*Escrito en co-autoría con la Coordinadora Frente Diversidad Sexual Revolución Democrática, Estefanía Andahur

Partimos este año con la esperanza de que algunas cosas pueden cambiar y lo que tenemos claro es que, si estamos construyendo un Frente Amplio, este nuevo 8 de marzo es el puntapié para marcar que nuestro proyecto político es feminista.

El feminismo no es una política “para mujeres”, no es un mujerismo. Lo que busca es crear un nuevo orden social y, especialmente, un nuevo orden democrático. Su valor, tan poco visto históricamente por la izquierda, es el surgimiento de un nosotros, donde todo aquel que ha vivido la experiencia de la desigualdad y la subordinación encuentre un lugar. Un discurso que no sólo lo represente, sino que lo encarne.

La desigualdad debe volver a ser nuestro principal eje. Hoy ya no somos sólo las mujeres las que vivimos experiencias de exclusión, sino también la diversidad sexual, los migrantes y otros grupos. Ese cruce no puede ser anecdótico. Nuestro proyecto debe retomar las viejas demandas, más vivas que nunca; volver a hablar de los trabajadores y ahora de las trabajadoras. No podemos olvidar que aún en 2017 las mujeres recibimos un ingreso un tercio inferior que los hombres ¿Cómo es posible que, en estos tiempos, todavía se le pague menos a una mujer, sólo por ser mujer? ¿Quiénes permiten eso? o más bien ¿Quiénes no hacen nada por eso?

La pobreza de este país sigue teniendo cara de mujer y además, de madre adolescente.

No se puede entender que niñas y jóvenes víctimas de violencia sexual estén obligadas a ser madres, a criar, olvidando lo que quisieron construir para sus vidas. ¿Qué país imaginan quienes han votado constantemente en contra de una Ley de Aborto, cuando ven esa imagen? Probablemente no están realmente interesados en reducir las brechas, la desigualdad y frustración. O quizás ni siquiera lo imaginan, porque muchas veces quienes legislan no tienen idea de que esas niñas, adolescentes y mujeres, existen.

Ahí está la diferencia. Nosotras vemos esa imagen y queremos hacer algo para que cambie, porque estamos convencidas de que las mujeres como grupo, y las comunidades que viven experiencias de exclusión en general, si tuvieran políticas que emparejen la cancha, nuestro país y nuestras relaciones serían distintas. Las niñas crecerían libres de violencia, podrían acceder a una educación para pensar libremente, sin límites, y optar por el trabajo que deseen, donde sean tan validadas como sus pares ¿Cómo esto no va a ser posible, si es tan antojadizo e injusto? Pero la cultura es más fuerte que la ley y debemos seguir trabajando por nuestras amigas, nuestras madres, hijas y compañeras, para dejarles un mundo más justo.

Necesitamos que nuestro Frente Amplio vaya más allá de lo posible. Por eso partimos este año con la esperanza de que las cosas pueden cambiar. Tenemos la oportunidad de sembrar un proyecto que sigue confiando en que la política puede cambiar nuestras vidas para bien y ¿qué sería ese proyecto si no es feminista?


Precandidata a Diputada Distrito 10, Revolución Democrática