En el último tiempo los diferentes medios de comunicación se han centrado netamente en el actual escenario político en donde la contienda presidencial y parlamentaria se encuentran como principal tema de la vitrina mediática dejando de lado otras cuestiones que nos dejó las municipales del 2016. Principalmente, el problema de la abstención.

Luego de las elecciones municipales muchos se empeñaron en señalar que el principal ganador de la jornada fue la coalición de derecha ‘’Chile Vamos’’ debido a que por una parte consiguió imponerse sobre el oficialismo en comunas emblemáticas como Santiago, Maipú o Providencia y por otra parte al conseguir ser el conglomerado con mayor porcentaje de votos a nivel nacional aproximándose a un 39% según datos del servicio electoral, si bien la derecha consiguió más alcaldías que hace cuatro años logrando vencer al oficialismo en comunas emblemáticas y consiguiendo un número mayor de votos a nivel nacional, la coalición de derecha junto con la Nueva Mayoría vieron como la cantidad de votantes en relación a las anteriores elecciones municipales disminuyó para los dos bloques, el año 2012 la abstención había alcanzado un 57% mientras que el 2016 aumento considerablemente alcanzando el 65%. Bajo esta lógica pareciera ser que el principal ganador no fue Chile Vamos sino que los altos niveles de abstención que se dieron en diversas comunas a lo largo del país.

Está situación llevó a que muchos expertos plantearan alternativas frente a esta crisis de representación que se está materializando en que gran parte del padrón electoral se reste de participar del proceso eleccionario, surgen entonces diversas propuestas para afrontar esta situación y donde la que más se ha posicionado dentro de la opinión pública ha sido la implementación del voto obligatorio. Mientras algunos académicos plantean que esta es la única alternativa para superar los altos niveles de abstención otros plantean que el voto viene a ser un derecho y no un deber por tanto quien lo quiera ejercer es libre de hacerlo como quien no lo quiera.

Lo cierto es que la opción del voto obligatorio suena cada vez más fuerte dentro los círculos de expertos en Chile y el hecho de que se implemente no solo vendría a solucionar el problema de la abstención sino que cambiaría el escenario político del país, principalmente en desmedro de los partidos tradicionales. ¿Por qué cambiaría ese escenario y cómo sería en desmedro de los partidos de Chile Vamos y la Nueva Mayoría? La respuesta a esta pregunta tiene que ver con la relación que se dan entre candidatos y votantes principalmente a nivel local, expresándose en las elecciones municipales, y porque la abstención hoy resulta ser el mecanismo que permite que los partidos del duopolio con un alto nivel de desaprobación sigan ocupando puestos de elección popular en el Estado.

El bajo porcentaje de votantes que participaron en las elecciones recién pasadas tiene ciertas características que lo llevaron a presentarse en las urnas. En primer lugar, quienes ejercieron el sufragio fueron militantes, simpatizantes o personas cercanas a las ideas de los conglomerados política o más particularmente a las de los postulantes al cargo de elección popular y, en segundo lugar, fueron personas que mantenían relaciones clientelares con los candidatos o partidos que competían. Obviamente no podemos suponer que todos los votantes que participaron en las elecciones lo hicieron por las razones expuestas, pero sí podemos plantear que una mayoría lo hizo por ellas.

Bajo este escenario la competencia de los partidos tradicionales se basa en la disputa del voto de un pequeño grupo de personas las cuales son al final del día quienes deciden quién será la autoridad electa concentrando los esfuerzos en generar redes clientelares y en tratar de ampliar, aunque sea de forma mínima, la cantidad de personas que se convenzan de las ideas del candidato o a veces del partido en que milita. Generalmente las personas se ven más atraídos por quien se postula que al partido político al cual pertenece debido al personalismo de la política chilena y a la desaprobación constante de estas instituciones que incluso a veces hacen que los postulantes a un cargo deban recurrir al discurso de ser independientes para poder atraer a los votantes. De esta manera se configura el funcionamiento del sistema de voto voluntario en Chile donde los partidos de la Nueva Mayoría y de la Derecha les basta con un padrón bajo que ejerza el sufragio para poder gobernar.

¿Cómo se configuraría entonces el escenario político si el voto fuera obligatorio? Sin duda este cambiaría, la razón más importante de ello sería que al pasar de un sistema de voto voluntario a uno de voto obligatorio el número de personas que ejercería el voto aumentaría considerablemente. Bajo este escenario los partidos políticos y los candidatos no tendrían la capacidad de generar redes clientelares tan amplias como para poder asegurar su victoria dentro de una contienda electoral por tanto las estrategias y los esfuerzos se volcarían a otras formas de captar a los votantes. Si bien las prácticas clientelares no dejarían de existir estas pasarían a segundo plano como forma para ser electo dando paso a otras formas de relacionarse con el amplio espectro de votantes que hoy se abstiene, ellas podrían ser por medio del convencimiento de un programa, por el discurso de los candidatos o por la capacidad que tengan de posicionarse en el área comunicacional y pública de esta forma se emparejaría la cancha para las nuevas fuerzas políticas que hoy se asoman por fuera de los conglomerados tradicionales siempre y cuando estás tengan la capacidad discursiva y mediática como para poder superar a la maquinaria clientelar que por años los partidos del duopolio han desplegado en los territorios y que hoy les permite acaparar la mayoría de los puestos de elección popular.

En definitiva el voto voluntario permite a los partidos tradicionales que hoy se encuentran con una enorme desaprobación poder utilizar puestos públicos debido a que tienen la capacidad de llegar a un mínimo de personas que son los que al final deciden quien gobierna en desmedro de una mayoría desinteresada o desmotivada a la cual las redes clientelares no llegan o no se ven convencidas por los mismos de siempre y es ahí en ese grupo de gente donde realmente se disputarían las elecciones si el voto pasara a ser obligatorio.


Estudiante de Ciencia Política de la Universidad Católica de Temuco.