Aislado en Roma, acusado de protagonizar una serie de episodios de abuso sexual en Perú y declarado persona non grata por el Sodalicio de Vida Cristiana –el grupo religioso peruano con presencia en Chile que él mismo fundó y lideró por décadas-, Luis Fernando Figari recibió en 2016 al menos tres visitas de renombre.

Una fue la de Andrea Riccardi, laico italiano y fundador del movimiento de la Comunidad de Sant’Egidio. Las otras fueron de dos cardenales: el estadounidense James Stafford -arzobispo durante diez años de Denver y ex presidente del Pontificio Consejo para los Laicos-; y el chileno Francisco Javier Errázuriz, personaje clave en la llegada e instalación del Sodalicio en Chile.

El primer contacto entre ambos se había producido a fines de la década del ’90, episodio que el cardenal reconoció para este reportaje.

“Sí, lo conocí en Roma, cuando era secretario de la Congregación para la Vida Consagrada. Ellos estaban buscando una aprobación como Sociedad de Vida Apostólica. En ese momento no había testimonios en contra de ellos”, aseguró Errázuriz.

El momento al que se refiere ocurrió en 1997. Dos años más tarde, el propio cardenal los invitaría a formar una comunidad en Chile. Desde ese momento, el ascenso del Sodalicio ha sido meteórico: desde 2012 que son los controladores de la Universidad Gabriela Mistral, en 2010 crearon el Colegio Saint Joseph y tienen dos comunidades en sectores tan dispares como Lo Barnechea y Maipú.

Sin embargo, desde 2015 enfrentan la peor crisis de su historia debido a las denuncias de abuso sexual que rodean a la organización.

Precisamente a ello obedeció el revuelo que provocó en Perú la reservada visita del cardenal chileno al exlíder del Sodalicio en Roma, reunión que fue detectada por el diario El Comercio de Lima. Errázuriz incluso dijo al medio que Figari era un “viejo amigo” y llamó a “no hacer leña del árbol caído”.

En conversación para este reportaje, el cardenal asegura que se exageró con sus declaraciones: “Me preguntaron (desde El Comercio) si yo había visitado a Fernando… ¿Cómo se llama? Fernando Figari. Les dije que sí y que mucha gente asume el axioma popular que existe de que ‘del árbol caído todos hacen leña’. A mí me parece más cristiano ayudar al árbol caído a levantarse. El Comercio aumentó lo que yo había dicho”.

La metáfora que ocupó el cardenal chileno llamó de inmediato la atención de los denunciantes en Perú. Esto porque en 2013 hubo un caso de acusaciones de pedofilia en contra de Gabino Miranda Melgarejo, exobispo auxiliar de Ayacucho y cercano al Opus Dei.  En ese entonces, el arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, dio una respuesta idéntica a la de Errázuriz: “No hagamos leña del árbol caído”.

La crisis del Sodalicio de Vida Cristiana estalló en 2015, cuando los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz publicaron el libro “Mitad Monjes, Mitad Soldados”, una investigación de cuatro años sobre los abusos físicos y psicológicos del movimiento. Su segunda edición incluye una serie de reportajes publicados en el diario La República, los mismos que les valieron a ambos ganar el Gran Premio Nacional de Periodismo 2016 de Perú otorgado por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) y la Pontificia Universidad Catolica de Perú.

El libro, además de relatar la historia del Sodalicio, contiene treinta testimonios de antiguos sodálites –término con el que se llama a los miembros de la agrupación – en el que revelan los abusos, en muchos casos de carácter sexual, que sufrieron en el movimiento.

Luego de enterarse de la visita de Errázuriz en Roma, “Santiago” -una de las personas que denunció abusos sexuales de Figari en el libro-, le escribió una carta abierta en el sitio lamula.pe: “Lo invito cardenal Errázuriz a leer mi denuncia de abusos psicológicos y sexuales, perpetrados por su ‘viejo amigo’ contra mí. No le será difícil encontrarla y quizás, después de sensibilizarse con ella, quiera extender su caridad cristiana también con nosotros, los árboles talados”.

En la misiva asegura, además, que envió su denuncia en 2011 a Víctor Luis Huapaya Quispe, presidente del Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de Lima, para que éste la enviara a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica –de la cual depende el Sodalicio-, la misma de la que Errázuriz era secretario en 1997 cuando conoció a la organización. “Lo cierto es que, ningún miembro de la Iglesia me ha contactado para atender mi caso, o por lo menos escuchar mi versión. Es por esto, Errázuriz, que te invito a hacerlo”, agrega el denunciante.

Según el testimonio de Santiago en “Mitad monjes, mitad soldados”, fueron meses los que Figari pasó manipulándolo para abusar sexualmente de él. Le decía que solo algunos jóvenes alcanzaban la iluminación, y que una forma de alcanzar otro nivel de perfección es la técnica kundalini.

Inspirándose en el hinduismo, Figari le comentaba a Santiago que la kundalini era una energía invisible que a veces era representada por una serpiente y que ésta se encontraba  enroscada en el primero de los chakras –centro de energía- ubicado entre los genitales y el ano, y había que empujarla a través de los otros chakras.

Según su versión, el fundador le preguntó cuál creía que era el líquido que impulsaba más efectivamente la kundalini. El joven aseguró que no sabía, ante lo que Figari le dijo que era el esperma. “Lo que voy a hacer es depositar esperma en tu zona sacra”, habría agregado.

El ex sodálite relató a los autores del libro cómo fue el acto sexual: “Lo más extraño de todo es que mientras iba penetrándome, pedía que me masturbara”. Además agrega que, después del acto, Figari le pedía que lo acompañara a misa.

Errázuriz dice que desconocía los antecedentes que involucraban al movimiento en esas prácticas y que por eso los invitó a Chile.

“En ese momento no existía alguna sombra de un problema con ellos. Ni siquiera con el que era vicario general, Germán Doig. Después ellos, que tenían una impresión muy positiva de Germán Doig, empezaron un proceso de beatificación, y al ver los testimonios se dieron cuenta de que había grandes problemas con él y pararon el proceso. La invitación a Chile es muy anterior a eso”, sostuvo a este medio.

El escándalo del Sodalicio

Germán Doig pudo haber sido santo. Luego de su muerte a los 43 años, en 2001,  mientras dormía en su cuarto, el ex vicario general del Sodalicio era parte de un prometedor proceso de beatificación, el cual fue terminado de manera tan repentina como su propia vida.

Para Luis Fernando Figari, la muerte de Doig marcó el fin de la etapa fundacional del Sodalicio. Se conocieron en 1973, cuando el superior era profesor de religión en el colegio Santa María y Doig cursaba su quinto año de secundaria.

El Sodalitium Christianae Vitae había sido fundado dos años antes, el 8 de diciembre, Día de la Inmaculada Concepción, por Figari y otras seis personas en la capilla del colegio La Reparación. El nombre proviene de la palabra “Sodality”, concepto marianista que se refiere a “cofradía o hermandad” entre miembros de la Compañía de María.

Si bien la estructura de mando partió siendo liderada por tres de los fundadores, dos se alejaron del movimiento y Luis Fernando Figari quedó con el mando absoluto. Más abajo venían los encargados de una pirámide de tres áreas: Instrucción (Fe de mente), Espiritualidad (Fe de corazón) y Apostolado (Fe de acción).

El trío más recordado en esas tres áreas es el que se armó a finales de los ’80: Virgilio Levaggi –hoy acusado de abuso sexual- en Instrucción, Jaime Baertl –actual presidente del directorio de la Universidad Gabriela Mistral de Chile- en Espiritualidad y Germán Doig en Apostolado.

No era raro que en las casas de los sodálites –incluso en las chilenas- tuvieran una estampita de Doig con su foto y una oración, a la que le pedían favores. Sin embargo, las negociaciones ante el Vaticano para convertirlo en el primer beato sodalicio se derrumbaron en 2011 cuando se supo de su doble vida y se conoció que por lo menos tres jóvenes habían sido sus víctimas.

“Cuando supe lo de Germán, me sentí traicionado”, cuenta un ex sodálite residente en Chile que hizo numerosas campañas por la beatificación de Doig y que prefiere mantener su identidad en reserva.

El periodista y ex sodálite Pedro Salinas empezó a investigar el tema a finales de 2010, cuando Figari renunció a su cargo de superior del movimiento y el proceso de beatificación de Doig se había frenado. Más allá de lo sospechoso que parecían ambos eventos, quedó de boca abierta cuando lo contactó un amigo del movimiento y le confesó haber sido víctima de Doig.

Ahí dio inicio a una investigación de cuatro años junto a Paola Ugaz que se tradujo en el libro “Mitad Monjes, Mitad Soldados”. Las revelaciones del libro causaron un escándalo, la creación de una comisión investigadora de los abusos y el retiro de Figari a Roma.

Contactado por este medio, Pedro Salinas admite: “Yo pensaba que al publicar el libro terminaba todo este proceso, pero pasó todo lo contrario. Una vez que se publicó, fue igual que el final de la película Spotlight: el teléfono ya no paró de sonar”.

El título del libro está dado por una de las frases favoritas de Figari en sus memorias: “Todo se puede resumir en aquello de ser mitad monjes y mitad soldados (…) los sodálites son soldados de Cristo en una milicia que jefatura María”, dice su memoria de 1976.

Esto efectivamente se aplicaba en la práctica a la hora de formar sodálites, ya que las rutinas de ejercicios diarios eran severos, en la comunidad de San Bartolo había rutinas de nado intenso en plena madrugada y, si se cometía una falta, te podían castigar fácilmente con mil lagartijas y abdominales.

El ex sodálite Vicente López de Romaña dice que precisamente así fue cómo se sintió antes de ser enviado a Chile por diez años: como un “comando militar enviado a una misión”.

Vea la historia de la consolidación del Sodalicio en Chile en la parte II.

*Artículo originalmente reporteado para el diplomado de Periodismo de Investigación de la Universidad de Chile, dirigido por la profesora María Olivia Mönckeberg.