Cuando Mónica Maristain le preguntó a Roberto Bolaño a qué poeta prefería, si a Enrique Lihn, Jorge Teillier o Nicanor Parra, Bolaño respondió: “a Nicanor Parra por encima de todos, incluidos Pablo Neruda y Vicente Huidobro y Gabriela Mistral”. Sin titubear el autor de Los Detectives Salvajes se declaraba a los cuatro vientos como Parriano. Es una noticia antigua la que estoy dando, en realidad todos lo sabemos o lo supimos en su momento. El problema, creo, lo tienen los que leen poesía chilena, y a Bolaño.

Estando en la playa, se me ocurrió un día ir a tocar la puerta a don Nica. En su casa de Las Cruces, estuvimos conversando un rato. En esa ocasión me mostró la tesis de post grado de Alejandro Zambra en torno a la obra Sermones y predicas del Cristo del Elqui. Reaccioné incrédulo porque no estaba dentro de mis libretos que el autor de Mudanza fuera Parriano. Pero lo que atizó mis dudas, fue el segundo apellido de Zambra: Infantas. Ahí sin pensarlo, más bien como un arrebato, le dije a Parra: es imposible, ese no es Zambra, déjeme comprobarlo. Le pedí o más bien le arrebaté la tesis para ojearla, pero Parra me la quito de vuelta, hubo una fracción de segundo en que estuvimos forcejeando. Parra sin dudar tomó el manuscrito, se lo puso bajo el brazo con hidalguía y me miró desafiante. Yo retrocedí avergonzado.

Han pasado muchos años desde ese episodio, en realidad casi lo había olvidado, pero releyendo algunas entrevistas de Bolaño, Parra se hace presente, y no es extraño, si Enrique Lihn y un buen número de escritores se han sumergido en las claves del antipoeta. Una de éstas, me parece, es que don Nica huye de la literatura, al parecer se aburrió terriblemente de leer libros y se inclinó por los libros que parece que no estuvieran escritos.

En el libro Conversaciones con Nicanor Parra de Leónidas Morales, Nicanor relata que él había ayudado mucho a Violeta y que también la había aconsejado a que escribiera una novela. Aseguraba que ella era la única capaz de escribir la gran novela latinoamericana. Parra, que hace poco había leído con entusiasmo a Macedonio Fernández, le insistió con su idea pero su hermana, un poco harta por la presión, le contestó que la escribiera él. Aparentemente eso quedó en nada. Aparentemente, recalco, porque sospecho que Parra es el autor de la gran novela latinoamericana que nunca se escribió. Y digamos que eso Bolaño y Zambra lo captaron formidablemente.

Lo que digo tiene escaso sentido, Parra no es novelista, es poeta o más bien antipoeta. Pero creo estar en condiciones de asegurar con bastante seriedad que esa gran novela está contenida en sus libros o al menos en sus libros están las instrucciones para escribir una novela. Sólo así puedo comprender medianamente que Roberto Bolaño haya dicho que el antipoeta estaba por “encima de todos”. Convengamos que es muy categórico, no suena bien, suena horrible en realidad. Hubiese sido preferible evitar el oráculo Parra y contestar por ejemplo que si los narradores chilenos se niegan a leer poesía, se augura tarde o temprano su muerte por inanición.

 

 

 


Poeta y guionista