Debió tener vistas varias opciones de trabajo antes de decidir hacer las declaraciones que lo pusieron fuera de la ley. No deliberación significa que lo hecho por el Director del Cuerpo de Carabineros, amerita su destitución en menos de lo que canta un gallo.

A menos que no haya cojones para poner las cosas en su lugar y a ese funcionario público en situación de retiro.

Porque sus dichos son abiertamente deliberantes, que salen a cruzarse decididamente,  guapo entre los guapos, a lo que la presidenta dijera con ocasión de sus tibios descargos por la indolencia histórica respecto de los pensionados.

Carabineros hace rato que viene mandándose solo. Y las opiniones de oficiales criados en la ideología golpista y antipopular de sus academias, entregan sus opiniones fachas cuando dan las órdenes de apaleo inmisericorde contra todo lo que se mueva, incluyendo mujeres, niños y ancianos.

Cuando no, en el disparo aleve que ha cobrado numerosas víctimas fatales en plena democracia y con la vigencia de un Estado de derecho. Que más bien parece de derecha.

Mientras las autoridades civiles miran subordinadas y tembleques, cuando no con cierto regocijo, ese permanente atropello a los derechos humanos que ha sido incluso denunciado por organismo de las Naciones Unidas. Pero, a la presidenta y las autoridades apernadas en el Estado, esas voces les valen callampa.

Como si nada, el país derivó en prácticas policiales que eran el sello cotidiano del tirano. Y ya no es una novedad ver a destacamentos policiales que se mandan solos en el vil y ruin trabajo de castigar gentes.

Alguna vez campeará la democracia en este país. No se puede aceptar que una condición como la que vivimos sea eterna. Alguna vez la gente aburrida por el abuso, la segregación, la marginación y el despojo, deberá despertar y decir lo suyo.

Se ven algunas luces, pero no son aún suficientes.

Y cuando la gente diga su palabra y borre del mapa a los prepotentes y abusadores, entonces una de las principales medidas democráticas que se deberá tomar será disolver el Cuerpo de Carabineros y generar una policía que sí cumpla con los estándares que amerita un pueblo como el chileno.

No es posible que una persona se gane la vida castigando a sus semejantes. Por lo menos  no es posible en una persona normal.

No es posible que el Estado financie la vida de sujetos cuya misión en la vida sea castigar a diario a niños, jóvenes, mujeres, ancianos y a cambio recibir un sueldo a fin de mes y, luego de veinte años de labor castigadora, una pensión de lujo.

Algunas  acciones del Cuerpo de Carabineros, aquellas de la violencia y la brutalidad extrema, retrotraen a su vergonzoso cometido durante la tiranía.

Por entonces era explicable la necesidad del tirano de envilecer a algunos funcionarios policiales para reprimir de la manera más cruel a sus enemigos. Por eso fue posible, por  ejemplo, que funcionarios de Carabineros se ensañaran con tres personas, comunistas o no da lo mismo, al extremo de degollarlos de la manera más cobarde.

Pero hoy, en que aún no se restañan del todo esas memorias terribles, ni se ha logrado justicia en toda su magnitud, aceptar un Cuerpo de Carabineros en prácticas idénticamente similares, debilita el rastrojo de democracia en la que vivimos.

Y las declaraciones del Director debilitan esa democracia, la pone en entredicho, le da agüita a los que miran con desdén la función política, que debe ser si no toda, la mayoría de esos funcionarios a los que todos los chilenos les pagamos sus sueldos, lujos y materiales para el castigo.

Corresponde que las autoridades den una señal que imite la debida de quien está de verdad empoderado por la voluntad popular, única autoridad legítima. Y enviar un mensaje a todos los funcionarios policiales advirtiendo que conductas de esa naturaleza sediciosa no se van a aceptar y serán castigadas en virtud  de las leyes vigentes.

De no hacerlo, estarán dando pie a riesgos de impensados alcances.