Haití fue el primer país de América Latina y el Caribe en liberarse del yugo colonial y en tener una revolución negra en el año 1803, enfrentando a las tropas napoleónicas. Hoy, 213 años después, sigue estando ocupado. Las grandes potencias nunca le perdonaron ese germen de rebeldía y haber sido pionero en romper las cadenas de la dominación.

En 1914, el presidente de los Estados Unidos, Woodrom Wilson, en un claro acto injerencista, tomó el Banco Nacional de Haití mediante el envío de soldados, y robó 500 mil dólares para “custodiarlos” en Nueva York. El país había cambiado pero la dominación seguía. Ya en guerra fría, los estadounidenses -en su lucha contra el “comunismo”- impusieron la dictadura de François Duvalier, conocido como “Papa Doc”, para luego apoyar a su hijo Jean-Claude Duvalier “Baby Doc”. La dinastía dictatorial gobernó por más de 30 años.

A pesar de que la guerra fría terminó, Haití siguió sufriendo los ataques de los grandes poderes mundiales. En 2004, Jean Bertrand Aristide, primer presidente elegido democráticamente en la historia, más de 200 años después de obtener su independencia, fue derrocado por un golpe militar apoyado, nuevamente, por Estados Unidos y Francia. Este golpe fue el que le abrió la puerta a la llegada de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) de la ONU, con unos 20 mil soldados en una población de 9 millones de habitantes.

Esta misión, que para mantener la paz envía tropas de ocupación, está acusada por violaciones de los derechos humanos y abusos sexuales contra jóvenes y mujeres por parte de sus soldados. Además, fue la responsable de la propagación del cólera, importada por los soldados nepaleses, ocasionando la muerte de más de ocho mil personas desde 2010. Recién este año, al revelarse un documento probatorio, la ONU tuvo que admitir su responsabilidad en la propagación de la enfermedad.

A pesar de estos antecedentes, la MINUSTAH acaba de ser prorrogada otros seis meses, por el Consejo de Seguridad de la ONU, es decir hasta abril del 2017. Actualmente cuenta con 2.370 militares y más de 2.600 policías.

El pueblo haitiano se mantiene en lucha contra este nuevo colonialismo. La Plataforma de Organizaciones Haitianas para los Derechos Humanos (POHD) denunció recientemente: “La presencia de la MINUSTAH supone una de las principales violaciones de derechos humanos en nuestro país. Atenta contra el artículo primero del Pacto de Derechos Civiles y Políticos, ya que constituye un ataque a la soberanía nacional y una violación del derecho de autodeterminación del pueblo haitiano. Entre febrero de 2004 y 2011, la MINUSTAH ha realizado muchas operaciones en ciertos barrios populares de la capital haitiana que han ocasionado múltiples casos de violaciones (de los derechos humanos) sobre la población civil, incluyendo muertos, heridos, destrucción de bienes privados, malos tratos, etc.”.

Teniendo en cuenta estas demandas, en 2011 el Instituto para la Justicia y la Democracia en Haití demandó a la ONU, pero tres años más tarde la Justicia de Estados Unidos denegó la demanda porque consideró que no era posible investigar y procesar a las Naciones Unidas.

El negocio de la “reconstrucción”

En enero del 2010, la naturaleza atacó a Haití con un terremoto de 7,3 grados provocando más de 300 mil muertos. El capitalismo mundial y los grandes poderes vieron una nueva excusa para seguir dominando a Haití, en este caso con la supuesta “reconstrucción”, ahora con el rol protagónico de las ONG´s. La gravedad de esta catástrofe natural fue tal que estas organizaciones, fundaciones, empresas y organismos internacionales recaudaron, teóricamente para brindar en forma de ayuda, más de 4 mil millones de dólares.

Lo cierto es que de ayuda llegó poco y nada al pueblo caribeño. El gobierno haitiano denunció en más de una ocasión que sólo recibió el 1% del total recaudado, es decir menos de un centavo por cada dólar. Bill Quigley y Amber Ramanauskas, enviado especial de la ONU para Haití, en el artículo “Siete lugares a donde fue y no fue el dinero del terremoto”, afirman que el 34% fue reembolsado a los propios donantes civiles y militares, el 28% se le dio a las agencias de las Naciones Unidas y ONG´s para determinados proyectos. Otro 26% fue entregado a los contratistas privados, un 6% se presentó como servicios en especial a los beneficiarios, el 5% a la comunidad internacional y las sociedades nacionales de la Cruz Roja. Sólo el 1% restante fue para Haití.

La desviación de los fondos obtenidos no fue lo único con lo que se especuló tras el terremoto. Recientemente, unos mails filtrados demostraron que una asesora de la hoy candidata a la presidencia de EE.UU., Hillary Clinton, dio prioridad a las empresas especializadas en ayuda humanitaria calificadas como “amigos de Bill Clinton” o “personas de interés de William Jefferson Clinton”. Los mensajes de Caitlin Klevorick, funcionara del Departamento de Estado, decían: “Necesito que indiquen cuando las personas son amigas de William Jefferson Clinton. Es probable que pueda identificar a la mayoría, pero no a todos”. Donde hay un problema, el capitalismo ve un negocio. El terremoto en el 2010 y hoy el Huracán Matthew son una clara demostración.

Esto no fue todo: en 2015 una investigación reveló que la Cruz Roja recibió 500 millones de dólares para un proyecto que tenía como objetivo la construcción de viviendas para los damnificados. El problema es que hasta ahora sólo se construyen seis casas. Extremadamente poco teniendo en cuenta que hubo más de un 1,5 millones de damnificados. El rol de las ONG´s lo graficó Ricardo Seitenfus, representante de la OEA en Haití: “Hay una relación causa-efecto entre la infelicidad de los haitianos y la felicidad de las ONG´s”.

Huracán Matthew, nueva oportunidad de lucro

Hace unas semanas, Haití fue nuevamente devastado por la naturaleza, pero ahora por el huracán Matthew. Ante una nueva catástrofe natural, el capitalismo volvió a ver su oportunidad. Así fue como las grandes agencias de noticias mundiales, entre ellas Reuters, informaban que la cantidad de muertos ascendía a más de mil personas, pero lo cierto es que la cifra oficial cerca de la mitad. Ante este intento de legitimar una nueva intervención colonialista por las empresas informativas, el presidente interino de Haití, Jocelerme Privert, denunció públicamente que se aumentaba el número real de víctimas fatales para engrosar el negocio financiero de las ONG´s.

Privert denunció en una entrevista con Le Nouvelliste que no necesitan botellas con agua potable o bolsas de arroz, sino que necesitan la infraestructura para poder realizarlo ellos mismos. Pero pareciera que las grandes potencias no quieren que Haití cuente con sus propias fábricas y mucho menos con una posible soberanía nacional. Prefieren seguir explotándolo. El ministro del Interior,  François Anick Joseph, también se sumó a la denuncia: “Ellos quieren mostrar que la situación es más grave para recaudar fondos. Fondos que, como viene sucediendo desde hace años, no se destinan a ayuda humanitaria sino a inflar los bolsillos de un `capitalismo del desastre´”.

Mientras el capitalismo mundial se reparte la torta y juega con las vidas humanas, la población hatiana sufre las consecuencias del neocolonialismo y del calentamiento global. “Contemplo mi vida y no sé qué hacer. Parece que alguien recibe ayuda pero no somos nosotros”, relata Watson Hypolite, vecino del Beaumont.

Mientras, Haití sigue siendo el país más pobre del continente, con una esperanza de vida de 60 años y una tasa de desempleo superior al 65%, con más de la mitad de la población en la extrema pobreza y con una deuda externa que ya supera los mil millones de dólares. La pobreza en Haití tiene sus responsables: son los mismos que hacen de ella un gran negocio.

*Original de Marcha.