La casona en la que operó Editorial Trineo, la imprenta con la que la familia Luksic -según reveló un extenso reportaje de The Clinic– financió la política durante más de una década, muestra la historia reciente de Chile.

Ubicada en Los Olmos 3685, comuna de Macul, la casona funcionó a mediados del siglo XX como una escuela para obreros artesanos. La iniciativa había sido impulsada por el Premio Nacional de Escultura Samuel Román, quien fundó en 1943 la Escuela de Canteros, dirigida a artesanos de origen popular. Fue en los ’60 que la Universidad de Chile decidió construir el espacio en Los Olmos para que funcionara la escuela. Sin embargo, la dictadura arrasó con el lugar, provocando su cierre en 1974.

En 1981, el terreno fue adquirido por ni más ni menos que Cema Chile, la fundación de la viuda de Augusto Pinochet, Lucía Hiriart, quien puso una escuela de artesanías.

Fue en 1990 cuando Cema le vendió en 43 millones el terreno al Grupo Luksic, a través de empresas de Quiñenco -empresa matriz de esa familia-. Ahí se instaló la imprenta Trineo, empresa de los Luksic que se había creado 14 días antes de que Patricio Aylwin ganara la elección presidencial y que financió transversalmente la política hasta mediados de la década del 2000, a través de donaciones en papelería.

En el reportaje de The Clinic, el ex ministro Sergio Bitar justificó la práctica y admitió que se juntó varias veces con Andrónico Luksic Abaroa. “Un buen presidente de partido tenía que tener la capacidad de conseguir recursos. Era una práctica democrática desde el punto de vista de las condiciones que había”, dijo, y además agregó: “Tuvimos que ampliar las cuotas dentro del partido, pero para las campañas no alcanzaba. Había que tener bencina, avisos en radios, papeles, folletos, financiar viajes. Yo fui a ver a varios empresarios para pedir ayuda a mi partido- recuerda Sergio Bitar, presidente del PPD entre los años 1992 y 1994”.

Entre las prácticas que despertaron las sospechas de platas negras para financiar la política estaba el que, a pesar de las millonarias ventas de la empresa, siempre hubiese números rojos. Esto no solo le daba a Trineo un argumento para no acceder a las demandas de sus trabajadores, sino que también le hacía rebajar impuestos. “Trineo era una empresa que trabajaba a pérdida, creada para fabricar carteles. Había otra gente que fabricaba pinturas. Esa era la manera en que los partidos captaban recursos de los privados, situación que era tolerada por todo el mundo”, dijo un ex dirigente de la Concertación a The Clinic.

Otra práctica sospechosa era la falta de protocolos a la hora de recibir órdenes de compra o emitir facturas por los servicios realizados a políticos. “Nunca vi órdenes de compra ni facturas. Era todo bajo cuerda, platas negras. Siempre pensé que eran favores políticos”, declaró en el reportaje un ex jefe de prensa de la compañía.

Algunos de los datos más reveladores se dieron al analizar la campaña parlamentaria de 2001, en el cual la imprenta contabiliza 310 órdenes de trabajo, valoradas en 578 millones de pesos. La UDI fue el partido con mayor cantidad de aportes ese año, con $261 millones. Luego vino Renovación Nacional con $110 millones, la DC con $66 millones y el PPD con $37 millones.

Ese año Trineo tuvo ventas por casi 2.400 millones de pesos, pero aun así quedó con una pérdida de 170 millones.

A pesar de que los nombres de Carlos Ominami y Jorge Manzano son algunos de los que más se repiten en la planilla, ambos declararon no acordarse de la empresa.

El cierre de la empresa se dio luego de que el año 2003 encargara un estudio a la consultora Alpha Negocios que determinó que el valor patrimonial de la compañía se encontraba en un rango negativo. En 2004 Trineo dejó de trabajar, coincidiendo en parte con la fecha de aprobación de la ley de financiamiento a la actividad política de 2003, que prohibió donar en materiales.

Revisa la planilla que publicó The Clinic:

1er Semestre 2001 by Jorge Rojas on Scribd