“Yo les voy a contestar de otra manera: Yo me opuse terminantemente al ingreso de la mujer a la Armada por todas estas cosas que se podían prever”, dijo el ex Comandante en Jefe de la Armada, Jorge Arancibia en declaraciones a T13, luego de conocerse de una investigación de la Fiscalía Naval contra ocho marinos acusados de montar un sofisticado sistema para espiar a compañeras en el dormitorio de la Fragata Lynch y divulgar las imágenes en un grupo de wasap y redes sociales.

Esto se suma al regalo de ASEXMA. Unos caballeros del otro siglo, con esa estructura de chistes de bares, homofóbicos, sexistas, de hombres rudos y cancheros le hacen un regalo al Ministro de Economía que a todas luces es burdo. El presidente, un señor que se mueve entre la empresa y la política reconoce el error, pide disculpa y perdón a todas/os, lo pregonó en cuanto micrófono encontró por delante. Aseguró que la idea de la muñeca inflable fue del equipo creativo, integrado mayoritariamente por mujeres, que no debió exponer de ese modo a las autoridades y candidatos a dirigir este lindo país con vista al mar y que por lo tanto, no queda más que asumir y renunciar.

Fantuzzi sigue a la cabeza de ASEXMA; no fue aceptada la renuncia y dada vuelta la página, vamos a otra cosa mariposa. Es decir, esto de asumir las responsabilidades políticas es puro cuento, palabras de buena crianza, declaraciones que muestran lo serio que es este país, pero a la hora de los quiubos, seguimos igual.

Claro que lo de este señor es grave; es de un mundo añejo, desterrado de la vida cotidiana (esperemos que para siempre, aunque no falta quien demuestra lo contrario de tanto en vez).

Lo de Arancibia es más complicado, porque es de sentido común. Era lógico, previsible que estas cosas iban a ocurrir. Son tareas masculinas que cuando son asumidas por mujeres las cosas suelen salirse de sus cabales. Al final, los hombres son incontrolables, está en su esencia, por eso son hombres. Por lo tanto, las mujeres deben ser quienes no inciten, ni provoquen estas actitudes en los varones. La falda puede ser un poquito más larga, ni ese escote tan pronunciado y por favor, no pretender trabajos del mundo masculino.

Este argumento tiene antecedentes claros en la literatura, los que responden a una idea del sexo como una fuerza que debe ser reprimida. Weeks, en Sexualidad (2003), recurre a los más famosos cientistas de lo social para explicar este paradigma, por ejemplo la mención de Krafft-Ebing según la cual el sexo es un instinto todopoderoso que exige cumplimiento, contra lo que proclaman la moral, las creencias y las restricciones sociales, o la mención al texto de Malinowski en donde menciona que el sexo es verdaderamente peligroso, fuente de la mayor parte de los problemas humanos desde los inicios de la historia.

En el campo de la educación en sexualidad, esto se traduce en un enfoque bio-médico, que privilegia la información del aparato reproductor y las consecuencias (casi siempre negativas) de adquirir alguna Infección de Transmisión Sexual o de un embarazo no programado. Y este enfoque, predominante en nuestros establecimientos y anclado en la asignatura de Ciencias Naturales, no sirve para hacer frente a los hechos relatados al inicio; es más, lo legitima.

De ahí que la discusión por la educación en sexualidad no es solamente en función de la necesidad de una asignatura o algún taller realizado por profesionales de la salud; es sobre la transversalidad de los contenidos (como lo será la formación ciudadana y educación cívica), sobre derechos, respeto y autonomía de las personas. Es sobre el develamiento de los mandatos culturales, es sobre el placer. Es como entender los hechos que se han sucedido estos últimos días.

Una política o programa de educación en sexualidad con esas características es lo que pido para el próximo año.