“Por todas aquellas que dieron su vida, su cuerpo, su voz, su historia a este país, con risas, llantos y emoción; por todas aquellas que hicieron de este arte su lugar para cambiar el mundo. Para todas las que merecen un aplauso a través del tiempo”, escribió la actriz Catherine Mazoyer en la introducción de su libro “Memoria Emotiva: Actrices Chilenas”, lanzado por la editorial Ocho Libros y que tuvo su estreno hace una semana en la duodécima versión de “Santiago Festival Internacional de Cine” (Sanfic).

La inspiración de Catherine para rendir este homenaje a ochenta actrices nacionales vino por parte de su propia familia. Su padre John Mazoyer, quien fuera prisionero de la Segunda Guerra Mundial, solía debatir con ella respecto a la importancia de la memoria, diciéndole que era “una pérdida de tiempo”. Además de este debate sobre la memoria, Mazoyer le dijo a su hija que nunca dejara de escribir.

Por el otro lado familiar, Catherine veía el desconocimiento que había de parte de las nuevas generaciones sobre el trabajo de su madre, la destacada actriz Sonia Mena, que ya desde el ’65 era toda una revelación interpretando el papel de Chepa en La Remolienda, dirigida por su amigo Víctor Jara.

“Como ella había muchas otras, mucha gente que había dejado un legado tan importante en el cine y el teatro y que las nuevas generaciones no conocían, ni siquiera la gente de teatro”, dice Catherine Mazoyer, que con todos esos elementos iniciaría un trabajo de ocho años para realizar el libro.

Foto en Sanfic, por Alejandra Mora

Foto en Sanfic, por Alejandra Mora

Para tal fin, elaboró una lista de ochenta actrices según tres criterios: que fuera premiada nacional o internacionalmente por cine o teatro, que llevara más de treinta años de trayectoria vigente en cine o teatro o que haya marcado una época con su trabajo.

Un nombre, una foto con algún significado especial y un texto escrito por un actor respecto a la actriz son los elementos que conforman el homenaje. El trabajo de producción fue profundo. Mazoyer contactó a las actrices -o en su defecto, a sus familias- para contarles el proyecto y pedirles la foto, pero muchas de las más antiguas no tenían ese registro. Con este problema, la actriz siguió buscando y finalmente llegó a maravillosos registros fotográficos, como el de Alfredo Molina Lahitte, de la época del Bim Bam Bum, del radioteatro, al de René Combeau, guardado en la biblioteca de archivo de la UC o al de Luis Poirot.

Luego vendría el desafío de contactar a los actores que escribirían los textos. “Lo bonito fue dejarlos libres en estilo. Eso le dio una profundidad y dinamismo al libro bien interesante”, dice la actriz. Efectivamente, los textos son diversos: está, por ejemplo, Jorge Becker relatando un sueño erótico que tuvo con la actriz Elsa Poblete, Daniel Muñoz comentando a través de una anécdota el profesionalismo y actitud de Ana González en La Pérgola de las Flores o Gonzalo Muñoz homenajeando a Paulina “Paly” García a través de décimas.

El verdadero resultado del trabajo se vio en el lanzamiento. “Fue un evento que yo nunca dimensioné, me encontré con un ambiente festivo, tan emotivo y profundo. Yo no le había tomado el peso a lo que significaba para ellas tener este homenaje. Había perdido la perspectiva de la profundidad de lo que estaba haciendo. Fue impactante ver a todas esas mujeres que uno ha admirado toda la vida emocionarse con el trabajo que hice. Ver algunas compañeras llorando en la primera fila y agradeciéndome realmente fue muy profundo y emocionante”, dice Catherine quien, aunque se encuentra embarazada por segunda vez, no se detiene y tiene otro desafío latente además de lo que fue el libro. 

“No coincido con la ideología de la derecha, sí con la de izquierda”

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El que nunca dejara de escribir no fue la única frase que John Mazoyer –a quien su hija define como el hombre más inteligente y culto que ha conocido- le dejaría a la actriz. Cuando entró a estudiar a la Universidad de Chile, él le dio otro mensaje que hasta el día de hoy le ha quedado grabado en la mente: “Estas estructuras tratan de hacer rebaño, pero mi hija no es rebaño. No permitas que te moldeen”.

La frase la acompañó al momento de su ingreso, durante los cuatro años en que fue fuertemente exigida por profesores como el maestro teatral Fernando González Mardones, cuando egresó e incluso el día de hoy, donde asumió un desafío en el mundo en que más fácilmente se pueden moldear mentes: la política.

Catherine actualmente es candidata a concejala por la comuna de Pudahuel como independiente con apoyo del PPD. “Yo vengo del mundo de la cultura, no me manejo en política. Sé que todos hacemos política todos los días, pero el concepto está muy a mal traer”, asegura.

¿Qué opinas de esta “crisis” que vive la política chilena actualmente?
-Mucha gente me dice “¿Por qué te metiste justo ahora?”. Yo les digo que este es justamente el momento en que se meta gente que no está contaminada con esto. Yo no sé hacer propaganda pero, más que ambiciones políticas, tengo ambiciones sociales. Quiero hacer cosas que ayuden a un pueblo.

¿Y cómo podrías hacerlo?
-El arte y la cultura sí pueden cambiarle la vida a alguien, abrirle la mente. En la educación se puede aportar mucho. De repente en comunas como Pudahuel no es prioridad la cultura, porque obviamente tienen otras prioridades más urgentes para invertir los recursos como la educación o la salud. Creo que yo puedo aportar a generar esos recursos desde otro lado. No es como que vaya a ser la diosa de la cultura, pero voy a apoyar a un departamento cultural de la municipalidad.

¿Por qué Pudahuel?
-Justamente por eso. Quizás yo tengo relación con otra comuna en donde la parte cultural está funcionando bastante bien, con recursos para sacar proyectos adelante. Las Condes, por ejemplo, tiene un teatro municipal, maravilloso. ¿Qué voy a hacer en Las Condes? Yo quiero ir a un lugar donde mi trabajo sea valioso. Surgió la idea de Pudahuel porque es muy diversa y con proyectos interesantes. Está llegando el metro hace poco, tiene la laguna Carén donde hay proyectos de la Universidad de Chile. Me pareció importante formar parte de eso y ayudar en cierta manera.

Ahora la otra pregunta: ¿Por qué con el PPD?
-Yo voy independiente, no pertenezco a ningún partido. Voy apoyada por el PPD y llegué a ahí por Roberto Farías con quien me junté para ver si lo que yo estaba pensando -postular a una concejalía- era una locura o no. Ahí empecé a armar este camino, ellos me van guiando. Pero no pertenezco a ningún partido, para un candidato es difícil tirarse solo. Es muy difícil ser totalmente independiente.

Pero imagino que tienes tus posturas claras.
-Claro, me es mucho más coherente ser apoyada por un partido como el PPD que por uno como la UDI, eso es evidente. No coincido con la ideología de la derecha, sí con la de izquierda.

“Yo no sé si soy feminista, pero yo espero y lucho por la igualdad”

Foto: Isabel Correa

Foto: Isabel Correa

Tú entraste joven al mundo de la actuación, pero antes tenías el perfil de modelo. ¿Cómo recuerdas ese mundo?
-A mí todo lo que significa el mundo de la publicidad no me gusta nada, encuentro que es un mundo muy frío, muy competitivo, muy jerárquico, bastante hostil. Yo sufría cada vez que iba a un casting, le decía a mi mamá: “Última vez, no quiero más”. Mi sueño era ser actriz y yo creo que por eso seguía modelando porque era ponerme delante de una cámara.

¿Cómo ves el tema de la publicidad en el sentido del trato a la mujer?
-Todavía en Chile hay una publicidad bastante machista, podemos ver que las publicidades de ropa la hacen las mujeres y las de auto los hombres, no sé, súper básico. La publicidad, e incluso las teleseries, están presentando una imagen de la mujer que le hace muy mal a una sociedad, estándares de belleza que son anormales. O sea, ¿por qué nos tratan de meter que ésto es belleza? (dice mientras sotiene un tenedor). Un tenedor no es belleza, un hueso flaco no es belleza. Estamos mal enfocados, todavía estamos pegados en eso.

¿Te declararías una persona feminista?
-¿Feminista? Yo no sé si soy feminista, pero yo espero y lucho por la igualdad. En el fondo espero que algún día lleguemos a tener igualdad y las mujeres puedan ganar exactamente lo mismo que un hombre, que podamos aspirar a los mismos trabajos, que podamos tener misma voz y voto.

¿Te has sentido víctima de machismo?
-Uno día a día se va encontrando con esas cosas, con cosas tan ridículas como que te toca manejar un auto en una escena y llega un productor y te lo mueve, porque tienen el concepto de que las mujeres manejamos mal. Tener el mismo trabajo de un compañero y estar ganando un cuarto de lo que gana él. También las mujeres tenemos que vernos súper flacas, siempre alegres y bien dispuestas. En cambio el hombre sí puede tener ponchera, sí puede envejecer. La mujer no puede envejecer en esta sociedad y eso es tremendamente machista. La misma Solange Lakington que contó que se tuvo que operar para estar bien para un personaje y sufrió muchísimo porque la operación se le complicó. O sea, estamos poniendo en riesgo nuestras vidas para vernos bien.

Recuerdo que una vez saliste en medios hablando de un video que te habían hecho con tus escenas sexuales.
-Claro, se supone que era un homenaje a mi talento y a mi belleza, pero se dieron el trabajo de buscar minuto a minuto escenas de “Infieles” donde yo saliera desnuda e hicieron un video que terminó siendo como un video erótico.

Contaste que hubo gente que te llamaba ofreciéndote cosas.
– Sí, hay gente que te busca, gente te hace ofertas, que te manda cosas, que te publica perfiles falsos de Facebook. Como que se dan la libertad en las redes sociales de creer que te están alabando, pero en realidad te están insultando. A mí me estuvieron llegando unas fotos asquerosas de unos tipos.

Diálogos con mujeres abortistas y grupos “pro vida”

Apio-Verde

Una de las producciones más complejas que ha tenido que protagonizar Catherine Mazoyer es el thriller psicológico Apio Verde, película del director Francesc Morales que trata la historia de una mujer que se entera de que su embarazo es inviable, producto de la anencefalia que tiene su hija. “Yo todavía no era mamá cuando hice esa película, yo hablé desde mi condición de mujer”, asegura la actriz, que en el proceso se entrevistó con distintas mujeres con crudas historias de embarazo.

¿Qué historias te marcaron?
-Todas, me acuerdo y me dan ganas de llorar. Karen Espíndola, que es una gran abanderada de esto, tuvo a su hijo y tuvo la suerte de que vivió un par de años, pero su historia es tremenda y sufre hasta el día de hoy las consecuencias. Lamentablemente todo el mundo dice: “No los vamos a dejar solas”. ¿Y? No hay ninguna isapre que te cubra, los políticos aparecen para la foto y chao, la dejaron sola, con todas las deudas de tener un niño que no tenía expectativas de vida, que estaba muy enfermo y sufría mucho. Para una mamá ver sufrir a su hijo es lo más terrible que le puede pasar en la vida. Me acuerdo y se me paran los pelos. Hubo otras mujeres que tuvieron que comprarle la ropita a su hijo para sepultarlo. Un piluchito para poder ponérselo una vez que nació, darle un besito y enterrarlo.

La frustración de Adriana, tu personaje en Apio Verde, es tremenda. ¿Cómo reaccionó tu propio cuerpo a la hora de interpretarla?
-Yo quedé un poco enferma después del rodaje, con muchos dolores físicos. Yo no dormí durante ese mes de rodaje y al mismo tiempo me tocaba enfrentar escenas tan fuertes. Obviamente mi cuerpo me empezó a pasar la cuenta. Terminé con la espalda hecha bolsa, con dolores de cabeza muy fuertes, con angustia. De repente un día terminamos de rodar una escena donde a mí me metían a una bandeja de los muertos, grabé esa escena y después me tocó una donde iba saliendo de una puerta. Ahí me puse a llorar. Debo haber llorado dos horas seguidas y no podía parar de llorar de la angustia; de todo lo que significaba, además del cansancio y de todo lo que estaba viviendo mi cuerpo.

¿Qué posturas te tocó enfrentar de parte de los grupos más conservadores?
-Cuando empezamos a filmar nos llegaban amenazas de grupos “pro vida” de que iban a llegar donde estuviéramos filmando. Después, cuando se iba a estrenar, que iban a quemar el cine. Y después en mi propio auto me dejaban notitas, que sabían dónde vivíamos y que ojalá nos diera cáncer a todos y nos muriéramos. Los grupos “pro vida” al final terminan siendo los más violentos y sin ninguna altura de miras o ganas de debatir.

Y más allá de esos amedrantamientos, ¿qué opinas tú del aborto?
-Yo creo en la libertad de las personas. Yo no soy quién para decir qué tienes que hacer tú. Empecemos por el aborto terapéutico, que forma parte de los derechos humanos y ya creo que es algo que no da ni para comentar. Yo realmente creo que ninguna mujer quiere abortar, si una mujer toma la decisión es que pasó por un proceso muy fuerte, muy personal, muy privado y que nadie debiera cuestionarla. No te digo si yo abortaría, pero creo que si una mujer necesita hacerlo y toma la decisión, ¿por qué vamos a estar diciéndole nosotros qué hacer con su vida, con su cuerpo?

¿Qué te parece el rol de la Iglesia?
-Me parece nefasto, porque le entrega como un peso que no debería tener. es como que le pusiera una carga negativa, de pecado, que no debería tener. Eso bloquea la discusión y limita la manera de pensar de las personas, el cómo poder hablar con altura de miras sobre un tema tan complejo.