Los medios locales y nacionales han llevado a cabo un amplísimo despliegue informativo, presentado en múltiples formatos y emitido desde distintos puntos geográficos, para dar cobertura a los incendios forestales que desde hace varias semanas acechan el centro-sur del país. Cada día los espectadores pueden ver y escuchar horas y horas de programación especial en televisión -abierta o cable-, leer cómo evolucionan los principales focos en los medios impresos y digitales, y escuchar las voces de los y las afectadas en las transmisiones radiofónicas de la mano de los distintos enviados especiales.

Entre tal cantidad de contenido, quienes mejor ejercen el rol de fiscalizar la ética y deontología de los medios terminan siendo a menudo los lectores y auditores que, a través de las redes sociales, premian o castigan el trabajo de los profesionales de la comunicación. Fue el caso, por ejemplo, del periodista de TVN Gonzalo Ramírez, quien fue aplaudido por su decisión de no mostrar a cámara el dolor de las familias afectadas por el fuego en uno de sus despachos en vivo. En cambio, la cobertura del periodista Rafael Araneda de “La Mañana de Chilevisión” recibió cientos de críticas a través de Twitter por exponer a las personas a llorar frente a la cámara. Una clara demostración de que el formato televisivo marca una clara influencia en el tratamiento noticioso de los hechos.

Respeto a la víctimas y a su intimidad versus espectacularización de la tragedia y difusión de imágenes morbosas que hinchan los ratings y regalan clicks. Esta es la disyuntiva a la que los y las periodistas y medios se enfrentan cada vez que se vive un desastre natural con miles de damnificados. Un debate que se repite sobre el papel que desempeñan los medios de comunicación y el protagonismo que toman los profesionales que explican estos eventos medida en que muestran un retorcimiento de la realidad o un desvío de la atención.

Precisamente para enfrentar mejor este dilema, el Consejo Nacional de Televisión (CNTV) envió una serie de recomendaciones a los medios para evitar la victimización y el tratamiento sensacionalista y llamó “a ser responsables con el tipo de información que se le entrega a la ciudadanía”.

Una alerta que, según la experta en ética de las comunicaciones, Lyuba Yez, “los canales han acogido”. “En comparación con otras tragedias, está bastante instalado lo que se debe hacer, sobretodo en TV, que es el medio más cuestionado por ser el más visible y expuesto”, agrega. Según la académica, “es inevitable que haya elementos emotivos y de impacto en este tipo de informaciones” pero, aún así, señala a El Desconcierto, “hay un intento de contextualizar y evitar centrarse en las imágenes que dejan las llamas”.

Una opinión similar sostiene la presidenta del Colegio de Periodistas, Javiera Olivares: “Ha habido una intencionalidad positiva a la hora de cubrir la tragedia, incluso en las redes”, sostiene.

Ambas expertas saludan la publicación que el organismo regulador en materia televisiva entregó a los medios y consideran que puede haber influido en la mejora informativa. De hecho, hasta el pasado viernes, el CNTV había recibido 20 denuncias ciudadanas por la cobertura de los incendios que apelan al tratamiento informativo de las víctimas y al sensacionalismo de las notas periodísticas. Una cifra que contrasta con las más de 180 denuncias contra informativos y matinales recibidas en 2014, durante la cobertura del incendio de Valparaíso, por sensacionalismo, truculencia y atentado a la dignidad de las personas.

Un problema estructural

A pesar de una evidente mejora, Lyuba Yez reconoce que la naturaleza de este tipo de hechos hace que exista el “caos informativo” y que sea “prácticamente imposible no cometer errores”. Para ella, “la situación no sólo es traumática para quienes lo están viviendo, también lo es para los medios por una serie de dificultades en la organización de los equipos de trabajo, las decisiones editoriales, etc. y además por tratar de desmarcarse de una situación violenta y dolorosa”, dice.

Javiera Olivares también se encarga de subrayar que “la línea del límite para mostrar el detalle personal del dolor, la emotividad, y la victimización es muy delgada” y que en “en los contextos de catástrofes es bueno recordar el problema estructural de los medios en Chile, que están casi totalmente privatizados y se rigen por los criterios del rating y la publicidad“.

Después del incendio

Una de las malas prácticas más recurrentes en el tratamiento de desastres naturales es que los medios desaparecen cuando las imágenes de tragedia y desesperación dejan de ser habituales. Es decir, cuando la cotidianidad empieza a asomarse en los escenarios devastados para dar paso a la reconstrucción, las audiencias pierden la pista de las víctimas y afectados.

Preguntada sobre esta cuestión, Javiera Olivares apunta que el proceso de cobertura periodística debe ir más allá del momento “aparentemente más atractivo, porque es más trágico y dramático”, para involucrar “los tiempos de mayor normalidad”. “Eso permite fiscalizar que las autoridades públicas y las comunidades locales sean equitativas, justas, y que se aporten los recursos para la reconstrucción para todos igual”, afirma la dirigenta gremial.

Por su parte, Lyuba Yez coincide con su colega en que “los medios tienen una responsabilidad con el seguimiento de la noticia”. Y añade: “La noticia no es sólo el incendio. Habrá que ver las enfermedades que puedan surgir, cómo funcionan las responsabilidades, la reconstrucción de zonas, etc.”. “Habrá que seguir con eso porque abandonarlo sería injusto, no contaríamos la historia completa“, cierra la comunicadora.