Pegar a la esposa, a un hijo o hija, o a un padre no será delito si los hechos ocurren solo una vez al año. Será cuando los hechos ocurran más de una vez en contra de la misma víctima dentro de un período de doce meses que el agresor podrá ser procesado por la vía penal.

Eso ocurrirá en Rusia si prospera la propuesta que defiende la mayoría parlamentaria en la tramitación del proyecto de ley que despenaliza la violencia doméstica, que ya aprobó la Duma hace unos días en primera lectura por 358 votos a favor, dos en contra y una abstención. “Ésta es una votación histórica porque en algunos países el papel del Estado en la vida familiar es excesivo”, dijo Andrei Isayev, un diputado de Rusia Unida, el partido del presidente ruso, Vladímir Putin.

Con la nueva legislación, la violencia de género dejará de ser un delito penal para ser una falta administrativa. Por primera vez, los maltratadores que provoquen lesiones menos graves, como golpes o arañazos, enfrentaran multas o servicios a la comunidad, pero no ingresarán a la cárcel. Golpear a la mujer una vez al año costará a los maridos una multa de 500 euros (unos 350.000 pesos chilenos), un arresto de 10 o 15 días, o 120 horas de trabajo social. Solo tendrían que enfrentarse a pena de cárcel si decidieran superar el indignante límite de una vez al año.

El proyecto está cerca de convertirse en ley: le queda superar la aprobación del Senado y la del presidente Putin, algo que no le resultará muy difícil.

“Injerencia” del Estado en la familia

Los diputados que respaldaron la iniciativa, presentada por dos diputadas y dos senadoras de Rusia Unida, sostienen que el objetivo es proteger el derecho de los padres a disciplinar a los hijos y reducir las posibilidades de que el Estado entre en el ámbito doméstico y familiar. De hecho, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, señaló que es importante distinguir entre “las relaciones familiares” y los repetidos incidentes de violencia.

En la misma línea se expresó días antes el mandatario ruso en su rueda de prensa anual al ser preguntado sobre la conveniencia de acabar con una ley que permite “encarcelar a un padre por unos cachetes en el culo que el niño se ha merecido”: “La descarada injerencia en la familia” por la justicia “es intolerable”, respondió.

Quienes avalan el proyecto consideran incoherente que, con la última modificación del Código Penal, pegar a un hijo esté penado con dos años de cárcel mientras que si lo hace un vecino solo se pague una multa. Los defensores del proyecto optan por aumentar el castigo a los ataques, en vez de rebajar el de los agresores domésticos.

La violencia de género sigue siendo un gran tabú en la sociedad rusa. Quienes sufren malos tratos están acostumbradas a ocultarlo. En el país no existe una ley específica que castigue la violencia de género (ni siquiera de violencia doméstica), y en los últimos años el gobierno no ha transparentado las cifras de mujeres que mueren a manos de sus parejas. Según los últimos datos difundidos por el Ministerio del Interior ruso, entre 12 mil y 14 mil mujeres perdieron su vida por esta causa en 2008.