Aprendí desde muy pequeño un antiguo adagio judío: vienes al mundo a dejarlo mejor del que heredaste. Estoy seguro de que no es exclusivo de los hebreos. En realidad es un refrán que yació por siglos en lo más profundo del corazón de toda persona que piensa y siente que la moral o la ética (no las distingo) no es una cuestión laxa al gusto del consumidor, o de atenerse a la ley (la cual no es neutra, pues representa “la balanza de la justicia” con los dados cargados).

Si no me creen vean lo que pasó con la Corte Suprema, que bajó la pena al tipo que intentó matar y cegó a Natalia Riffo. O lo que hizo la Cámara de Diputados con el Informe SENAME II. Absolvió a una caterva de indolentes durante una década, todos “ejecutivos” (esta es la palabra exacta para nombrar a responsables o “servidores públicos”) que debieron evitar que más de mil niñ@s bajo “la protección del Estado” murieran en condiciones horrorosas e inexplicables para cualquier estándar (juicio) humanitario y racional.

Chile está enfermo. Enfermo de indolencia. Enfermo de desaprensión y egoísmo. Los culpables en última instancia, sin duda, son los jueces “supremos” y los gobiernos de Bachelet 1.0-Piñera-Bachelet 2.0, tod@s dign@s hereder@s de Pinochet. Y los parlamentarios de ambas cámaras, que es una manera decir del duopolio neoliberal (Concertación-Nueva Mayoría/Alianza por Chile-Chile Vamos). Una tropa de insensibles, ególatras, que aman el mercado, la riqueza personal, los pitutos, el coto de caza  del Estado, y desprecian, desde su falsa altura de una elite corrupta, a l@s niñ@s vulnerables y a las mujeres agredidas y asesinadas por un machismo endémico. Sí, este país está enfermo. Tiene el alma rota o, dicho de otra manera más suave, el corazón dormido o apenas boqueando, al parecer sin remedio (ojalá me equivoque).

¿Por qué hemos llegado como sociedad a este punto de vileza? ¿Dónde están l@s chilen@s copando las calles para protestar ante tamañas injusticias e inmoralidades? Mutis por el foro. Prefieren ir a los malls, el fútbol (ya no el tenis porque no están los exitosos Ríos-González- Massú), quedarse en la casa cuando  hay que ir a votar. En la última elección municipal sufragó un 36%, y en las recientes primarias un 13%. Es que los políticos, dirá el lector, valen callampa.

Entonces ¿qué? ¿Tomar las armas o irse al monte o a la guerrilla urbana? Ya sabemos que ese camino está cerrado, clausurado por la historia, derrotado en el Siglo XXI. Amén de que nadie, sospecho, estaría dispuesto a tamaño esfuerzo y compromiso.

No. Es mejor seguir girando sobre sí mismos, seguir mirándose el ombligo. Decir mayoritariamente que son felices en su vida personal, e infelices del país en que viven (porque crece poco, porque los buenos y bien remunerados empleos brillan por su ausencia, porque la política está degradada, porque las bajas pensiones de las AFP no se mejorarán lo que yo quiero si el 5% adicional no me le van a poner completo en mi cuenta individual –¿solidaridad?, a los más pobres que los parta un rayo-, porque la delincuencia, porque el sistema de salud pública es una catástrofe, porque el Estado no acaba con el conflicto en La Araucanía, porque las reformas –mal o bien realizadas- son un desastre, suma y sigue).

Quiero derechos, no quiero deberes, yo no puedo hacer nada, parecen decir l@s chilen@s. Quiero un Estado que me dé mucho mucho, pero que no se meta en mi vida personal (excepto para darme más dinero, ¡me vuelve loco tener más dinero!).

En este escenario, ¿quién va a ser el próximo presidente a partir de marzo 2018?

Adivine usted.


Escritor y economista