Ana María Catrileo España, una mujer enérgica, genuina y lúcida, es la werkén de la comunidad Juan Kurrin “invadida por Temuco”, y lleva más de 30 años en la lucha social y mapuche. “Esto se trata de la tierra y también de la Reconstrucción territorial del pueblo mapuche”, expresa.

“Nos rodearon el Estado y las iglesias, nos han ido desplazando y hasta matando. La gente mapuche más anciana cuenta que en el siglo 19 el río iba teñido de sangre mapuche, que tiraban al río a los ancestros; dicen que a las guaguas, las tiraban vivas, todo para sacarnos de nuestras tierras. Así nos arrebataron el territorio, así combatieron para usurparnos”, agrega.

Recuperación, no “toma”

Juan Kurrin es otra de las comunidades arrasadas por la República chilena desde -al menos- la guerra en la frontera norte del Ngülümapu [1]. O quizás antes, desde 1850, cuando el latifundio chileno -principalmente ganadero- arrancaba de su territorio “a indios malos que ocupaban tierras buenas”[2], como expresara explícitamente el racista historiador Barros Arana. E incluso antes, con la “Ley de división de las tierras comunales” de 1927[3] que legalizó el despojo[4] y desmembramiento de las comunidades.

La Comunidad de Ana María Catrileo comprende Pedro de Valdivia, Campos Deportivos, Puente Chispa, Fundo El Carmen y Tromen. Todo en el Temuco urbano. Es una comunidad geográfica y territorialmente distinta a otras, porque no se percibe como una zona rural ni continua. Es difícil comprenderlo para cabezas coloniales (y colonizadas), pero Juan Kurrin parece desmembrada por avenidas y calles de cemento. “Las autoridades del Estado chileno no entienden que seamos comunidad en la ciudad, nos ven como un punto negro en medio de construcciones. Estamos invadidos de edificios, pero somos comunidad, todos familia, todos de la misma sangre”, afirma la werken Ana María.

La madrugada del 28 de septiembre de 2015, Juan Kurrin ocupó un terreno fiscal.

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-¿Fue una toma?
No, fue una recuperación, lamuen –corrige- no es “toma”, porque nosotros no somos pobladores, somos comunidad mapuche. Y lo que recuperamos es solamente una ínfima parte de nuestro territorio ancestral documentado en títulos de merced. 22 días estuvimos en recuperación. Entramos el 28 de septiembre. Ahí dormíamos, ahí nos amanecíamos. Colocaron lienzos, la bandera azul con la estrella “de la recuperación”, un Rehue, hicieron ollas comunes y mateadas “con gente mapuche y no mapuche”. La recuperación y el rehue siguen ahí, la bandera y los lienzos, no.

-¿Por qué?
Me dijeron que cómo teníamos nuestros lienzos a pocos metros de la Avenida Alemania, la gente que vive ahí no quería verlos, que les pesaban nuestros lienzos, que la señora Bachelet no estaba de acuerdo, que para seguir conversando tenía que bajar la bandera y sacar lienzos. Ya, dije yo, pero el rehue no, y esto sigue siendo nuestro territorio.

-¿Cómo está inscrito el terreno recuperado?
Está inscrito a nombre de Serviu, porque al Serviu se lo traspasó la Municipalidad. Es que hacían lo que querían, cuando entró la dictadura lo tomaron como terreno eriazo y se lo adjudicaron. Nuestros padres fueron muy silenciosos y se quedaron esperando porque les habían prometido devolvérselos, pero nunca fue. Es que las leyes del capitalismo valen más que las leyes indígenas.

-Y entonces, su generación no se calló…
Para nada, reclamamos. El Serviu dijo que lo iba a devolver, pero no a nosotros, a Conadi, que le iban a pasar plata y que todo iba a ser por intermedio de Conadi. Y yo les dije: ¡Paren de hueviarnos! ¡Nosotros no somos Penta ni Soquimich, estamos haciendo las cosas con dignidad. Entonces dijeron que los terrenos son muy caros. ¡Y a mí que me importa!, les dije, ¡si a ustedes, usurpar, no les costó nada! Infinidad de cartas a las autoridades, a Bachelet, ninguna respuesta.

La invasión chilena

“Dicen los ancianos que en el año 1948 llamaron a los mapuche a una gran reunión a Santiago. En camión se llevaron a la gente. La Norma Pirquinao, una werkén de Kuiltrilpe (localidad de Vilcún), puede dar testimonio de eso. Ella me contaba que cuando devolvieron a esa gente al territorio, ya la traían vestida de winka. Les quitaron sus ropas y sus joyas que son fundamentales para la existencia de su sabiduría, porque una quilla, un reboso, eso que los chilenos llaman “herencia”, es en realidad la sabiduría y la memoria de las ancestras”, explica Ana María Catrileo.

Entre 1930 y 1945 varias organizaciones mapuche[5] se resistían a la división de tierras que promovía el Estado chileno[6] para quebrantar la resistencia “del mapuche al progreso”, y puede que ese fuese el contexto de esta “gran reunión” que menciona la werkén Ana María Catrileo, y que es un conocimiento que ella adquirió por la transmisión oral de su historia mapuche.

-¿Los izquierdistas que vinieron después cambiaron la cosa?
Lamuen, el latifundio es de derecha y actúa como la dictadura, tira a la gente al mar, es verdad, pero yo pienso que derecha o izquierda es la misma cuestión pal mapuche. Porque nosotros desde el gobierno de Aylwin, y desde antes, desde la dictadura, que estamos recuperando territorios. Y sabemos, por ejemplo, que la gente chilena sin casa, en el tiempo de Allende, se tomó terrenos que sabían que eran mapuche. Y no les importó.

-¿Usted cree?
Sí, es que no iban a pelear con los ricos. Yo entiendo, no tenían otra opción, pero ahora tienen que entender que este es territorio mapuche, nuestro territorio, y que lo estamos recuperando. Hay una toma que viene del 26 de julio del año 1973, y así se llama: “26 de julio”, y está en nuestro territorio.

-Y ustedes quedaron en medio.
Sí, y hay que decir que Temuco nos invadió a nosotros, no nosotros a Temuco. Nosotros ni quisimos, ni éramos ciudad. Mis padres eran hablantes, eran rurales, y sabían que eran mapuche, y nos decían que nosotros éramos mapuche. Pero no nos dejaron hablar mapuzungún para protegernos de la discriminación.

-¿Qué pasaba con ellos en la dictadura?
En la dictadura yo veía a mi mamá llegar del trabajar en el PEM y el POJH, cansada de barrer las calles. Yo tenía 14 años, y entonces me acerqué a organizaciones y luché contra la dictadura. ¡Era tanta la injusticia! Pero mi padre no era de la derecha ni de izquierda-, él me dijo siempre que hay que ser mapuche. Nunca estuvo contra las “tomas” tampoco, siempre autónomo y propio.

-Sus padres no se fueron a la ciudad entonces.
No, ellos resistieron aquí. Yo entiendo que mucho mapuche se fue a la ciudad porque había sido despojado, pero lo de nosotros es distinto, a nosotros nos obligaron a ser ciudad. Esto era campo de siembras fértiles, trigo, avena, de todo teníamos, y ellos vinieron a construir. Hay gente que llegó a vivir sobre cementerios, son casas en que la gente no puede ni dormir. Después vinieron las forestales y nos arrinconaron. ¡Y estas iglesias que nos invaden! ¡Incluso una parte de mi familia es evangélica! Mi tía estuvo enferma hace un tiempo y le dimos lahuen. Ella le pedía a Dios, pero fue el lahuén el que la sanó. Igual, yo sé que hay gente evangélica que no tiene nada en contra de nosotros. Pero tenemos una Iglesia Evangélica al lado, que si yo toco kultrún, me dicen bruja. Le quitan su identidad a la gente y le cambian la mente.

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Somos dual

Hablamos con Ana María de su vida, pero no lo vamos escribir todo porque hay cosas que sólo se sienten. “Yo llevo 20 años de matrimonio y muchos golpes por parte de mi wentru”, relata, “y por eso estamos alejados. Yo le digo: haga su vida, y él piensa que una tiene otro. Ese es el machismo de estos hombres, mapuche y no mapuche. Tienen que aprender el respeto a la mujer así como el chileno tiene que aprender a respetar a nuestro pueblo. La discriminación sea a quién sea, no está bien, lamuen”.

-Y ser lesbiana, ¿está mal?
No, yo no soy moralista ni cristiana. La personas somos dual -de a dos-. Cuando una nace, nace con otra persona en alguna parte. Y esa dualidad puede ser de dos wentru o dos domo, o un wentru y una domo (dos hombres, dos mujeres o un hombre con mujer). A mí no me gusta la actitud cartuchona de alguna de nuestra gente. Yo creo en toda la diversidad de las personas y de la naturaleza. Conozco gente buena, transparente, con mucho más corazón, que son homosexuales y lesbianas. Somos todos hermanos y hermanas. Somos todos gente. Yo no soy racista, y decir que está mal ser lesbiana es racismo. Nuestra gente se ha olvidado sus creencias verdaderas, se han evangelizado, ese es el problema.

-¿Qué piensa del caso de la Machi Francisca Linconao?
Están enlodando a nuestras machis para quitarnos nuestras medicinas y saben que no nos sirven las medicinas winka. Una autoridad espiritual no comete un crimen contra nadie ni nada, y por ser una autoridad espiritual ella debería tener un trato especial. Ella es una gran mujer, tiene su rakisuan, su pensamiento, también su kimún, su conocimiento. Lo que pasa es que el estado y el latifundio le teme por ser una machi. Como lo que pasó con la lamuen Macarena[7], matan a un winka y Chile se paraliza, pero si es una lamuen, hay silencio. El Estado quiere enlodar nuestra lucha, es lo que ha hecho con el machi Celestino[8] también.

Comunidad Juan Kurrin

Juan Kurrin tiene un título de merced del año 1881, tiene personalidad jurídica y se basa en el Convenio 169 de la OIT, art. 116 y 26, que considera los derechos ancestrales de las comunidades originarias.

Dos empresarios, por lo que pudimos apreciar en documentos y por lo que nos relata la werkén Ana María, mantienen litigios con la comunidad. El primero es Pablo Erich Jacobi Baumann, dueño –al menos- de la Automotriz Jacobi de Temuco y el segundo es Ramón Fermín Figueroa Vidal, dueño de la Compañía Inmobiliaria Figueroa. Según la “causa a prueba” que le llegó a Ana María Catrileo España del Primer Juzgado de Temuco, Figueroa sería dueño de un “bien raíz ubicado en Tromen 308 de la Comuna de Temuco”, territorio que es parte de la Comunidad Juan Kurrin.

La causa a foja 103 del Primer Juzgado de Temuco del día 13 de enero de 2016, se plantea “controvertida”, pero en el punto I plantea como “efectividad” la propiedad de Figueroa, aunque luego en el punto III reconoce que hay existencia de títulos de Merced a nombre de la comunidad Juan Currín.

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-¿Cómo pasó esto?
Figueroa le compró a Villena en el tiempo de la dictadura. Ella era una mujer a la que mi padre le arrendaba, pero se adueñó del terreno porque era señora de un paco. Ella regularizó por Bienes Nacionales a espaldas de mi padre y vendió. Recuerdo que el paco ese llegaba disparando y que le cortaba el pelo a cualquier cabro con melena que pillaba en la calle. Yo tenía 14 años. Los Figueroa dicen que ellos vivieron aquí y no es verdad, nunca han vivido aquí.

En página de Internet, efectivamente, aparece que, al menos la Constructora Figueroa Vial y Compañía Limitada, tiene su dirección en Avenida Apoquindo 4775, Las Condes, Santiago. “Nosotros somos nacidos aquí. Cuando llegaron los españoles nosotros ya estábamos”, reitera Ana María.

-¿Qué cree que quieren ellos?
Quieren hacer casas para los ricos. Hicieron una cancha incluso, porque el alcalde se puso a hacer canchas por todos lados -parece que les gusta mucho el fútbol-. Nosotros la vamos a transformar en un centro de acopio y también queremos darle espacio a los cochayuyeros, a los carboneros y a otros trabajadores que hoy están en condiciones indignas. El terreno de la recuperación ya está entregado a nosotros en lo formal, dicen que la segunda quincena de noviembre se podría empezar a construir nuestras rucas.

-Pero existe una causa pendiente…
Sí, es verdad. Pero sea como sea, nosotros vamos a construir nuestras rucas. Autoconstrucción, con apoyo de otras comunidades en resistencia como Temucuicui, Pidima, Rankilmo, Mallecoche, Lof Melinao y otras. Es que la tierra es fundamental lamuen, una no puede dejarla. Los rehue, los lafquen, los ríos, la tierra, hay que cuidarlos, no se pueden abandonar. Son algo sagrado. Sé que la recuperación todavía es un camino por andar, pero también sé que nos tienen que devolver el territorio[9].

[1] Pablo Marimán Quemenado hace mención a “la guerra en la frontera norte del ngülümapu entre los años 1860-1867 y que terminó estableciendo la línea del Malleko”, en su trabajo Guerra y ganado en la conquista del Ngulumapu (1860-1867). Pablo Marimán Quemenado. Comunidad de Historiadores Mapuche. Santiago, Chile (https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3676345.pdf). Y plantea la “hipótesis” “que la guerra hacia el mapuche, decidida tras un interés nacional, adquiere otras connotaciones en el nivel local que perfilan intereses y actores diferenciados de la política de estado. “Señores de la guerra” (particulares como militares) sacan partido económico acopiando el ganado mapuche tras fines de lucro”.

[2] Como dijera Diego Barros Arana,  historiador y educador chileno del siglo XIX, cuyo legado fue ”Historia General de Chile”, escrita en 16 volúmenes y nombra al pueblo mapuche como “bárbaros” “que carecían de inteligencia y moralidad”.

[3] Manuel Manquilef, liberal y anticomunista, elegido Diputado en 1926 había logrado aprobar en 1927 La Ley 4.169 para la subdivisión de las tierras mapuche que legalizó el despojó y desmembramiento de las comunidades.

[4] Artículo “El conflicto Estado-Pueblo Mapuche, 1900-1960*”. Jorge Pinto Rodríguez. Revista Universum Nº 27 Vol. 1, I Sem. Talca 2012, pp. 167-189. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762012000100009  / http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-23762012000100009

[5] La Sociedad Caupolicán, la Unión Araucana, el Frente Único Araucano y la Federación Araucana

[6] Con la dictadura de Ibáñez del Campo la ley de división de tierras mapuche fue reemplazada por otra, para muchos, peor (Nº 4.802 de 1930) que creaba los Juzgados de Indios y el Decreto Supremo 411 sobre la división de las tierras comunales y radicación de los “indígenas”. La idea era que la venta “libre” de tierras liquidaría la resistencia “del mapuche al progreso”, las organizaciones mapuche habían logrado un Ministerio de Tierras, varios diputados y 12 regidores mapuche, pero sobre todo, el despojo al pueblo mapuche construyó el enriquecimiento del Latifundio y la Clase dominante.

[7] Macarena Valdés Muñoz, luchadora mapuche que apareció muerta en Liquiñe luego de amenazas de hombres que llegaron en camioneta con logo de la Trasnacional RP GLOBAL. Ver: http://www.eldesconcierto.cl/santiago-no-es-chile/2016/10/20/el-feminicidio-empresarial-de-la-activista-macarena-valdes-munoz-en-liquine/

[8] Machi Celestino encarcelado y condenado por el Caso Luschinger-Mackay

[9] La werkén de la comunidad Juan Currín, Ana María Catrileo España, es una mujer agradecida y solicita expresamente al final de nuestras conversaciones que agradezca a toda la gente que le ha apoyado “porque ha sido mucha”, dice, “también a la gente que ya se ha ido”.