Más de 1.300 personas asistieron al exitoso estreno de “Dominancia o la transgresión autorizada”, obra que busca rescatar la historia vinculada a la explanada del espacio de memoria ubicado en Quinta Normal, el cual fue centro de operaciones durante la dictadura. El espectáculo llega ahora al Teatro Regional del Maule, en el marco del proyecto “Colonia Dignidad, Memoria y Derechos Humanos”. En esta entrevista, el músico y director de la obra Andreas Bodenhofer reflexionó sobre sus motivaciones para plasmar estas historias en un montaje teatral.

 ¿Cómo nace “Dominancia” y cómo fue el proceso creativo tanto de la dramaturgia como de la instrumentación?

Siempre estaba presenta la idea de hacer algo sobre los derechos humanos, una obra que incorporara música y texto, porque lo hemos trabajado muchas veces con Verónica González que es la co-autora. Ella tuvo la idea de hacer algo sobre Colonia Dignidad, te estoy hablando de hace 4 años atrás.

¿Por qué Colonia Dignidad? ¿Por la afectación en diferentes ámbitos a los derechos humanos?

Claro, porque como microcosmo concentra múltiples atropellos a los derechos humanos, una especie de departamento piloto de la violación a los derechos humanos. Son tantos que todavía no conocemos todos los atropellos, hay toda una capa oscura que está por descubrirse. Desde tortura, desaparición, abuso sexual, esclavitud, fabricación de armas, el silencio de los demás que es muy importante, el silencio del Estado chileno y del Estado alemán que durante 50 años han mirado para el lado.

Colonia Dignidad se convirtió en un Estado dentro de otro, donde nadie puede entrar y donde se pueden cometer todas las maldades del mundo pero nadie tiene puestos los ojos ahí.

Estas características lo hacían atractivo. Pero al empezar a leer mucho sobre Colonia Dignidad surgió la idea de ampliarlo a otro microcosmo que es la DINA, como caso –también departamento piloto- del terrorismo de Estado. Además dentro de la DINA está el caso de Villa Grimaldi, entonces estaban esos dos mundos. Sobre Villa Grimaldi nos ayudó mucho el libro de Gabriel Salazar, ese fue el primer aspecto grueso en el cual estuvimos trabajando dos años y del cual notamos los paralelos de funcionamiento y también cómo cooperaban entre ellos.

Por decirlo de alguna forma, ¿de la “red de la maldad”?

De alguna manera, sí. Ahora la idea, siempre del comienzo fue nunca nombrar a Colonia Dignidad, ni a Villa Grimaldi, ni a Paul Schäfer, ni a Contreras, sino que tratar de buscar, más bien, el funcionamiento de ese tipo de atropellos.

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¿La matriz de este comportamiento?

Exactamente, encontrar la matriz. Cómo surge esto, cómo es posible que surja y cómo funciona, porque el otro trabajo artístico de mostrar tortura está un poco hecho y no nos interesaba, la verdad. Del punto de vista artístico nos interesaba mucho lo musical, desde siempre he encontrado que el folclore latifundista, la típica tonada pituca del campo chileno, se parece mucho a cierta música folclórica con pasado reaccionario del sur de Alemania. Entonces para mí, desde el punto de vista estético, también eran interesantes las similitudes, ponerlas en un mismo plano y compararlas.

Me dijiste que desde algunos años venían trabajando en obras en las que no sólo abordan la dramaturgia, sino que le han incorporado algunos elementos como la musicalización y las imágenes de fondo. ¿Cuál crees que es la diferencia o qué le agregan estos elementos a la obra en sí?

Lo que pasa es que este género de teatro musical, que no tiene nada que ver con el teatro musical tradicional, por eso le pusimos teatro musical contemporáneo; está hecho de tal manera que todos los textos que se utilizan o son testimonios de personas o son textos teóricos. Entonces la obra es muy conceptual y tratamos de montarla sin mucha emoción, sin que el público se identifique con un personaje, sino más bien que el público reflexione. Por eso no hay personajes, el “bueno” y el “malo”, todos hacen de buenos y malos para que el público no pueda identificarse con un personaje. Al no haber personajes en el escenario sino diferentes actores que hacen diferentes cosas, el espectador está obligado a reflexionar y a confrontarse consigo mismo. En cuanto a la música, es muy importante porque le da una cierta emoción y un cierto rigor al texto, porque hay textos que están entre diferentes músicas, es casi como una ópera hablada. La música juega un rol muy importante para darle ese carácter.

Respecto a lo que mencionaba de los personajes, la idea de no generar una identificación por parte del espectador: ¿No creen que representa la naturaleza humana del cambio, de que no se es ni inherentemente bueno o malo, si no que la situación podría gatillar cierto comportamiento ante un hecho?

De todas maneras. Esa ambigüedad que se encuentra mucho en Colonia Dignidad con los colonos que no son todos victimarios sino que también son víctimas. Los “malos” de la obra fueron montados de manera que sean súper simpáticos, por ejemplo el torturador dice: yo nunca torturé, y a mi se me olvidó, ¿por qué no todos se olvidan de ésto? ya pasó. Como si se lo dijera a sus nietos en familia, muy simpático.

En las reflexiones mencionan: “La necesidad de que aflore lo enterrado”. En un contexto como el chileno donde todavía existen pactos de silencio. ¿Cuál es la importancia de la obra en ese sentido?

La obra no aporta datos porque no es un ensayo ni es una investigación política, pero al tratar de mostrar cómo funcionan estos mundos está también mostrando como todavía siguen vigentes estos problemas ya que todavía hay muchas cosas que resolver y que eso no ha cambiado. Además hoy día hay nuevas formas de atropello a los derechos humanos, por eso también aprovechamos de hablar de los atropellos actuales, como es el caso de los mapuche y el terrorismo de Estado por parte del Estado chileno.

¿En la obra los incorporan?

La segunda pata trata de los derechos indígenas y de pueblos originarios, los derechos colectivos. Hay toda una parte de la obra que aparece una mujer que representa a los pueblos indígenas, que habla del sumak kawsay, buen vivir en aimara. Hay una escena que está inspirada en la Nicolasa Quintremán y otra que está inspirada en Ricardo Lagos. Lagos va a visitarla y la quiere convencer porque él está seguro que le quiere hacer un bien, entonces le habla del progreso y la productividad. Todas las maneras que tienen de entender el desarrollo y la productividad, el personaje es súper amable y no puede entender cómo la Nicolasa le dice no, que ella quiere su tierra y que su tierra no está para ser explotada, para ganar dinero. Están estás dos visiones de mundo que se enfrentan y provocan esta reflexión.

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Mencionan que Dominancia “se interroga sobre cuáles son las emociones básicas colectivas que desencadenan actos discriminatorios”. ¿Piensas que el miedo al otro es el motor de estas acciones o consideras que es otra emocionalidad o una mezcla de ellas?

Yo creo, como dice Hannah Arendt, que cuando uno deja de reflexionar como individuo, a pensar, a reflexionar, a hablar consigo mismo, uno se transforma en carne de cañón para cualquier populismo, sea una secta o sea una dictadura. La obra apunta mucho a la necesidad de una reflexión crítica, o sea si nosotros abandonamos la reflexión crítica y nos entregamos a cualquier ideología pero sin reflexión estamos fritos. En esa línea se habla mucho del sentirse nosotros que puede ser fatal. Pongamos el ejemplo de que uno va a un partido de fútbol y uno es de Colo-Colo, está bien sentirse parte en medio del estadio, es un sentido rico; pero si te entregas a ese mismo sentido sin una reflexión y alguien está diciendo “los peruanos son unos indios ignorantes” esa falta de reflexión te puede llevar a pensar que los colombianos son los que te quitan el trabajo en Antofagasta o que las mujeres les quitan los maridos. Siempre estamos al borde de que se desencadenen discriminaciones, racismos y xenofobia.

Para ustedes “Dominancia es un caleidoscopio que relaciona el tiempo y el espacio, acontecimientos diversos que tiene que ver con la fragilidad del respeto entre los seres humanos”. ¿La propuesta pretende dar a entender que acciones en esta materia se pueden volver a repetir si no hay una reflexión, que es un terreno fértil?

La capa que nos protege, la capa de democracia o de respeto relativo a los derechos humanos, toda esa capa es tremendamente frágil y se puede resquebrajar en cualquier momento y se resquebraja todos los días. El problema es que no necesariamente va a volver a pasar, a repetirse como un golpe de Estado con las características del ’73, pero todos los días están sucediendo estos atropellos, lo que le llamamos al otro lado de la línea abismal, lo que no nos interesa mirar. En La Araucanía están todos los días pasando cosas, violaciones, así como en las cárceles y en las calles cuando toman a un lanza y empiezan a lincharlo; estamos permitiendo que sucedan estas cosas. La situación es muy frágil y justamente por eso es muy importante la reflexión, porque nosotros también nos encontramos siendo discriminadores, prejuiciosos, entonces la necesidad de estar demasiado alerta es muy importante.

Hace poco se estrenó “Colonia”, película que no fue considerada en las carteleras de los cines comerciales. Es muy diferente a la obra porque es una ficción y por el tipo de producción, pero en el fondo va a lo mismo, al rescate de la memoria. ¿Cuál es la importancia de este tipo de trabajos?

Creo que cualquier tipo de manifestación artística, sea más o menos comercial o apunte a distintas cosas, va a ser siempre tremendamente necesaria para informar, primero, sobre lo que ha sucedido; y para producir un debate y sacarlo a la luz. Cualquier forma es importante, una canción, una película o una obra, todo contribuye desde diferentes puntos de vista. Puede estar más o menos de acuerdo, pero el hecho de que se hable sobre eso y que la gente lo vea ya tiene en si mismo un valor.

Si tuvieras que hacer una invitación, a cualquier persona, a ver la obra, ¿cuál sería?

Yo creo que en el arte es importante que tenga una calidad artística, entonces yo le diría que “lo vas a pasar bien, lo vas a pasar muy bien porque es muy entretenida, porque hay música, canto, texto, imágenes. Destacaría sobre todo el lado estético del espectáculo y que en sí mismo es entretenido, además de emocionarte. Mucha gente que la ha visto se emocionó hasta las lágrimas, y lo de la reflexión se lo diría en último lugar, aunque para mí es lo más importante, pero para entusiasmarla le diría que es un espectáculo muy vivo que se pasa volando y que se va a divertir.

Hay una premisa artística que dice que si el arte no es sanador no es arte. ¿Consideras que la obra está dentro de esa categoría?

Yo creo que sí, porque en los comentarios que he recibido mucha gente me ha dicho que es tremendamente sanadora. Para uno como coautor, con eso, ya te das por pagado, que algunas personas te digan que para ellos fue muy importante y que se emocionaron, es maravilloso.

Además de las presentaciones en el marco del proyecto “Colonia Dignidad, Memoria y Derechos Humanos”, ¿tienen otro calendario de presentaciones de la obra?

En noviembre vamos a estar en el Estadio Nacional, un lugar muy emblemático, queremos presentar la obra al aire libre. Además estamos viendo si se puede hacer una temporada en un teatro de Santiago el próximo año. Nos gustaría también poder mostrarla en Alemania, donde el problema de la Colonia Dignidad tampoco está cerrado, siempre hemos pensado que esta obra sería increíble poder darla allá.

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