Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.
Y a la hora del naufragio
y de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando”
María Elena Walsh

Mi relación con el VIH/SIDA comenzó en febrero de 1992 cuando acudí -por primera vez- a practicarme un test de Elisa a Redoss, Redes de Orientación en Salud Social de la popular Conchalí, en Santiago Norte. Ahí llegué por el periódico de la comuna, conociendo en el lugar al emblemático e inolvidable sociólogo Max Cifuentes, creador de la necesaria y valiosa iniciativa que perdura en el tiempo. Me hice amigo de Max, conversamos de mi militancia en el Movilh Histórico, de las luchas sociales–culturales en la diversidad sexual y del VIH/SIDA en la población homosexual de Chile. Tiempo después, las charlas y encuentros con Max fueron fundamentales para asumir de modo esperanzador un inesperado diagnóstico seropositivo. Desde el 3 de junio de 1994 soy una persona viviendo con VIH/SIDA según certificación oficial del Instituto de Salud Pública de Chile ISP, asumiendo poco a poco el carácter político – cultural de la pandemia, mucho más allá de sus devastadores efectos biomédicos del antiguamente llamado “cáncer gay” (La Tercera, 23 agosto 1984).

Recorte prensa Montañier: La Tercera, 19 de noviembre de 1995

Los primeros años con el VIH/SIDA en mi cuerpo fueron de conocimiento y acercamiento a la información más científica, junto a la complicidad con organizaciones comunitarias de amigos y compañeros que se reunían para enfrentar los efectos de la discriminación social por VIH/SIDA, entre ellos la Corporación Chilena de Prevención del SIDA (hoy ACCIONGAY) y otras agrupaciones hospitalarias en Santiago. En ese político y activo contexto recuerdo haber conocido e interrumpido una conferencia de prensa de Luc Montagnier, afamado científico francés, descubridor del VIH, Premio Nobel de Medicina. El polémico cruce con Montagnier demostraría las espinas político-culturales del VIH/SIDA en Chile y el mundo. Aquel encuentro aconteció en el marco del X Encuentro Latinoamericano de ETS y IV Conferencia Panamericana de VIH/SIDA, realizadas en el ex edificio Diego Portales, noviembre de 1995. La irrupción en la cita de Luc Montagnier con la prensa de la región tenía por finalidad solicitar su apoyo a la lucha del Movilh en contra del castigo legal a la sodomía consentida en Chile. Sorpresiva e inesperadamente, el científico se negó a firmar la carta del Movilh para –justificó- no “interferir en asuntos políticos internos de Chile”, pero apoyó la idea de la apertura sexual – cultural en los países como estrategia de prevención del VIH/SIDA. La negativa de Montagnier asombró e incomodó a los presentes, siendo la doctora Raquel Child, Directora de la Comisión Nacional del SIDA del Ministerio de Salud, la persona que finalmente resolvió la situación apoyando –y firmando- abiertamente la solicitud del Movimiento de Liberación Homosexual Movilh Histórico. No satisfecho con el controvertido gesto, hice público en el mismo evento internacional el rechazo del Movilh a la presencia del alcalde de Santiago, el demócrata cristiano Jaime Ravinet, denunciando sus opiniones discriminadoras y homofóbicas que no favorecían la diversidad e integración de la comunidad homosexual de Chile.

De la polémica y activismo público derivé prontamente al drama personal cuando el VIH/SIDA comenzó a perturbar directamente mi salud, llegando a perder peso, calidad de vida y a desarrollar etapa SIDA propiamente a través de una tuberculosis ocular en mi ojo izquierdo. En ese particular cuadro clínico de vulneración y no existiendo muchas posibilidades de medicación oportuna, la muerte era el destino casi seguro para mí y muchos otros amigos de seropositiva ruta. Entre esos compañeros recuerdo particularmente a Manuel Rodríguez Contreras que vivía en una cité popular del Barrio Mapocho y que murió de un ataque en el corazón en el Hospital San José. Manuel falleció en tiempos donde la terapia se sorteaba o se heredada de los muertos, tiempos dolorosos e inundados de defunciones diarias y discriminación permanente. En esa loca ruleta de la vida, considerando mi precario estado de salud, el doctor José Luis Pérez, jefe de programa VIH/SIDA del Hospital San José, decide asignarme la terapia de Manuel Rodríguez, providencia en mi propia existencia porque me salvó de la muerte segura. La terapia de Manuel Rodríguez, inolvidable evocación guerrillera de vida, unido al amor y cuidado de mi abuelita Luzmira, hicieron posible mi lenta pero sostenida recuperación.

Han sido más de 20 años de lucha, resistencia e insistencia humana, política y cultural. Días y noches, períodos de luces y sombras. Tiempo donde el asumir la visibilidad del VIH/SIDA fue un proceso lento, contradictorio y complejo. Las sombras fueron las dudas, la negación, el miedo a la discriminación y el estigma social. Las luces aparecieron en el trabajo comunitario y la asociativa en el Movimiento de Liberación Homosexual Movilh Histórico, organizaciones hospitalarias como Vida Óptima del Hospital San José y particularmente en la Coordinadora Nacional de Personas Viviendo con VIH/SIDA, VIVO POSITIVO. Gracias a una generosa y visionaria invitación de Rodrigo Pascal, máximo líder de las Personas Viviendo con VIH/SIDA en los años ’90, comencé a trabajar en el VIVO, coordinando y editando la revista política de la organización. Fueron tiempos de lucha, viajes por Chile y el mundo, conociendo y reconociendo otras batallas, otros amigos y compañeras de positivo transitar. El trabajo en VIVO POSITIVO me permitió adquirir un compromiso político y de vida con la causa de la no discriminación por VIH/SIDA, colaborando en diversas organizaciones hospitalarias integradas homosexuales, transexuales, hombres y mujeres que se agrupaban para enfrentar colectivamente los efectos de la pandemia.

El VIH/SIDA arrebató la vida a muchos queridos conocidos y entrañables amigos, entre ellos a Tomás Rivera González, “La Doctora”; el reconocido director de teatro Andrés Pérez Araya; al teatrista Andrés Pavez; al transformista Carlos Franco conocida como “Divina Estravaganza”, al fotógrafo Ismael Jamett y a Víctor Hugo Pérez popularizada como “Hija de Perra”, entre otros tantos y queridos luchadores que están inscritos en nuestra memoria de vida. La historia de lucha de ellos y la existencia de muchos otros que seguimos resistiendo han hecho posible crear –y recrear– una comunidad de Personas Viviendo con VIH/SIDA activa y combativa, mucho más allá de las políticas gubernamentales y de los aciertos o desaciertos de las organizaciones comunitarias. Una comunidad local que se organiza, reconoce y fortalece en el tiempo. Una comunidad que ha conquistado esperanzas de vida a través de la promulgación de cuerpos legales como la Ley del SIDA y la garantía de acceso universal al tratamiento antirretroviral. Tal vez por eso, pensando más allá de la muerte, asumo que el VIH/SIDA nos ha permitido conocer y reconocernos en el dolor y la esperanza. Una lucha de sentido y de vida que busca superar la caras y contracaras del VIH/SIDA postdictadura que obligó a muchos a someterse y/o resistir las políticas del consenso político–gubernamental.

En junio de 2015, abriendo y cerrando ciclos de vida, conocí al sociólogo y documentalista chileno Pablo Rivas Sepúlveda que viajó desde Francia a Chile para completar un trabajo que había iniciado con Cecilia Sepúlveda, su madre, ex Decana de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, reconocida especialista del VIH/SIDA y amiga cómplice de las luchas comunitarias en contra de la discriminación sexual y cultural en nuestro país. Pablo me contó que siendo un niño inquieto y amante de la cámara filmadora de su abuelo, acompañó a su madre a una reunión de la Agrupación Vida Óptima del Hospital San José en la zona norte de Santiago. La idea era grabar una pequeña entrevista a una Persona Viviendo con VIH/SIDA para utilizarla como testimonio que sensibilizara a las autoridades e instituciones nacionales e internacionales. Después de muchos años, Pablo Rivas se reencontró inesperadamente con esas imágenes grabadas y decidió continuar ese documento histórico localizando en Chile a su primer entrevistado y descubriendo un mundo repleto de luchas, vidas y expectativas de futuro. Entre esos mundos seropositivos estaba mi abuelita Luzmira y mi propia historia con el VIH/SIDA.

Así, cerrando un círculo, cumpliendo una promesa y deseo que habíamos acuñado con mi abuela, animados y registrados – documentados por Pablo Rivas, acudimos al Cementerio Metropolitano de la comuna de La Cisterna para rendir merecido homenaje al Manuel Rodríguez Contreras que salvó mi vida. A escasas cuadras del guerrillero, encontramos la tumba de Pedro Lemebel y junto a mi abuela rendimos merecido e íntimo tributo a la amiga escritora de locas batallas. Agradezco a la vida que me ha dado tanto, a mi cómplice abuela Luzmira, Ignacio Peña Robles, Manuel Rodríguez, REDOSS, Max Cifuentes, Rodrigo Pascal, VIVOPOSITIVO, CAPVIH, ACCIONGAY, Vida Óptima, Pablo Rivas, su madre Cecilia Sepúlveda, Pedro Lemebel, Paula Sepúlveda, Margarita Núñez y a tantos otros/as compañeros/as que han hecho posible abrir mundos para así seguir como las siemprevivas; siempre resistiendo, siempre luchando, siempre caminando, haciendo positivos caminos al andar.

“El Diario del Che Gay en Chile”. SiempreViva Ediciones, Santiago de Chile, agosto de 2015.