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Debates y Combates 19.02.2017

8 de marzo: Avanza la organización de un Paro Internacional de Mujeres

El movimiento de mujeres y feminista se prepara para su primera medida internacional y coordinada. Será el 8 de marzo de forma simultánea en (al momento) 40 países. Una decisión coyuntural pero de interpelación histórica a la violencia de la desigualdad de los sistemas políticos, económicos y socioculturales del mundo.

Foto: Mariano Bruno

Marzo de 1857. Obreras textiles salieron a las calles de Estados Unidos a protestar por las condiciones en las que trabajaban en las fábricas. Desde entonces, distintos movimientos sucedieron hasta que el 5 de marzo de 1908 la ciudad de Nueva York fue escenario de una huelga novedosa en la que un grupo de mujeres reclamaba por igualdad salarial, disminución de la jornada laboral a 10 horas y tiempo para amamantar a sus hijxs.

Durante esa huelga fueron asesinadas más de un centenar de ellas, quemadas y asfixiadas en una fábrica de algodón en un incendio que fue atribuido al patrón como respuesta a la medida. Este hecho fue recordado en 1910 durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras celebrada en Dinamarca, y allí se constituyó el 8 de marzo como el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”.

Febrero de 2017. En Latinoamérica y el mundo las mujeres, lesbianas, travestis y trans, conscientes de sus derechos, están siendo el sujeto político de cambio más activo. Y honrando la historia de antecesoras, interpelando la desigualdad estructural y accionando frente a tímidos avances, notables estancamientos y dispares retrocesos de los gobiernos en relación a políticas públicas de género y disidencia sexual, preparan una acción disruptiva.

El Paro Internacional de Mujeres (PIM) surgió como medida de resistencia y visibilización del poder colectivo. Ni grupo vulnerado ni abnegadas víctimas, las mujeres hacemos la mitad de la sociedad y de su fuerza productiva; por eso, en épocas de despidos y feminización de la pobreza, de represión política y criminalización de las decisiones personales, la violencia estructural sobre nosotras se torna insoportable. Y convierte en urgentes las demandas de un feminismo popular que se agita en plazas, calles y ahora también hogares y lugares de trabajo.

Es que en América Latina, por ejemplo, el mercado de trabajo tuvo el mayor aumento de participación de las mujeres con relación a todas las regiones del mundo: nuestra participación ascendió de 40% a 54% entre 1990 y 2013, según la ONU. Sin embargo el 59% de esos empleos se ubican en el sector informal. Las mujeres seguimos siendo invisibilizadas, sin legislaciones laborales que nos protejan y sin acceso a los servicios de seguridad social.

Y siguen las exigencias. El PIM clamará porque integrantes de los gobiernos y los poderes de los Estados tomen medidas efectivas y con presupuesto para prevenir, sancionar y erradicar la violencia machista, los femicidios y los crímenes de odio contra el colectivo LGBT; desmantelar las redes de complicidad policial, judicial y política que hacen posibles la trata de personas para la explotación sexual; y sancionar leyes que garanticen el derecho al aborto legal, seguro y gratuito por libre decisión de las mujeres. Estados laicos; igual salario por igual trabajo; reconocimiento del trabajo reproductivo y de cuidados y de que las tareas domésticas sean distribuidas equitativamente; reparación de la violencia institucional sobre las personas del colectivo LGBT en la adopción de leyes que garanticen el acceso a la educación, la salud y el trabajo; y la paridad en la participación y representación política serán principales pancartas.

Y la organización para lograrlo es día a día. Por ejemplo, la semana pasada en Argentina, integrantes de sindicatos y organizaciones de las tres Centrales obreras, a través de la presencia de sus secretarias de Género, decidieron sumar al PIM y convocar a una “jornada de lucha” en la que convivirán diferentes modos de acción, desde huelgas o cese de actividades en los trabajos y en las casas hasta asambleas y radios abiertas, intervenciones que confluirán en las fotos del 9 de marzo: cientas de miles de mujeres en las calles protagonizando sus rituales en movilizaciones a los centros políticos de ese país, pero también de tantos otros.

Porque a la fecha ya son 40 las articulaciones del movimiento de mujeres y feminista que confluyen en países participantes del Paro Internacional de Mujeres: Alemania, Argentina, Australia, Bélgica, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Escocia, España, Estados Unidos, Inglaterra, Finlandia, Francia, Guatemala, Honduras, Islandia, Irlanda del Norte y República de Irlanda, Israel, Italia, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Polonia, Portugal, Puerto Rico, República Checa, República Dominicana, Rusia, Suecia, Togo, Turquía y Uruguay.

#NosotrasParamos, honramos y hacemos historia. Porque el próximo 8 de marzo, no es un día de shopping para vender ropa, perfumes, flores o bombones, sino que es una fecha de lucha en la que se consolida la organización política y la batalla sociocultural para una vida libre de violencias. Y así será. Las mujeres autoconvocadas y las que están organizadas en campañas, colectivas feministas, movimientos sociales, sindicatos y partidos políticos, llaman a sus congéneres y a los varones que cuestionan sus privilegios a decir una vez más, y cada vez más potente hasta que nos escuchen, ¡si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras!

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