Javiera Olivares está emocionada. Luego de cuatro años de entrevistas y trabajo de escritura parió su primer libro, el que la arrastró hasta uno de los vértices menos visitados de la historia política chilena reciente, la de los chilenos que abrazaron la lucha armada hacia finales de la dictadura cívico militar, cuando el mundo giró hacia el Consenso de Washington.

Guerrilla nació como un proyecto colectivo, pero al final sólo quedó ella y su obsesión por escribir las memorias de un mundo que falleció antes de nacer, salvo para sus protagonistas, fueran estos los que sobrevivieron los días en la Sierra Maestra o quienes murieron en las selvas de Centroamérica o Colombia.

¿Qué aborda tu libro?

Es la historia de la última generación de los ochenta, a mi modo de ver una de las menos tocadas, siempre se habla de la parte más épica, de los que combatieron en Nicaragua. A estos otros les tocó la caída de una ideología. Inicialmente, la idea era reivindicar a los que no habían vuelto, luego de morir en combate. Eso fue cambiando durante los cuatro años que duró la escritura.

¿De qué te enamoraste al escribir este libro?

De dos cosas. Por una parte, que me parece heroico lo que hicieron, más allá de lo que devino el mundo luego. Por otra, parte, que ellos me parecieron súper sencillos. No eran Fidel Castro ni Camilo Cienfuegos. Era el cabro que había estado tirando una piedra en las movilizaciones de 1986. Y me pareció necesario hacer justicia a su historia.

Combatientes en la Isla de la Juventud, Cuba

Combatientes chilenos en la Isla de la Juventud, Cuba.

¿Cuál fue la historia que más te impacto?

Hay muchas historias, desde lo sencillo hasta lo profundo. A veces, compartir una comida se transformaba en algo heroico en el monte. No obstante, hay una muy especial que muestra como en medio de la guerra, ellos seguían siendo seres humanos.

Es una historia de amor que impresiona, porque fue una mezcla entre el amor adolescente y el crecimiento, pero en la guerrilla. Fue una historia que duró y persistió hasta que uno de ellos, trágicamente, ya no volvió más.

Fue muy difícil de contar.

¿Qué te sucede cuando ingresas a ese mundo y luego vuelves al Chile de hoy?

(Silencio) Es fuerte. Se genera una contradicción. Uno se pregunta si hoy habría jóvenes dispuestos a dar la  vida por las cosas que creen independiente de si uno las comparta o no.

Siento que al final hubo un triunfo de una ideología neoliberal que arrebató justamente esos valores. Es duro.

"Guerrilla" narra la vida de chilenos que quedaron atrapados en la frontera entre los siglos XX y XXI

Guerrilla narra la vida de chilenos que quedaron atrapados en la frontera política que dividió los siglos XX y XXI.

¿Cuál fue tu impresión de estos chilenos y chilenas hoy? De su vida actual.

Uno se enfrenta a dos situaciones distintas. Por una parte, las conversaciones con las familias de los guerrilleros que ya no están, que son diálogos muy difíciles. Era un compromiso y desgaste emocional ingresar en esas historias, tanto para ellos como para uno. Entrevistar a los hijos de los que ya no están fue también muy duro.

Por otro lado, están las entrevistas de los guerrilleros. De ellos, me impresionó su entereza, después de todo lo que vivieron.

¿Sentiste que había diferencias en las experiencias de hombres y mujeres?

Absolutamente. Hay distintos acercamientos a esa experiencia de guerra. Además hubo una discriminación o inequidad de género que no se puede obviar. Las mujeres tenían un peso mayor, se les exigía más. Una guerrillera que se enamorara podía ser criticada, pero un hombre, no, por ejemplo.

Era un mundo machista y de hombres, donde las mujeres tuvieron que luchar mucho para ganarse un espacio.

"Guerrilla" será presentado este jueves en el Museo de la Memoria.

El libro será presentado este jueves en el Museo de la Memoria, a las 19 horas.

Estos jóvenes fueron a formarse como militares u oficiales a Cuba, cuando estaba por caer el Muro de Berlín y volver la democracia a Chile. ¿Qué les pasó con eso? ¿Cómo fue su retorno al país humanamente?

Duro, muy difícil. Algunos se enfermaron, algunos no volvieron. Otros se encerraron en la militancia partidaria. Además tenían una vida emocional asociada a la guerrilla.

Algunos no lograron encontrarse en el Chile de los noventa. La tiranía ya no existía unipersonalmente, se había transformado en un sistema de vida. ¿y cómo luchaban contra eso? Las armas ya no eran suficientes.

¿Qué reflexión te quedó al final?

La necesidad de desdramatizar la violencia como una opción política válida, como de hecho sucede en muchos momentos de la historia, para enfrentar situaciones de opresión.

La violencia es parte fundante de América latina, como las movilizaciones sociales, como el mundo indígena y los negros.

Creo que hay una deuda con la narración de estas historias, hoy invisibles. No es justo que esto no se cuente.

Este libro es sobre la humanidad en la guerra.