“Subversión del Orden Transicional. Del oscurantismo postdictatorial a la esperanza” -de Ediciones El Desconcierto- es el nombre del libro que busca hacer análisis de la actual situación política en Chile, marcada por una profunda crisis de la élite gobernante -sobretodo desde 2006 y 2011- y con la aparición de nuevos movimientos sociales y de nuevas fuerzas emergentes a la izquierda de la Concertación-Nueva Mayoría.

Una pedagógico mapeo de los tres sectores de la izquierda chilena es lo más novedoso que plantea Francesco Penaglia, Administrador Público de la Universidad de Santiago y Magíster en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos de la Universidad Alberto Hurtado. En el libro, se incluyen prólogos de Izquierda Autónoma, Izquierda Libertaria, la Unión Nacional Estudiantil, Solidaridad-Federación Comunista Libertaria, Juventud Rebelde, las Comunidades Militantes, el Movimiento Popular Guachuneit y la Izquierda Guevarista, entregándoles un espacio a la amplia gama de organizaciones políticas presentes en el país que suelen pasar desapercibidas y que denotan esos nuevos relatos de la “esperanza”.

En conversación con El Desconcierto, el autor hace un repaso por los principales puntos de su libro: desde la época del “oscurantismo”, concepto con el que describe a la transición post dictadura hasta la “esperanza” -ese punto de inflexión que marcaron los estudiantes en 2006 y 2011- y los principales desafíos que tiene hoy la izquierda en Chile, tanto la institucional como la no institucional.

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– ¿A qué llamas ‘oscurantismo’?

– El concepto oscurantismo habla de una época medieval, donde las expresiones artísticas, musicales, literarias, políticas, estaban sumidas bajo una lógica de trauma con respecto a lo que había ocurrido en dictadura. Muchas de las letras musicales, por ejemplo, eran más políticas en dictadura por la lógica de la resistencia. Pero durante la transición se transformaron hacia temas existenciales, nihilistas, del yo. Si analizas la letra de los BBS Paranoicos, Los Tres, son letras depresivas nostálgicas que se fueron hacia dentro del espacio político. Es un retorno a sí mismo, desconectado de una idea global de transformación. Oscurantismo describe ese periodo transicional de falta de ideas, esta noción de que la historia se acabó, de que el capitalismo ganó para siempre y no hay nada que hacer.

– Y en ese contexto, ¿cómo aparece la esperanza?

– La esperanza es lo contrario. Es algo que no ha ocurrido, es un proceso hacia algo que quisiéramos que ocurriera. Hay indicios de que es algo que esta ocurriendo, la emergencia de nuevos grupos políticos, nuevos relatos, nuevos movimientos sociales, pero también en el arte. Como durante la transición la expresión artística era más hacia el yo, ahora las expresiones son más políticas, hay bandas de cumbia, está el hip hop combativo, lo que hace Portavoz, Salvaje Decibel, la misma Ana Tijoux.

– La esperanza reflejada más en la cultura que en la misma política.

– Claro. Y es esperanza porque es un tránsito hacia un proceso de politización. Del ‘no estoy ni ahí’, el slogan noventero Chino Ríos, hacia un sí, me interesa. Tal vez no estoy ni ahí con votar, pero sí me interesa, me organizo, estoy en un colectivo, ejerzo vida política desde lo político más que la política.

– ¿Chile está viviendo un proceso de inflexión política tardío, cómo se vivió en otros países de Latinoamérica?

– Sí, se pudiera estar dando con un rezago importante. Y eso es complejo porque la mayoría de los países que apostaron por esas vías latinoamericanistas, el socialismo del Siglo XXI y otras experiencias, el kirchnerismo, el Frente Amplio en Uruguay, vienen en retroceso.

– Están como aprendizajes de los errores.

– Son experiencias de aprendizajes, sí, ahora, se han abierto otras también. En Europa están pasando cosas, los casos emblemáticos de Podemos y Syriza, pero el problema es que las cosas van pasando en distintos momentos y tiempos históricos. Si algo nos ha enseñado la historia, y sobretodo en un capitalismo consolidado, es que bajarse de la globalización capitalista, tener un proyecto transformador, no puede ser resultado de una experiencia en un solo país. Entonces desde ese punto de vista es complejo. Lo que vivimos hoy en Chile está en el campo de lo político. No hay una crisis económica y sí, puede ser una inflexión, tiene características similares a las que ocurrieron en otros países: agotamiento de la élite, deslegitimidad de la democracia representativa, más conflicto social, más organización de base, emergencia de nuevos discursos. Eso es similar a lo que pasó en otros momentos históricos en Latinoamérica, lo que fue conjugado, o que tuvo su cierre a través de experiencias de tipo populistas. Por eso muchas veces en la élite se asustan y dicen estamos al borde del populismo, sin definir qué diablos es.

– Lo asocian a la corrupción, siendo que la clase política chilena no se se salva de eso.

– Lo asocian a un montón de males, siendo que el populsimo es parte de la historia latinoamericana, es como se ha hecho mayoritariamente política ante conflictos importantes.

Una élite destinada a perecer pero que se niega a morir

Penaglia presenta un profundo análisis del período transicional y la legitimación del modelo económico heredado en dictadura, que pasa desde los primeros ensayos críticos del PNUD y Tomás Moulian a fines de los 90, hasta los últimos análisis de las fisuras de la hegemonía neoliberal en autores como Alberto Mayol, Gabriel Salazar y Franck Gaudichaud.

“El proceso de agotamiento es arrastrado y prolongado”, explica Penaglia, dando cuenta de cómo la crisis representatividad de la Concertación se profundizó desde fines de los 90, más allá de “esa disputa intra bloque en el poder de cómo solucionar el problema se vio radicalizada y se tiró hacia el lado de los autoflagelantes“.

“El problema de la Nueva Mayoría es la ausencia de proyecto político y eso es lo más profundo de la discusión. No tienen un sujeto. Quien dotaba de sujeto a la Nueva Mayoría era el Partido Comunista con su inserción de masas, que la ha ido perdiendo a costas de su rol en el gobierno. Lo de un pie adentro y pie afuera no le ha dado resultado”, afirma Penaglia, en referencia a cómo el PC ha perdido importancia en el movimiento estudiantil, no tiene llegada en No + AFP y las múltiples críticas a la gestión de la CUT.

“La Nueva Mayoría no tiene sujeto, evidentemente no tiene proyecto, si no logran sacar una ley sin ser, dentro de la misma coalición, oficialismo y oposición. Tienen además una desconexión con los sectores populares importante. Con ese escenario de problemas internos, de falta de sujeto, de falta de proyecto, de falta de horizonte, más crisis de representatividad, no puedes hablar de una apuesta de Nueva Mayoría, más allá de administrar”, dice.

Pese a esto, la misma figura de Bachelet en 2006 y sobretodo en 2013 tomando el relato de los movimientos sociales, y ahora con la aparición de Alejandro Guillier como cara “independiente”, dan cuenta de que la élite transicional se niega morir. “Son como el capitalismo, tienen una capacidad de adaptación incréible“, plantea Penaglia.

– Pueden seguir gobernando, pese a todo.

– Eventualmente puede ganar Guillier, podrían seguir en el poder. El tema es qué pueden hacer más allá de administrar. Y ahí es donde no hay proyecto. Es inminente un agotamiento de esas fuerzas. El otro día veía ese programa que dan en Canal 13, ‘En Buen Chileno’…

– Qué dicen que es fiel reflejo de la transición…

– Muy de la imagen de la transición los panelistas. Burgos se encarga, con la DC, de decir que no les interesa el proyecto Nueva Mayoría. Dijo incluso que podrían vislumbrar una relación con Revolución Democrática más que con el Partido Comunista porque con RD compartían en sancionar violación de DD.HH. en todos lados. Entonces se encargan de mostrar que no están de acuerdo en nada. No quiere decir que hayan proyectos diametralmente opuestos, tienen que ver con apuestas de cómo estabilizar el período de conflicto que estamos viviendo.

– Entonces qué pasa con esas mayorías a las que no llega la Nueva Mayoría. El paso del malestar sin acción al cambio concreto…

– Ahí no hay que engañarse. Hay dos campos de discusión. Uno es entender qué diablos es el malestar. En el libro trato de hacer el ejercicio al caracterizar lo que han dicho las ciencias sociales en general. Cuando uno dice que el 58% en las últimas presidenciales no fue a votar, eso no quiere decir que todos ellos sean críticos. ¿Qué es? Una debilidad de las ciencias sociales es caracterizar ese porcentaje. Evidentemente es un malestar, un rechazo a la política institucional. ¿Pero luego qué?, ¿qué significa eso? Tal vez quienes más avanzado están son los del PNUD, que lo tratan de desmenuzar. Están los politizados, pero que no creen en las instituciones, los que participan, los que no están ni ahí con nada, etc. Caracterizan distintas franjas del malestar. Ahora, dentro de los actores políticos, las organizaciones a la izquierda de la Nueva Mayoría tienen que ser capaces de dialogar con esa diversidad de distinta manera. Con quien no esta ni ahí con la política ni lo político, el acercamiento es distinto a quien está organizado, no vota pero que ejerce política en su espacio. Cómo construir trabajo y proyecto diferenciado respecto a los sectores. Respecto a las organizaciones en sí, hay una incapacidad estructural, no ha habido una maduración política lo suficientemente rápida como para aprovechar una coyuntura política como la que tenemos. Las izquierdas no han estado a la altura de ser capaz de llegar a sectores populares con discurso articulado, ni siquiera unitario, pero que sea capaz de conectarse con ese malestar, que sea capaz de dar soluciones, de entregar un proyecto político, vincular un quehacer. Eso no existe.

A la izquierda de la Nueva Mayoría

Penaglia identifica tres franjas en la izquierda chilena:

La socialdemócrata, caracterizada como “un espacio político crítico al neoliberalismo extractivista y prodemocratización, que apunta a un capitalismo regulado”, conformado principalmente por descolgados de la Concertación y otros proyectos nuevos y regionales. Aquí ubica al Partido Progresista, Partido Humanista, Revolución Democrática y Wallmapuwen.

/ Subversión del orden transicional, pág 167.

/ Izquierda socialdemócrata

La izquierda anticapitalista o antineoliberal con proyecto institucional la define por aquellas organizaciones que “poseen dentro de su horizonte estratégico la disputa electoral en las instituciones políticas”, entre las que incluye al Partido Socialismo Allendista, Izquierda Autónoma, Movimiento Autonomista, Unión Nacional Estudiantil, Partido Igualdad, Movimiento de Izquierda Revolucionaria “Político” o “Renovación” e Izquierda Libertaria.

“Ahí también hay una discusión discursiva respecto de si la pelea es contra el capitalismo o contra el neoliberalismo. Si es así, ¿queremos un capitalismo regulado tipo keynesiano? Porque el keynesianismo no es neoliberal, entonces is la pelea es el neoliberalismo, se es más bien socialdemócrata”, advierte Penaglia.

Izquierda anticapitalista con proyecto institucional

Izquierda anticapitalista con proyecto institucional

La última franja es la izquierda anticapitalista sin estrategia institucional, compuesta “por una gran cantidad de colectivos y organizaciones políticas definidas como revolucionarias, que no poseen una apuesta estratégica electoral y desarrollan principalmente un trabajo en el movimiento popular de masas”. Estas serían la Izquierda Guevarista, el Movimiento Popular Guachuneit, la Juventud Rebelde, las Comunidades Militantes – Fuerza Universitaria Rebelde y Solidaridad – Federación Comunista Libertaria.

/ Izquierda anticapitalista sin proyecto institucional

/ Izquierda anticapitalista sin proyecto institucional

Más allá de la discusión sí elecciones – no elecciones, el principal tema, según Penaglia, es “la estrategia de conquista del poder”, explica el autor. Y continúa: “Y ahí qué rol cumplen las instituciones políticas dentro de ese horizonte, si es el horizonte en sí mismo o es una fase. Si es táctico o estratégico, puesto en lenguaje marxista, como un montón de otras cosas, si es táctico o estratégico el rol de las organizaciones de masas, del partido, los repertorios de lucha, etc. Entonces hay apuestas diferentes, distintas respecto al horizonte y ahí es donde ningún proyecto, a mi juicio, ninguna de las izquierdas, tiene claridad respecto al horizonte estratégico”.

– ¿Cómo ves entonces el triunfo de Sharp en Valparaíso? Fue novedoso, más allá de él y del Movimiento Autonomista, lo que se armó con La Matriz y las primarias ciudadanas…

– Hubo una apuesta que resultó, considerando varios elementos: alto nivel de abstención, los problemas dentro de la Nueva Mayoría por el candidato, muchos que votaron por Sharp. Es decir, hay incapacidades políticas del bloque en el poder, hay ciertos aciertos en el tema de las primarias. Pero más allá de eso, no veo la apuesta. Y es complejo porque el triunfo de Sharp, que evidentemente lo es, no es representativo de lo que ocurrió en el país con las fuerzas que actuaron por fuera de Nueva Mayoría y Chile Vamos. Al resto no les fue bien, y hay un problema de no articulación y ausencia de proyecto.

– Pero en ninguna otra comuna se dio lo de Valparaíso, con todas las organizaciones detrás, demandas locales, organización de primarias.

– Sí, hubo una apuesta y resultó. Pero es un excepcionalidad. Incluso si lo comparas con el Partido Comunista cuando estaba fuera, la franja de izquierda que está apostando hacia una política diferente a las del bloque en el duopolio, ha tenido peores resultados que el PC cuando lo hacía solo. Entonces ni siquiera está logrando llenar ese vacío y es una debilidad profunda. Y lo señala el libro, el qué hacer el día después.

– Qué hacer una vez que ganas las elecciones…

– Si Boric tuviera la edad, o Jackson. Y ya, son candidatos y eventualmente ganan. ¿Para qué? ¿En vista de qué? ¿Administrar? ¿Tratar de avanzar en ciertos derechos, es un capitalismo regulado con una social democracia avanzada? ¿cuál es el horizonte? Hoy veía sobre Sharp que la discusión era sobre si quita o no los fuegos artificiales y desde ese punto de vista también es un error político de él instalar ese tema considerando que va a ser el tema que se va a poner sobre la mesa a discutir, más allá de otras cosas”.

– Pero ahí también está el rol de la prensa. De toda una entrevista se le pregunta eso y esa es la cuña con que se quedan los medios…

– Pero hay una ausencia de proyecto. Boric y Jackson han sido bien valorados por ciertas denuncias, el tema de los sueldos, por no estar involucrados en temas de platas, etc. Pero si analizas profundamente, el discurso político o la apuesta que llega a los sectores populares no lo encuentras. Yo no lo encuentro e incluso algunas cosas que se posicionaron en campañas de grupos alternativos eran como, ‘vote por nosotros porque nosotros no somos corruptos’. Está bien, no hay que ser corruptos y hay una coyuntura donde eso parece ser una cosa importante. ¿Pero cuál es el proyecto? ¿Qué es lo que se busca hacer? ¿Qué es lo implica ganar un municipio, tener un concejal?

– Para muchas personas en Chile, es difícil ver las diferencias entre todas estas izquierdas. ¿Cómo enfrentar el problema de la marginalidad?

– Sin duda es algo que está muy alejado de la mayoría de la chilenos, tan alejados como lo es votar, probablemente. Evidentemente es más una discusión de organizaciones políticas que a nivel de masas. A niveles sociales, esta discusión se da desde otra perspectiva, todas las izquierdas, incluso las de la la Nueva Mayoría, convergen en No + AFP, en el movimiento estudiantil, en conflictos sociales. Esta discusión es de organziaciones políticas y se traslada a los espacios eventualmente cada 4 años cuando al interior de esas plataformas de organizaciones sociales, se acercan las elecciones y algunos apuestan a las elecciones y ocupan esos espacios para hacer llamados electorales. Ahí esa tensión, que puede ser de organizaciones políticas discutiendo en revistas de izquierda, se traslada al espacio popular. Entonces es alejada y no lo es. Teóricamente alejada, cercana cuando las personas participan en plataformas sociales ven que algunos se pelean porque unos denuncian a unos de ultrones y otros de electoralistas, de estar aprovechando el espacio para que la gente vote por ellos.

– Pero la izquierda se vuelve una amalgama de siglas. Nosotros podemos entender la diferencia entre cada grupo, cada proyecto. Pero para muchos, Boric es la izquierda más radical que existe en Chile y los que están más a la izquierda terminan siendo marginales…

– Esa izquierda es marginal, sin duda. Cuando dices que eres de izquierda, te suelen decir ‘usted es comunista’. A mí desde el colegio me dicen comunista y nunca he militado en el PC, y eso tiene que ver con dos factores: hay una incapacidad propia de crear, mostrar y referenciar proyectos y eso pasa por procesos de unidad, evidentemente. Es insostenible que espacios pequeños y desconocidos tengan tantas organizaciones y ahí hay una debilidad. Y lo otro es que evidentemente se es marginal. Y se era más marginal en los 90, en la época del oscurantismo. Ahí la izquierda se agarraba a palos, literalmente. Pero sí, los tres sectores son marginales políticamente. La mayoría de las personas no los conoce, no entiende la diferencia y si hay una incapacidad que tiene que ver con la época del oscurantismo, procesos represivos en los 90, con desarticulación histórica de organizaciones políticas que fueron perseguidas en dictadura, con cierta inmadurez de ponerse de acuerdo, conversar, hacer relaciones políticas, insertarse, dejar de lado ciertas mezquindades. Pero se ha ido avanzando en eso. Estos sectores hoy en día, si bien siguen siendo marginales, no lo son en absoluto con respecto a los años 90 y comienzos del 2000. Si bien las personas desvinculadas de organizaciones de izquierdas no los conocen, si conocen un conflicto estudiantil, un conflicto ambiental, que hay gente que se moviliza en la Patagonia, en Chiloé, si conoce que tiraron pescados a La Moneda, si conoce que hay un problema con las AFP. Las personas que tiraron cabezas de pescado a la pileta de La Moneda son una organización política o dos o tres que se articularon. Si se conoce que un grupo de cabros entró a La Moneda con gorros naranjos, y también hay ahí una apuesta de personas militantes. No se conoce la organizacion, la apuesta, lo que es una debilidad, pero sí conoce las expresiones de intervenciones, lo que es un avance respecto a los 90. Pero aún es insuficiente, no se está a la altura de los desafíos, porque hay que ser capaz de construir proyectos más allá de intervenciones particulares. Lograr totalizar, esto de la AFP, lo estudiantil, lo ambiental, tiene que ver con un todo, con un proyecto articulado, una apuesta ya no sectorial, ya no netamente reivindicativa sino de construcción de una sociedad diferente.

– ¿Es posible aunar a toda la izquierda bajo un mismo proyecto? Más allá de la diferencia entre sí electoral o no electoral…

– No creo que sea posible la articulación de las tres franjas, para ser sincero. En base a la investigación, entrevistas, conversaciones, no es posible. Si es posible cierta articulaciones, como la de cierta parte de la izquierda anticapitalista con apuesta institucional, la más cercana al bloque de conducción..

– El Frente Amplio…

– Aunque hay distintas apuestas también. No es lo mismo la apuesta de Igualdad, del Movimiento Patriótico, que la del bloque de conducción, de la UNE, de Izquierda Libertaria, del Movimiento Autonomista. Son apuestas institucionales diferentes. Sí veo posible, y entiendo que hay conversaciones, sobre todo por organizaciones que son puente como Revolución Democrática, con el espacio socialdemócrata. Han habido conversaciones hace tiempo entra ambos cuerpos. Hay discusiones, llamados abiertos a construcción de un frente amplio y si hay posibilidad de articulación en ese espacio. En el espacio social, también hay articulaciones evidentes entre la izquierda sin proyecto institucional y la izquierda con proyecto institucional, se encuentran constantemente. Pero una articulación de los tres no lo veo posible.

– La izquierda sin proyecto institucional también se ve tensionada cuando aparece esta otra izquierda que apuesta por la vía electoral. Sobre todo cuando obtienen visibilidad y ganan.

– Sin duda, porque la izquierda sin proyecto institucional también tiene el problema de ser la más fragmentada, más que las otras dos. Entonces si le sumas hiperfragmetnación y una hegemonía, porque se referencia a los sectores populares como “la” izquierda y porque tienen inserción. A nivel estudiantil la inserción es similar entre ambas izquierdas, actualmente mayoritaria la con, producto de la derrota del Somos en la Usach, que perdieron la vocería y eso cambió la correlación de fuerzas al interior del Confech. Pero la otra izquierda tiene inserción también en los trabajadores con el frente Nelson Quichillao, en pobladores con Ukamau, en sectores de profesores, no es solo electoral, es evidente que tienen inserción popular. Y claro, si esa izquierda hegemoniza y referencia y además tiene inserción de masas, una izquierda sin proyecto institucional hiperfragmentada, corre el riesgo de caer en la hiper marginalidad, es evidente. Por eso esa izquierda tiene que encontrar la forma de encontrar ciertos procesos de unidad de referenciación, avanzar en eso, de lo contrario para ese sector es complejo.