comunicación. Profesor de Castellano UPLA