Quien ve con preocupación lo que pasó en el Te Deum evangélico el pasado domingo y quiere un ejemplo de lo que es un país donde los grupos religiosos tienen fuerte participación en la política no necesita ir a Estados Unidos, la inspiración a la que más se alude esa corriente evangélica más políticamente activa. Hay un ejemplo mucho más cercano, acá mismo en Sudamérica, y que quizás sea el verdadero modelo de lo que se vio en el Templo Catedral Metodista Pentecostal de Estación Central.

En Brasil no hay eventos como el Te Deum, pero tampoco es necesario. La participación política de los evangélicos se da directamente en el Congreso, donde poseen toda una bancada de 87 diputados y 3 senadores, además de algunos ministros que participan de la administración de Michel Temer -entre ellos el de la Salud, Ricardo Barros. Sin contar los gobernadores, asambleístas regionales, alcaldes -entre ellos el de la ciudad de Río de Janeiro- y concejales dispersados por el país. Además, en el Congreso ellos ya tuvieron un presidente de la Comisión de Derechos Humanos y hasta uno de la Cámara de Diputados.

Con todo ese aparato, los evangélicos no necesitan de eventos especiales para imponer su agenda política, lo hacen desde dentro de las instituciones, donde avanzan sobretodo con una agenda valórica basada en el cuestionar la laicidad del Estado, aunque también defienden la ideología económica que favorece a los grandes capitales -pese a que sus seguidores en su mayoría integran las camadas más económicamente vulnerables de la sociedad brasileña-.

Pero no quedemos solamente con la influencia en la política: una de las representantes del mundo evangélico tupiniquim, la Iglesia Universal, es dueña del segundo canal televisivo más poderoso del país, la TV Record, la cual, movida a puro diezmo, se ha convertido en la primera emisora con pretensiones de rivalizar con la super poderosa Globo.

El proyecto de poder de los evangélicos en Brasil es muy potente, viene en construcción hace al menos tres décadas y empezó de a poco, penetrando primero en sectores como el fútbol y los escenarios artísticos hasta llegar a la política. Esta es un poco de su historia.

De los atletas de Cristo a los diputados de Jesus

A fines de los ’80 y principios de los ’90, las iglesias evangélicas no tenían gran penetración en la sociedad brasileña: representaban sólo al 8,9% de los habitantes del país. Sin embargo, fue en ese mismo período en que nacieron las primeras iniciativas con las cuales crecieron y se multiplicaron.

Una de ellas fue la de ocupar espacios en el fútbol. Creado a principios de los ’80, el movimiento de los Atletas de Cristo tardó una década, pero ya en los ’90 eran un grupo numeroso y que ya contaba con seis futbolistas en la selección que ganó el Mundial de Estados Unidos 1994, entre ellos el arquero Taffarel y el delantero Bebeto.

Pareciera que no tiene nada que ver, pero el fútbol fue uno de los atajos para llegar a la política. Un camino que no es inédito en la historia brasileña, pero que tiene en los Atletas de Cristo uno de los ejemplos más exitosos. Uno de los primeros personeros del mundo evangélico a aventurarse en la política fue João Leite, el fundador de Atletas de Cristo.

Histórico arquero del Atlético Mineiro en los ’70 y ’80, Leite fue elegido concejal de la ciudad de Belo Horizonte en 1992. En 1994 pasó a ser asambleísta regional del Estado de Minas Gerais, y actualmente va en su sexto mandato consecutivo. El año pasado, casi logró ser elegido alcalde de Belo Horizonte. Ganó en primera vuelta pero perdió en la segunda – curiosamente contra un ex presidente del mismo Atlético Mineiro, Alexandre Kalil, candidato de centro-derecha. Asimismo, Leite todavía es uno de los hombres más poderosos de la derecha en Minas Gerais, que es el segundo estado con más votantes en Brasil, apenas detrás de São Paulo.

El suceso electoral de João Leite fue inspirador para muchos otros grupos que pasaron a apostar en esa vía como forma de acumular poder e incluso avanzar con proyecto aún más ambiciosos.

Es el caso de la Iglesia Universal del Reino de Dios, creada por el pastor Edir Macedo, que fue una de las primeras a usar fuertemente las comunicaciones y el mundo de los espectáculos para promover su avance territorial. Creada en los ’70 por el pastor Edir Macedo, la Universal ya era, a mediados de los ’90, la iglesia protestante que más crecía en Brasil, y una de las razones era su afán de comprar horarios nocturnos en canales televisivos abiertos de bajo rating.

A través de esos programas, Universal logró posicionar su propio grupo de pastores faranduleros, aún cuando su público era bastante reducido. Sin embargo, ese público reducido fue suficiente para que, a fines de lo ’90, el pastor Macedo empezara a presentar a esos religiosos como candidatos a cargos legislativos, municipales y regionales. La idea de mostrarlos como voceros de Jesucristo fue impulsada literalmente: en los primeros años, los candidatos de la Universal tenían la costumbre de cambiar sus apellidos para “de Jesus”. De esa forma, los primeros concejales y diputados de su sector se llamaban siempre Roberto de Jesus, Marcelo de Jesus, João de Jesus, etc. -y sí, salvo rarísimas excepciones, eran casi siempre hombres-.

Con el tiempo y con más poder político, Macedo trató de ocupar nuevos espacios. Compró la decaída TV Record, el sexto canal brasileño en los ’90, y lo convirtió en el segundo de mayor rating desde la década pasada. En la misma década pasada, cuando ya cuenta con una bancada grande en el Congreso Nacional y en distintas asambleas regionales y municipales, el pastor lanzó su propio partido, el PRB (Partido Republicano Brasileño, y quien cree que su inspiración es el homónimo estadunidense no está muy equivocado).

Con el PRB, Edir Macedo y su Iglesia Universal han logrado elegir al alcalde de Río de Janeiro, Marcelo Crivella (ex Marcelo de Jesus en sus tiempos de parlamentario regional), quien además es sobrino de Macedo. También logran resultados importantes en São Paulo, donde tienen al ex periodista y actual diputado federal Celso Russomanno, que ha sido el tercero más votado en los dos últimos comicios municipales.

Contra el “Estado ateo”

Pero la bancada evangélica en Brasil no vive solo de los Atletas de Cristo de João Leite o de la muy poderosa Iglesia Universal de Edir Macedo. Entre los miles de políticos evangélicos que prosperan hoy,  ya sea en el contexto nacional o en los escenarios regionales, están representadas al menos 15 diferentes iglesias o grupos distintos. El crecimiento de esa representación ha acompañado el crecimiento de los evangélicos en la sociedad, que hoy en día ya son más de 30% de los habitantes del país -algo así como 60 millones de seguidores, de los cuales solo unos 9 millones pertenecen a la Iglesia Universal, la más poderosa-.

Entre las iglesias se destacan dos segmentos. Una de ellas es la Asamblea de Dios, cuyo representante más importante fue el ex diputado Eduardo Cunha, de Río de Janeiro, quien fue presidente de la Cámara de Diputados y principal articulador del golpe de Estado que derrocó a Dilma Rousseff de la presidencia e instaló a Michel Temer en el Palacio del Planalto. Hoy, Cunha se encuentra detenido por sus vinculaciones con casos de corrupción en Petrobras.

Además de su participación en el golpe de Estado, otra marca de Cunha como presidente de la Cámara fue su permiso para que se realizaran misas evangélicas para diputados, asesores e incluso visitantes dentro del Congreso Nacional, lo que ha sido común en la sede del legislativo brasileño en los últimos tres años.

Otro representante de la Asamblea de Dios, de esa vez por São Paulo, es el pastor y diputado federal Marco Feliciano, quien ha sido presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados. Feliciano es el autor de la frase que se hizo slogan de la bancada evangélica en los últimos años: “el Estado es laico, pero no es ateo”. A partir de esa premisa, el parlamentario pasó a promover todo tipo de iniciativa valórica conservadora, desde el combate a políticas en favor de la comunidad LGBTI o por derechos a las mujeres hasta incluso las de fomento a la mayor participación de los negros en la vida institucional brasileña.

Antes de hacerse famoso como diputado, cuando era solamente un pastor mediático, Feliciano defendió en redes sociales la idea de que los negros fueron esclavizados porque África fue el refugio de un ancestro homosexual de Noé, el que provocó la ira de Dios, la que habría sido descargada en una maldición a la cual sufren todos sus descendientes hasta hoy. Lo curioso es que el mismo Marco Feliciano es mestizo.

Además de la Asamblea de Dios, otro grupo evangélico que ha tratado de ganar espacio político es la Iglesia Baptista. Sus principales representantes hoy en día son el diputado y precandidato presidencial Jair Bolsonaro y sus hijos. Bolsonaro y Feliciano también fueron los puentes entre el presidente Michel Temer y el mundo evangélico, cuando el mandatario trató de buscar apoyo cuando algunos detractores apuntaron el hecho de él ser masón como indicio de que era ateo o satanista.

Cunha, Feliciano y Bolsonaro son la muestra de que la fuerza política está muchísimo más ligada a la derecha, pero eso no significa que no tenga buenos lazos también en la izquierda, e incluso en el PT de Lula da Silva y Dilma Rousseff. De hecho, el PRB de la Iglesia Universal y el PMDB de Eduardo Cunha fueron aliados oficialistas hasta 2014. En el segundo mandato de Dilma, Cunha organizó la salida de esos grupos del oficialismo, para la conformación del bloque que proporcionó el golpe.

Pero si uno piensa que el golpe ha separado el PT de los evangélicos, terminamos este texto con un video de la juventud evangélica celebrando un evento dentro de la Asamblea Legislativa Regional de São Paulo, que se realizó con el permiso de la bancada del PT en la casa.