En un camión Ford del año 67, 14 actores y 8 músicos viajarán por diferentes comunas de Santiago. De manera itinerante estarán en Lo Prado, Pedro Aguirre Cerda, Pudahuel, Maipú y Estación Central. El camión, transformado en un escenario móvil, se estacionará en determinados puntos de estas comunas para invitar a los vecinos y transeúntes a recordar el Chile de la UP, a reconocernos y a re-encantarnos con un modo de vida que tenía en el centro el bienestar para todos los sujetos de la sociedad. Se trata de “Los Hijos del Sol“, obra que se estrena hoy 4 de noviembre, mismo día en que hace 46 años Salvador Allende comenzó su mandato, y se presentará durante todos los fin de semana de noviembre a las 20.30 hrs.

Sobre una pieza teatral que nos remonta a una época feliz, verdadera y sincera, pero también difícil y turbulenta, hablamos con Lorena Erpel, actriz y directora.

– Esta es tu primera vez dirigiendo una obra de teatro. ¿Qué quieres transmitir? ¿A qué se van a enfrentar los espectadores en Los Hijos del Sol?

– La gente se va a enfrentar, se va a encontrar con una obra ceremonial, de cierta manera de memoria, que remite a un período que incomoda, que duele…que remite a una herida. Se van a encontrar con una obra que plantea esta derrota como un triunfo y como el momento en el que el pueblo chileno habló más claramente… el proceso culmine de una serie de derrotas anteriores, que fueron superadas a nivel organizacional y donde finalmente triunfa el pueblo chileno… pero después viene la masacre. La obra, con música, con los vestuarios tal cual de la época, con un camión, inmediatamente es percibida como un shock performático de volver a ese tiempo. El hecho de que nosotros vayamos en un camión, es usar el mismo mecanismo que usaba el teatro y el arte en ese momento de la historia, entonces de partida provoca una impresión: “una obra de la Unidad Popular, como se hacía en la Unidad Popular”, generando encuentro ciudadano entre el artista y el público. La idea es, desde la toma de un espacio público, generar un acto de memoria y de reivindicación de un periodo que se intentó ocultar, nadie sabe mucho de la UP.

– ¿Y sobre la trama?

– Es una población, donde hay varias familias y hay una familia protagonista: Ismael con Julia, que tienen dos hijos. Él es un obrero metalúrgico, pero aficionado al teatro, escribe obras… Entonces a esta población llega la compañía de Teatro Los Saltamontes, con un espectáculo que habla de las primeras 40 medidas del Gobierno de Salvador Allende. Esta compañía invita a toda la población a ser parte del “Primer Festival de la Canción Obrera de Chile”. Ismael queda fascinado, considera esta opción como una vía estratégica para sumar adherentes al proceso de la UP y generar organización en los barrios… pero por otro lado, su compañera Julia, considera que esta vía es totalmente ingenua, una pérdida de tiempo frente al trabajo político de resistencia que hay que hacer con el Gobierno de Allende.

– Y ahí aparece el conflicto..  

– Claro, esta pareja empieza a entrar en crisis, en paralelo con la crisis política de boicot que hay por parte de la derecha, de los medios de comunicación, de Estados Unidos y dentro de la misma división que se va generando en el movimiento popular. Es decir, cuáles son las distintas visiones para lograr la revolución socialista. Unos van a querer avanzar sin transar y otros legalmente, paso a paso, para el cumplimiento del programa.

– La obra aparece como un ejercicio de memoria, político e histórico. ¿Cómo fue el proceso de investigación para consolidar estos personajes?

– Yo empecé hace dos años con este proyecto. En estos dos años hubo investigaciones, a cerca de 28 personas, sobrevivientes de la época. Presos políticos, exiliados, familiares de Detenidos Desaparecidos y también de ejecutados. El objetivo del proyecto es traer a la memoria el proceso de la Unidad Popular y a sus adherentes, entonces ahí necesariamente tenemos que hablar de sus sujetos históricos, quiénes eran, como se constituían sus relaciones tanto familiares como en la esfera política, porque no lo sabemos… lo único que sabemos, lo único que conoces de ellos son sus caras y además, en blanco y negro, pero no sabemos bien quiénes son. Investigando me di cuenta que fue una época feliz, pero difícil….Como la vida, que es turbulenta a veces, se borronea, y otras veces el camino no queda tan claro… Luego de dos años de investigación, la obra adquiere un carácter muy humano. En esa época el ser realmente humano, el abrazar, el opinar, el sentir, el querer, eso estaba muy vivo.

14856199_1674747549483417_8905591804977720874_o

– Muy a diferencia de lo que ocurre ahora, donde estos temas están escondidos o disfrazados detrás de las redes sociales, de la globalización, de las apariencias..

– Claro.. el ser humano ahora está, existe, pero está medio escondido en las redes, en las caretas, en el estatus, en el éxito.. En el querer ser algo para entrar a este círculo. La verdad está un poco extraviada en el tiempo de hoy y creo que en tiempo de la UP era algo que primaba, indiscutiblemente.

– Y en la obra… ¿hay una reflexión para invitar al espectador a volver a esa verdad?

– Sí, de partida que tú puedas mirar a los ojos, conversar, conocer y organizarte. En esa época el tejido social estaba muy constituido. Era un engranaje perfecto que apuntaba única y exclusivamente al desarrollo  de la dignidad y de las oportunidades igualitarias para todos en el país. Queremos plasmar esa idea política, pero desde lo más humano, desde lo más sencillo. Desde conocer a tu vecino, abrazarte, desde como actores van a una población a hacer esta invitación artística y metateatralmente nosotros estamos haciendo lo mismo. La obra es un ejercicio de memoria en sí mismo.

– Trabajaste con Juan Radrigán… ¿cómo fue el proceso de asesorarte por uno de los más grandes dramaturgos nacionales, Premio Nacional de Artes de la Representación, y además vivir en medio de este proceso su enfermedad, su cáncer y finalmente, su muerte?

– Él es nuestro segundo ser celestial en este proceso. Dentro de las entrevistas, la Peggy Cordero fue una de las personas que dio muchas luces para la obra y también falleció.  A Juan Radrigán lo conocía desde la Universidad, fue mi profesor, y desde ahí que nuestras conversaciones fueron muy íntimas, de mucha confianza, de mucha complicidad. Empezamos a hablar del proyecto de la UP y él se sumó inmediatamente. Él vivió la época, entonces nuestros diálogos fueron ligados a como se vivió la humanidad. Juan Radrigán me nutría el texto desde las vivencias personales y también desde la técnica dramatúrgica más dura. Después empezó su enfermedad, lo empecé a visitar, pero la obra ya pasó a segundo plano… nuestras conversaciones se iban para otros lados.

– Y ahora que se viene el estreno, ¿lo ves como una suerte de homenaje?

– Totalmente, es una obra que es un homenaje en Radrigán, a la Peggy Cordero y a todos los chilenos que dieron la vida por un país mejor. A todos los que se fundieron con el mar o con el desierto, a todos los que construyeron Unidad Popular. A los que viven y a los que no. La UP sigue vive de cierta manera, al estar sus protagonistas vivos, al estar la gente que destruyó ese sueño vivos e impunes. Por lo mismo, creemos que es una temática que hay que poner en discusión. Ocultaron sus cuerpos, pero jamás ocultarán el ideal, los sueños y el por qué pasó lo que pasó. Es necesario que se hable, que se visibilicen las vidas. Nosotros no solo vamos a hablar de la UP, vamos a hacerla. Eso es lo que yo más quiero hacer de este proyecto, hacer Unidad Popular. Más que solo hacer un homenaje, o una revisión histórica… mi objetivo es generar prácticas del estilo de la Unidad Popular.

– ¿Qué tipo de prácticas aparecen en este contexto?

El generar comunidad, por ejemplo. Luego de cada función, va a haber un conversatorio entre los actores y el público, para que se pueda intercambiar opiniones, para que la gente conozca como fue el proceso, para que nos nutramos mutuamente de lo que el otro te tiene para decir..

– El tema de la Unidad Popular ha estado muy silenciado. Hay mucha más información rondando sobre el golpe, sobre lo que vino después del 73, sobre los milicos.. pero no tanto de la UP en sí. ¿Cómo crees que el público va a recibir la obra?

Es un misterio. Intuitivamente pienso que va a generar discusión, o molestia en algunas personas… por ejemplo Maipú, con la alcaldesa que tienen ahora (Cathy Barriga, Chile Vamos). Hay mucha desinformación, hay mucha ignorancia, hay mucho vacío cultural producto de la desestabilización de la educación y todo lo que pasó después de la dictadura. Creo que el público que no sabe va a quedar intrigado, pensando de qué se trata eso… también van a estar los que vivieron la época y que apoyen lo que pasó. Y por supuesto estarán los que se enojen, que no les guste y que incluso podrían hasta a gritar en el público. Va a estar interesante, porque también vamos a comunas comunistas.

14883456_1674757462815759_1952861770327506918_o

– Van a estar en Lo Padro, en Estación Central, Pudahuel, Maipú, Pedro Aguirre Cerda. ¿Cómo se definieron esas comunas?

– Lo Prado es la comuna de mi infancia, mis abuelos vivieron allá.. yo soy del Sur, de Osorno, pero siempre vine a Santiago a la casa de mis abuelos, a Lo Prado. Para mi es una comuna que es parte de mi historia…. Fue el primer lugar que decidimos y luego comenzamos a derivar a comunas aledañas. Pudahuel, Maipú, Pedro Aguirre Cerda…

– La PAC con toda su historia combativa, desde sus inicios, con la población La Victoria. Muy en sintonía con el mensaje que la obra quiere entregar. 

– Claro, es combativa desde sus inicios, Lo Prado también tiene como 3 tomas de terrenos. En realidad todos los lugares tienen historia pero mi primer objetivo era Santiago Poniente, Santiago Sur Poniente. La idea después ir a otras comunas y luego que la obra gire por todo Chile.

– Están financiados por un Fondart Nacional, un tema muy complejo para los artistas… los fondos concursables muchas veces presentan problemas. ¿Cómo ven el tema de las políticas públicas culturales a nivel nacional?

Creo que falta mucho, es un daño profundo luego de la dictadura.. partiendo por el cierre de las Escuelas Normales ¿qué nivel de profesores estamos teniendo? Creo que las políticas culturales no apuntan solo a desarrollar más teatro, sino a desarrollar mejores seres humanos. Hay que preguntarse en qué estamos contribuyendo a mejorar la humanidad, pero eso no se puede hacer si no tenemos dinero para trabajar nuestros proyectos, para trabajar tranquilos y no tener que hacer otras 20 mil cosas al mismo tiempo. El arte, y no solo el teatro, la música, la danza, la pintura, la sensibilidad, genera mejores seres humanos, el escucharte, el conocer tu cuerpo, el contacto con las emociones… Si todos conocieran su cuerpo los consultorios no estarían repletos, las farmacéuticas no se enriquecerían. Hay algo que no conviene ahí.

– Queda un largo camino por recorrer todavía…

Sí, yo puedo hablar desde mi corta trayectoria como actriz. Humildemente creo que todavía hay algo que hacer con la recuperación del teatro que nos robó la dictadura. Creo que hay que ser más valientes y más coherentes con recuperar algo que estaba sucediendo previo al golpe, a nivel teatral. Y hacerse cargo desde ahí, de lo que somos como país y como pueblo. El teatro debería hacerse cargo de las emociones, de que le suceda algo al espectador… que la gente salga mejor de una obra de teatro, no que salga igual, o que no pase nada. Cuando te llevan a una reflexión eso es lo mejor… no digo que hagamos teatro político siempre, pero hay pensar que puede aportar el teatro a lo que está sucediendo hoy en la humanidad entera.

– Tu obra busca aportar Unidad Popular… mirarse, sentirse, reconocerse… ¿en qué minuto se logra hacer comunidad?

– Es difícil, el individualismo está exacerbado. Hablar de la UP es hablar de ese Chile sencillo, esencial, simple… donde la comida no se compra en el supermercado, se hace en la casa. Esa comida que preparó la abuela o el abuelo, para los nietos, genera encuentro familiar, eso se agranda. Luego conoces a los vecinos, te puedes organizar, conoces a tus compañeros de trabajo, formas tu sindicato. Si tú conoces a tu gente, verdaderamente, no solo de discurso, es bien improbable que te traicionen. Hoy hay que apostar por eso, por volver a la verdad, al comunicarse, al abrazarse, pero de verdad. El arte y la sensibilidad tienen mucho que hacer. En la obra, el espectador se sienta pero ya sabe el final. La obra se plantea desde ese punto, te estamos mostrando el triunfo pero tú sabes, finalmente, que esto no triunfó…

– ¿Y como plantean un tema tan sensible desde un ambiente festivo?

– Es algo más festivo ceremonial. Los familiares de ejecutados y de Detenidos Desaparecidos van a ver a sus hijos, a sus conocidos, van a acordarse de esa época. Va a ocurrir algo potente en ese sentido de sentirse identificados. Esa época fue difícil, siempre se supo que era difícil. Si bien ganó Allende y había efervescencia y alegría, también se sabía que se venían tiempos complicados. Había que hacer el triple de trabajo, y se hizo, pero igual nos hicieron mierda. Ahora podemos hacerlo de nuevo.

– ¿Por qué ahora sería distinto, si en los 70 la UP no funcionó?

– Se vienen interesantes los años que nos siguen, hay que tener paciencia. Ahora después de las elecciones municipales se percibe ese Chile dividido y también ese Chile de la UP. No es una obra tan revisionista, porque la división sigue viva. El fascista está vivo, la facha pobre está viva… el poblador que gana una miseria también está vivo. La esclavitud existe hoy. Los estudiantes endeudados, las farmacéuticas enriqueciéndose. El empresariado de este país…

-Y nuevamente regresamos, al tema organizacional y de generar comunidad. Un tópico transversal a la obra y a la sociedad

– Claro, somos una masa que está descontenta con este sistema, con leyes de mierda, Constitución hecha en la dictadura, pero si todos los que estamos descontentos pensamos 800 cosas diferentes, eso me da desesperanza…Ahora, hay que unirse a pesar de las diferencias para derrotar al enemigo mayor. Por ahí va la cosa, hay que unir al descontento para lograr los cambios que necesitamos.