¿Cómo fue el proceso de realización de “Pastora”?

La idea partió por una noticia que leí hace más de seis años sobre una pastora aymara, Gabriela Blas, que extravió a su hijo trabajando en el altiplano andino chileno y que fue condenada a cárcel acusada de abandono de su hijo con resultado de muerte. Encontré injusto que jueces y fiscales, educados en una sociedad tan distinta a la de Gabriela, puedan juzgar a una mujer joven que vive su maternidad ejerciendo una actividad tradicional como es el pastoreo de camélidos, en lo que perfectamente pudo haber sido un accidente de trabajo.

¿Cuándo y cómo decidiste abocarte en este tema?

Desde mi primer viaje de investigación me di cuenta que la única forma posible de abordar esto que se me manifestaba, sin caer en juzgar ni victimizar, era adentrarme en la realidad de las mujeres que viven y vivieron la maternidad en las condiciones que lo hizo Gabriela, y esperar que ellas me expresaran sus inquietudes, juicios y opiniones al respecto, aproximándome a la intimidad de su memoria y experiencia ancestral.

¿Y cuánto tiempo te tomó adentrarte?

La investigación duró 3 años, en los cuales pude tener cercanía con los habitantes de la Comuna de General Lagos y descubrir en ellos a los personajes que aparecerían en la película. Luego vino el rodaje. Sin duda la investigación en todas sus facetas fue fundamental en este proyecto. Debo recalcar que tuve el apoyo de un equipo humano de primer nivel en todo el proceso, realizadores muy competentes que creyeron en el proyecto desde un principio, sin los cuales nunca hubiera tenido la fortaleza para avanzar, teniendo en cuenta que el territorio que trabajamos está a 4.200 metros sobre el nivel del mar.

¿Por qué crees que es importante este documental? 

Para mi “Pastora” es una inmersión en algo fundamental como es la maternidad. Yo no soy madre, pero soy hijo y desde esa posición es que comienzo a ahondar. Lo que más me sorprende de la maternidad no es el hecho obvio de dar vida, sino algo mucho más profundo, y es hacer posible que la nueva vida tenga un espacio simbólico que habitar y en los pueblos originarios de américa, lamentablemente, se da la condición para explorar todo aquello,  ya que en prácticamente todos la vulnerabilidad material e incluso cultural producto de la conquista, colonización, expropiación y subyugación a que se han visto sometidos por tantos siglo ha dejado huella que pone a prueba hasta las personas más fuertes; pero es la madre la que resiste incluso en la peor de las adversidades, es la que está obligada a contar cuentos hermosos a sus hijos para que estos puedan habitarlos, y para mí eso es la fuerza y motor de la vida. Pastora intenta hacerse cargo de esa mirada.

¿De dónde viene tu interés por hacer documental?

Esa siempre será una respuesta difícil de dar. Puedo decir sin duda que en parte proviene de una necesidad de comprender la humanidad y la vida en general y también por una fascinación por el cine y sus posibilidades. El documental según lo veo me permite expresar desde el lenguaje cinematográfico lo que percibo del mundo y la vida, de lo que me pasa y rodea, con una libertad creadora sin límites, que lo hace muy desafiante y fascinante.

¿Cuáles son tus aspiraciones con “Pastora”?

Aspiro ofrecer a los espectadores una mirada distinta y universal sobre la maternidad, mediante un acceso a la memoria y experiencia de vida de la mujer originaria andina. 

En una frase, invita a la gente a las salas de cine.

Los invito a ver “Pastora”, una película que retrata la maternidad aymara en Chile, y a conocer a nuestros pueblos originarios desde su propia voz, escapar de la ciudad y contemplar durante una hora paisajes y humanos que viven en las alturas del mundo.

Teaser “Pastora” from Pastora documental on Vimeo.