La tarde de ayer, la Radio Santa María de Coyhaique filtró supuestos audios en los que la sobreviviente Nabila Rifo (28) exculparía al principal sospechoso del femicidio frustrado del que fue víctima el 14 de mayo en Coyhaique. A eso se sumó la filtración de un informe pericial del Servicio Médico Legal, en el que la mujer reiteraría la inocencia de su pareja, Mauricio Ortega. Los hechos causaron polémica tanto en redes sociales como en los programas televisivos, donde se debatió desde los alcances del proceso judicial hasta comentarios donde criticaba a Rifo por defender a Ortega. Para Svenka Arensburg, ex directora ejecutiva de la Corporación La Morada, doctora en Psicología Social, feminista e investigadora del sistema judicial, debemos ser cautelosos con estas revelaciones y tratarlas centrándolas en el resguardo de la víctima: Nabila. 

“Aquí hay distintos fenómenos cruzados“, señala la docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, los cuales en su análisis serían la alarma y sensibilidad pública que ha causado este femicidio frustrado, la falta de protección integral a las víctimas en el sistema judicial y una cultura que juzga a las víctimas en lugar de acompañarlas en un proceso restauratorio.

“Cuando ocurrieron los hechos, hubo un fenómeno de una alarma pública y mucha sensibilidad respecto a los femicidios en Chile, las personas reaccionamos rápidamente. Los medios de comunicación tienen que ver ya que ocupan mucha esto de la crónica roja. Eso es una primera cuestión: estamos en un terreno muy sensible, sobre todo al caso de Nabila”, previene Arensburg.

Un segundo elemento para la experta es la forma en que operan los medios de comunicación y el mundo jurídico respecto a dos puntos fundamentales: la confidencialidad y el resguardo de la intimidad de las partes involucradas. “Todos sabemos que mientras se está investigando no se sabe cuál es la “verdad jurídica”. Al contrario, a veces se estructura una hipótesis a partir de la cual se buscan las pruebas y a veces esa verdad jurídica no es la correcta. Es el peligro de hacer coincidir la búsqueda de una hipótesis con la verdad de los hechos. Esta filtración está en ese territorio: la disputa entre persecutores y defensores por hacer coincidir una hipótesis con los hechos”, puntualiza. 

El resguardo de las víctimas es primordial, “aunque eso signifique para un fiscal que su súper juicio esté en duda”

Esto, pese a que desde la reforma procesal penal que inició el año 2000, el resguardo de la víctima es un derecho fundamental en Chile. “Es más importante la protección de la víctima, que no involucra sólo protegerla del imputado y su familia, sino que proteger también su identidad e intimidad de, por ejemplo, los medios de comunicación. Aunque eso signifique para un fiscal que su súper juicio esté en duda”, apunta Svenka, quien ha investigado las políticas públicas de atención a víctimas de delitos. “El fiscal tiene la responsabilidad de velar tanto por la protección integral de la víctima como de su participación. A lo único que no está obligado el fiscal es a que su tesis de persecución penal no coincida con la de Nabila: puede tener la convicción de que lo que va a acusar no corresponda con los intereses de la víctima. Ese podría ser el caso aquí”.

Para la académica, hay un punto que es especialmente grave: “La filtración de testimonios, sobre todo aquellos que fueron entregados al Servicio Médico Legal, es una aberración absoluta, un hecho peligroso que lleva a cuestionar la probidad del SML. Los informes periciales no se pueden filtrar. Me parece muy grave y expresa el uso que se le está dando desde algunos actores judiciales a este caso”, previene Arensberg. La filtración también tuvo un efecto jurídico: hoy, en la audiencia de garantía en Coyhaique, además de ampliarse el plazo se decretó el secreto sumario de las investigación.

Consultada respecto al efecto y alcance a nivel social de la revelación de estos supuestos audios, donde se pueden leer comentarios en redes sociales como “se merece lo que lo pasó porque lo defiende”, la doctora Arensburg alerta sobre lo complejo del proceso que está viviendo Nabila. “Ella es una persona que ha sobrevivido a unos hechos brutales, y, después de una recuperación médica compleja, sostiene que el imputado no es el culpable. No sabemos si ella está desistiendo de ser testigo, de ser una víctima participante del juicio porque se identifica con su expareja y lo quiere defender dentro de lo que implica el fenómeno de la violencia, o efectivamente Ortega no es. Sólo ella sabe eso”, aclara. 

Planteándose la hipótesis de que la víctima no esté protegiendo a Ortega, sino que identificando a quien la agredió en mayo pasado, la psicóloga social señala que de todas formas el fiscal puede, en determinados delitos, continuar el proceso con independencia de la víctima: “será más difícil porque no la tendrá como testigo, y el proceso judicial será más difícil, pero si el Ministerio Público está seguro de que tiene pruebas contundentes lo hará”.

Las reacciones sociales de juicio a las víctimas de violencia

Arensburg es enfática en criticar a quienes han expresado juicios a Nabila Rifo por los audios que se le atribuyen. “Sería impresentable es que cualquiera de nosotros se sienta autorizado para juzgar a Nabila. Establecer desde lo ajeno si ella está mintiendo o no, es violentarla en su propio proceso”, explica. Pedagógicamente, la psicóloga señala que, bajo la hipótesis de que Ortega sí fue el agresor existe una dificultad conocida para los casos de violencia dentro de relaciones de pareja: “las mujeres que están en esas relaciones están involucradas afectiva e íntimamente con el agresor. Y respecto a esa persona hay una dependencia absoluta. Muchas veces aunque esté todo el sistema jurídico protegiéndolas ellas ven que nadie podrá oponérsele al agresor. Si esa es la situación hay que darle las condiciones para enfrentarlo y no violentarla diciéndole que miente”, declara.

¿Cuál sería el camino correcto desde una perspectiva de los derechos humanos de Nabila? Para la psicóloga “hay que trabajar respecto a cómo fortalecerla a ella, identificar las señales para huir, porque una persona sobreviviente a hechos tan graves tiene que trabajar la forma de reconocer lo que pasó. No porque otro, un abogado o un doctor,  le diga “fuiste agredida, violada, torturada” ella va a ser capaz de decírselo a la sociedad. El proceso es más complejo y ninguno de nosotros está autorizado para decirle a ella cuál es el momento de ese reconocimiento consigo misma, sino que hay que darle herramientas”.