Hace dos años, el 21 de marzo de 2014, “Belén” llegó con dolores al hospital Avellaneda, ubicado en la provincia de San Miguel de Tucumán, en Argentina. Nunca más volvió a su casa. Tiene 27 años, pasó los últimos dos en prisión y le esperan otros ocho de condena por “homicidio doblemente agravado por el vínculo y alevosía”. 

En el hospital no solo no recibió atención digna, sino que su médico violó la confidencialidad médico-paciente y llamó a la policía para que la detengan. ¿Su crimen? Sufrir un aborto espontáneo.

Belén no es su nombre real, es el que se ha utilizado para proteger su identidad. Su caso fue desconocido durante los dos años que pasó en prisión a la espera del juicio. Recién este año, organizaciones feministas de Argentina se enteraron de su situación, le prestaron ayuda legal e iniciaron una campaña masiva por su liberación: #LibertadParaBelén.

Hoy no son solo los movimientos de mujeres los que le piden intervención al Estado. Amnistía Internacional juntó 120 mil firmas para su liberación y la ONU le pidió al gobierno de Mauricio Macri intervenir en el caso.

Lo llamativo no es solo que se le condene por un aborto espontáneo. Es que ni siquiera existen pruebas de aquello y el proceso está lleno de vacíos legales. La misma noche que Belén llegó a la guardia del hospital, se encontró un feto de 32 semanas en un baño, a 100 metros de donde fue atendida. Belén sufrió un aborto espontáneo esa noche, pero de un embarazo de 22 semanas según el informe médico. En ningún momento se hizo una prueba de ADN para probar que el feto encontrado era de ella.

El informe policial asegura que el feto fue encontrado a las 3 de la mañana. Belén ingresó al hospital a las 3:50.

Belén no solo sufrió la negligencia de la justicia tucumana, que hizo caso omiso a todos sus reclamos. Sus propios abogados nunca le creyeron. Le llegaron a decir que tenía que hacerse cargo de terminar un embarazo de 8 meses. Ella insistió que no sabía que estaba embarazada, presentó fotos sin panza, porque un embarazo de 8 meses es imposible de ocultar, mostró la ropa que uso esa noche limpia, sin la sangre del feto que dicen que tiró a la cañería. Nada de eso importó a la justicia tucumana.

Belén fue entrevistada por el diario Página 12 y su testimonio es demoledor: “Desperté a mi mamá a eso de las 3 y media, le dije que no me sentía bien, que me llevara al hospital. Ingreso a las 3.50 y no a las 3, como dicen. Me atendió la doctora de la guardia, me inyectó un calmante. No me revisó. De ahí me fui al baño. No tardé media hora como dicen. Fui y volví en 5 minutos. Me pusieron suero. Me acosté en una camilla. Tenía frío. Me dan una frazadita. A eso de las 6.30 me levanto. Creo que me hice pis, le dije a mi mamá. Estaba con sangre. Me llevan a la sala de parto. Me dice el doctor Martín que me quede tranquila, que estaba teniendo un aborto espontáneo. Y cuando me desperté estaba rodeada de policías. Un empleado de la policía, uniformado, me estaba mirando mis partes íntimas. Después vino un enfermero con una cajita que tenía una cosita negra chiquita. Y me dice, este es tu hijo. Yo le dije que estaba equivocado”.

En ese momento, Belén ya había sido denunciada a la Fiscalía. Días después fue trasladada al penal donde se encuentra hoy. Estuvo dos años con una defensa que poco y nada la ayudó. Eso hasta que apareció Soledad Deza, abogada de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Ella ha levantado el caso, ha presentado las irregularidades del proceso y, según Belén, “armó la revolución” con su historia.

La presión internacional ha puesto en jaque al gobierno y a la justicia. La Corte tucumana deberá decidir si anular el juicio en su contra en las próximas semanas. Pero su caso ha sido una demostración de la estigmatización contra las mujeres, que muchas veces tienen miedo de asistir al hospital por temor a que se las condene.

Un estudio revela que los casos como los de Belén se repiten por montones: más de 605 en los últimos 20 años. Todo esto en un país en que el aborto está permitido en las mismas tres causales que hoy debate Chile y que generan tanta polémica: violación, inviabilidad fetal y riesgo de vida para la mujer.

Los límites de las tres causales

En la Argentina, lo que hoy se está discutiendo en Chile está desde principios del siglo pasado, es algo elemental que solo en Chile y en algún otro país del mundo no se reconoce, como en caso de riesgo de vida de la madre, lo que es una barbaridad. Aún así la campaña por el derecho al aborto es una de las campañas más grandes que existe en Argentina, porque esta legislación es muy elemental y básica y abarca un número muy pequeño de casos. Lo que las mujeres reclamamos en la Argentina es el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, ligado a otros dos conceptos, que son la educación sexual y las posibilidades de acceder a distintas vías de anticoncepción”, cuenta la diputada por el Frente de Izquierda Myriam Bregman.

Desde 1921 que Argentina tiene la figura de “aborto no punible” para los casos que hoy discute el Parlamento chileno. Sin embargo, eso no es sinónimo del derecho al aborto, ni siquiera en esos casos. Recién en 2012 un fallo de la Corte Suprema determinó que no se necesita autorización judicial para proceder con un aborto en dichas causales. Antes, los médicos, por temor y desconocimiento, pedían intervención de la Justicia, lo que alargaba el proceso. Aún si se daba el visto bueno, el tiempo transcurrido impedía la interrupción del embarazo.

Fuera de las causales, el aborto sigue siendo penado por la ley. De ahí el temor de mujeres y médicos a realizarlo.

En 2007, el entonces ministro de Salud Ginés González García se mostró a favor de despenalizar el aborto. Incluso presentó un protocolo para realización de la interrupción dentro del marco legal, llamada “Guía Técnica para la Atención de los Abortos No Punibles”, que le presentaba a los médicos y médicas los procedimientos clínicos y quirúrgicos recomendados por la Organización Mundial de la Salud para realizar un aborto.

Sin embargo, el conservadurismo y el temor frente al tema terminan primando. González fue apartado del ministerio de Salud y fue nombrado embajador en Chile por Cristina Fernández, quien siempre se ha manifestado en contra al derecho al aborto. Un monseñor de Buenos Aires recomendó, mediante una cita evangélica, que al ministro había que “tirarlo al mar” y el entonces arzobispo Bergoglio -hoy papa Francisco I- llamó a “tener una mirada llena de compasión ante el paso prepotente e irrespetuoso de quiénes, como gurúes del pensamiento único, aun desde los despachos oficiales, nos quieren hacer claudicar en la defensa de la dignidad de la persona”.

Así es cómo una legislación bastante más progresista que la chilena termina limitando el derecho al aborto. Se estima que 500 mil mujeres sufren abortos clandestinos al año en Argentina, con temor a ser llevadas a prisión. “No es el sistema por el que nosotras peleamos, es muy engorrosa la aplicación. Hay casos de nenas de 12 años embarazadas… ¿qué es riesgo de la vida de la madre en ese caso?”, se pregunta Myriam Bregman.

“Nos encontramos con dificultades al momento de que los establecimientos hospitalarios realicen la práctica porque hay bastante resistencia de los profesionales médicos a practicarlo, aún cuando el aborto no punible, como se le llama, es legal”, cuenta la también diputada Carolina Gaillard, del kirchnerista Frente para la Victoria.

“Piensa que tenemos esa legislación desde 1921, pero recién un fallo en 2012 le dice a los médicos y al Estado mismo que esos abortos eran legales. Hay muchísimo desconocimiento de los médicos y médicas, mucho miedo y sectores que derechamente están en contra, sectores conservadores, religiosos que están en contra del derecho a decidir de las mujeres. Y súmale un sistema judicial cargado de misoginia y muy patriarcal”, asegura Celeste Mac Dougall, de la campaña por el Derecho al Aborto Libre.

Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir

Este año se presentó en la Cámara de Diputados de Argentina un proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, creado por la Campaña por el Derecho al Aborto Libre y que cuenta con la firma de más de 70 legisladores de los distintos bloques políticos. La iniciativa busca que se permita el aborto hasta las 14 semanas de gestación, de manera libre y gratuita en los hospitales públicos.

“La mujer no tiene que dar causa de por qué se quiere hacer un aborto. Es su decisión, su cuerpo, su derecho. Nos interesa el derecho a decidir de las mujeres y la garantía de que sea en un hospital público de manera gratuita y segura. Todas las mujeres abortan, pero son las mujeres pobres las que mueren.  La garantía de gratuidad es fundamental y por eso pedimos una ley en el Estado. Por eso no es solo despenalización, es legalización“, dice Celeste Mac Dougall.

El proyecto asegura que el derecho al aborto incluye no solo a mujeres, sino a todas las personas con capacidad de gestar. Es decir, incluye a varones trans, personas que nacieron con útero pero asumieron la identidad de varón. Además, no incluye objeción de conciencia por parte de los médicos, bajo el argumento de que un profesional de la salud pública debe estar familiarizado con el aborto o dedicarse a otra cosa.

El proyecto es culminación de años de movilización de organizaciones sociales, que se encuentran por ejemplo todos los años en el Encuentro Nacional de Mujeres. El año pasado en Mar del Plata, cerca de 40 mil mujeres asistieron. Además, Argentina ha liderado las masivas movilizaciones contra los femicidios, conocidas como el #NiUnaMenos, que han sido replicadas en Chile, Perú y distintos países de la región.

Sin embargo, esta es la sexta vez que se presenta el proyecto por el aborto libre. Esto porque caduca cada dos años, al no ser ni siquiera discutido en las comisiones producto de la falta de voluntad política de los legisladores. “A nivel sociedad hay que dar un debate, crear las condiciones y necesitamos la decisión politice de los legisladores que, en la fecha, serán responsables por omisión de las muertes que se producen por abortos clandestinos”, dice Carolina Gaillard. Como una de las patrocinadoras de la iniciativa y presidenta de la comisión de Salud, asegura que esta vez sí se discutirá el proyecto.

El fin de semana, el presidente argentino Mauricio Macri fue consultado por el caso de Belén por Terra México. Aquí la reproducción de preguntas y respuestas:

-Usted insiste mucho, desde la campaña, en la Argentina del siglo 21, sin embargo hay un tema pendiente desde el siglo pasado y es el tema del aborto. Hay un caso emblemático que ha movilizado incluso a organizaciones internacionales, el de Belén, la mujer tucumana que fue detenida y lleva dos años presa por haber sufrido un aborto espontáneo, ¿este tipo de casos no le hacen pensar en la necesidad de legalizar el aborto?

Es un tema muy delicado, a veces esos casos particulares lo llevan a uno a reflexión pero vuelvo a insistir que acá lo importante es defender la vida.

-¿Y la vida de las mujeres que mueren por abortos mal practicados?

Sí… claramente hay que defender la vida, traer a un niño a este mundo es una de las cosas más lindas que le puede pasar a una pareja, a una persona, es la expresión más linda de amor que hay, siempre me quedo del lado de la defensa de la vida, independientemente de que hay protocolos que hay que cumplir, pero creo realmente que ese valor es algo que tenemos que reconocer como central en la vida de todos nosotros.

-Entonces despenalización del aborto durante su gobierno no, ni pensarlo.

No.

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Para el próximo viernes 12 de agosto se convocaron movilizaciones en todas las plazas de Argentina para pedir #LibertadParaBelén.

Desde su entorno ven posible la nulidad del caso dada la repercusión mundial que ha obtenido. Esto se suma a que la semana pasada el minsitro Fiscal de Tucumán aseguró que la sentencia contra la joven no tiene fundamento.

Sin embargo, más allá de que si se logra su liberación, desde organizaciones sociales no confunden el reclamo por la libertad de Belén como uno por la libertad individual. “El caso de Belén compone un mensaje disciplinador para todas las mujeres. Belén somos todas”, aseguró su abogada Soledad Deza.