“Tuve suerte con Peter Parker, ya que pareció tocar la fibra de muchos lectores. Antes de él, ningún superhéroe tenía que preocuparse de los problemas de su vida propia, de ser popular en la escuela. Traté de darle la mayor cantidad de problemas, porque la mayoría de la gente, incluso la que pareciera estar feliz, los tiene”, son las palabras con las que Stan Lee, la mente maestra detrás de Marvel, define la clave del éxito de uno de sus personajes más populares: Spiderman.

Tal como dice Lee, Peter Parker tiene una serie de preocupaciones: es víctima de bullying en su escuela por ser un “gusano de biblioteca”; al no ser popular, el amor no es su fuerte; tiene que generar ingresos para su casa y la salud de su abuela; para ello, está obligado a tomar fotos periodísticas de sí mismo como Spiderman; el director del diario donde publica las fotos, J. Jonah Jameson del Daily Bugle, las ocupa para hacer propaganda en contra del superhéroe y, por si fuera poco, es miserable con los sueldos.

Más allá de la precarización del freelanceo y el bullying por ser ñoño, el gran problema que acompaña a Parker es la culpa. Un elemento que no lo deja tranquilo, tras haber dejado pasar al criminal que terminó asesinando a su tío Ben.

Ante semejantes problemas, el hecho de tener que salvar constantemente al mundo de los más peligrosos e insólitos criminales pareciera ser un desafío menor.

“Siempre disfruté haciendo cosas como que Peter Parker tenía que convertirse en Spiderman e ir hacia un lugar para salvar al mundo, a la ciudad o a Mary Jane, pero al mismo tiempo la tía May necesitaba su medicina o podía morir, y el único lugar para conseguirla era este otro lugar. Peter tenía que hacer las dos cosas en alrededor de 5 minutos”, ha dicho Stan Lee.

Son justamente los problemas cotidianos del protagonista el gran elemento ausente en la megaproducción dirigida por Jon Watts Spiderman Homecoming, que ya ha recaudado más de 600 millones de dólares a nivel mundial y se enmarca en la exacerbada producción de filmes inspirados en las tiras cómicas de Marvel -ya van 24 en tan solo seis años-.

La película es entretenidísima, dinámica. Hace que se pasen volando sus más de dos horas de duración. Peter Parker (Tom Holland) tiene un carisma atrapante desde el primer minuto, quizás solo opacado por el de su mejor amigo Ned Leeds (Jacob Batalon), un personaje que, si bien cumple un rol muy distinto en los comics -donde es la identidad detrás del villano Hobgoblin-, resulta ser un completo acierto humorístico en la película.

Sin embargo, más allá de un leve bullying y de frustraciones amorosas -que logra sortear sin mucho esfuerzo-, esta versión millennial de Peter Parker pareciera no tener problemas.

En las películas de los 2000 de Spiderman -protagonizadas por Tobey Maguire-, veíamos que lo cotidiano llegaba a superar al héroe, que se cuestionaba constantemente por qué hacía lo que hacía. Incluso en la segunda película tira el traje a la basura, con tal de no defraudar a Mary Jane, a su amigo Harry Osbourne, a su tía May y dedicarse a sus estudios.

El Peter Parker de Holland, por otro lado, es un niño con un juguete nuevo. No se ve que tenga la intención de trabajar y, si bien tiene un romance, no es tan intenso como para que llegara a sacrificar algo.

Su tía May, lejos de ser la vieja abuela delicada de salud, hoy es una joven madre sin mayores preocupaciones -más allá del acoso machista de los hombres del barrio-. Incluso a la actriz que interpreta el papel, Marisa Tomei, le causó extrañeza que la escogieran para el rol. Sobre todo tomando en cuenta que la actriz que solía interpretar al personaje en las películas de Spiderman de los 2000, Rosemary Harris, es casi 50 años mayor que ella.

Esta versión millennial de Peter Parker también cambia de mentor. En lugar de la humilde figura del tío Ben y su sabia enseñanza “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, sigue los pasos y enseñanzas del magnate multimillonario Tony Stark (Robert Downey Jr.), Iron Man, y su frase “si no eres nada sin el traje, no deberías tenerlo”.

Stark provee a Parker de un traje ultra tecnológico, que le ahorra los cientos de horas de trabajo que el personaje dedicaba en el comic a mejorar su propio traje y a darle nuevas habilidades. Incluso el disfraz nuevo tiene una inteligencia artificial incluida, que el superhéroe decide llamar Karen.

Con la protección del multimillonario Avenger, Parker tampoco muestra ninguna clase de problemas económicos, justamente los que motivan gran parte del comic que protagoniza el supervillano de la película: el buitre (Vulture).

Al inicio de esa tira cómica, Spiderman llega a buscar trabajo en los Cuatro Fantásticos. Después de una gran demostración de habilidades, se va decepcionado cuando le dicen que se trataba de una organización sin fines de lucro y que no podían pagarle. El héroe retoma sus esperanzas luego de escuchar a sus amigos decir que una foto del “Vulture” valdría millones, por lo que decide instalarle una cámara al traje e ir en busca del criminal. Podría decirse que la primera importancia del villano alado es ser la motivación de Parker para entrar a colaborar con el Daily Bugle.

 

Marvel Comics

El buitre está interpretado magistralmente por Michael Keaton, un actor que sabe de superhéroes, ya que ha encarnado a Batman en el pasado. Más allá de su actuación y sus apariciones sorpresivas, parece tener pocas motivaciones para actuar de la forma en que lo hace. La ambición parece ser su principal motor, cuando en los comics el personaje del Vulture llegó a desarrollar otras motivaciones complejas, como la juventud. Sin embargo, le hacen bastante más justicia que a The Shocker, otro villano de la película cuya versión dibujada era bastante más intimidante.

Quizás los enfrentamientos finales de la película y del comic muestran con claridad el contraste sobre qué es lo que mueve a cada versión del superhéroe. La lucha del Spiderman de Holland, muy acorde a los jóvenes millennial, es el honor, el validarse ante los pares y ante la gente con más experiencia. La versión dibujada, luego de haber vencido al buitre con su inteligencia científica al diseñar un dispositivo antigravedad que le quitase la ventaja aérea, se apresura en dejarlo a disposición de la policía e ir a buscar su cámara. Con las fotos del combate y del arresto, le alcanzará en la última viñeta para pagar la renta y comprarle una nueva cocina a su tía May.