A raíz de un Twitter que publiqué mientras veía el programa de Canal 13 “En Buen Chileno” -conducido por Iván Valenzuela y con la participación estable de Mariana Aylwin, Patricio Fernández, Sergio Melnick y Pilar Molina (domingo de 10:00 a 12:00)-, me di cuenta que lamentablemente eso de que no se entiende lo que se lee es 100% real.

Corría la entrevista al candidato Marco Enríquez-Ominami y me pareció destacable hacer la observación de cómo siempre me resulta grato escuchar a una persona que establece discursos con contenido, intencionalmente agregué que esa opinión iba más allá de si se comulgaba o no con las ideas desarrolladas ahí.

Simplemente destaqué lo grato que es ver una buena articulación en el discurso, de hecho y a raíz de esta misma premisa ya habían llamado mi atención ciertos fenómenos comunicacionales que ocurrieron durante la entrevista y que me llevan a pensar como en algunos casos la prensa política también, llegado el momento se ha frivolizado o, como les gusta plantear a algunos, farandulizado.

Llamó profundamente mi atención como sólo dos personas del panel trataron de llevar la conversación hacia temas políticos, así como también me sorprendió gratamente escuchar a alguien hablando de política.

Enríquez-Ominami incluso se dio el trabajo de enrostrarle a una incómoda Pilar Molina cómo a veces el trabajo de la prensa deja de ser objetivo y se establece en la construcción de discursos y de lineamientos editoriales que tienen que ver con ideologías propias o de quienes nos contratan –invito a la señora Molina a leer el libro de Pierre Bourdieu “Sobre la televisión”; es corto, rápido, entretenido y aclarador de que esa sobreactuación a priori de que periodistas y comunicadores somos objetivos no es tal- también emplazó a Valenzuela, moderador del espacio, por insistir en presentarlo como un eterno aspirante al sillón presidencial, como si esa presentación no fuera una forma de caricaturizarlo.

Lo grave es que algo similar pasó con el entrevistado anterior Felipe Kast, que insiste en decir que la problemática social radica en un mal modelo político como si éste fuera completamente independiente del modelo económico que lo contiene -señor Kast, por esto es que es importante leer a Marx. No porque vaya a hacerse cargo de sus ideas, sino porque él plantea de manera clara cómo los intereses económico influyen en el quehacer político y social de una comunidad, eso incluso antes de la problemática de la lucha de clases. Leyéndolo se daría cuenta que lo que usted plantea carece de contenido y también carece de realidad. Los sistemas políticos son acordes a los sistemas económicos porque la economía rige mucho del quehacer social, de las filosofías de vida e incluso de la cultura imperante. Esto por supuesto nadie, absolutamente nadie lo rebatió o lo discutió aunque fuese un poco-, los panelistas estaban más preocupados de saber los datos anecdóticos, llegando incluso a establecer una idea entre psicosociológica de lo que significaba tener un candidato rubio, de ojos azules, apellido alemán y claras características formológicas más bien nórdicas. Idea que no sería mala de poner en el tapete si es que la televisión nos permitiera efectivamente desarrollar los conceptos y las teorías en profundidad y también permitiera así tener una acabada explicación de lo que esto podría significar para los votantes a la hora de elegir a alguien que realmente nos represente incluso en su forma física. Por supuesto, nada de esto ocurrió y todo quedo en una seguidilla de datos que no permitían profundizar ningún tipo de juicio que fuera más allá de lo emocional.

Interesante situación si pensamos que los discursos van creando realidad y plasman ideas concretas sobre los deberes ser de la sociedad. Sin quererlo -o quizás muy intencionalmente- el programa lo que hace es perpetuar la idea de que los votantes nos debemos quedar en la forma y no en los contenidos, seguir eligiendo a aquello cuyas ideas desconocemos, pero sus formas nos simpatizan, de hecho, llama la atención que Ossandón haya subido en las encuestas, por lo menos así lo demostró la última fotografía expuesta por la Cadem, luego de su bochornosa participación en Tolerancia Cero. Ese solo dato nos enrostra cómo la gente, a la hora de nominar a alguien en una encuesta, no lo hace por sus ideas sino que por su aparición en los medios o por si lo mencionan o no en alguna rutina de humor, mal que nos pese, como dije anteriormente todo es farándula y farandulizable.

Tomando esto en consideración, es obvio que un programa político tenga poco de política y también que hable poco de dichos temas, también es obvio que siga siendo más interesante saber cómo se mantiene un candidato para vivir o como se lleva otro con el país de origen de su señora. No es que estos temas no sean relevantes o de interés público, pero quizás eso estaría bien para otros formatos. Hoy quisiera saber más sobre cuáles son las ideas para reencantar a un pueblo despolitizado y cómo se pretende liderar a dicho pueblo.