En el año 2013 Jorge Mateluna fue detenido en la comuna de Pudahuel. Cuando llegó a la comisaría se le informó que se lo acusaba de haber participado en el asalto a un banco. Más tarde fue condenado y hoy cumple una condena de dieciséis años en la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago.

Pero Jorge Mateluna no participó en el asalto. Cuando fue detenido en un control de identidad, a varias cuadras del asalto, no tenía armas ni el dinero del botín. Ninguna prueba biológica lo sitúa en el lugar ni en el auto de la fuga. Además los detenidos confesos de asalto declararon que Mateluna no era parte de la banda.

A pesar de esto, Carabineros insistió en que Mateluna era culpable y presentó pruebas cuestionables que insólitamente fueron consideradas por la fiscalía y los jueces.

Para hacerse una idea de la inconsistencia de las pruebas es necesario considerar este ejemplo. Un capitán de Carabineros organizó una rueda de presos para que un testigo reconociera a los asaltantes del banco. El testigo reconoció a uno de los otros asaltantes condenados, pero el carabinero escribió el nombre de Jorge Mateluna. Cuando este informe se presentó en el juicio el juez estuvo tan molesto por la negligencia que descartó la prueba y amenazó al carabinero con un oficio disciplinario. El carabinero debería haber sido marginado del juicio, sin embargo participó activamente en la provisión de varias pruebas durante el proceso.

Otro ejemplo. Los carabineros que detuvieron a Mateluna se llevaron todas las pruebas al cuartel. Pero más tarde se dieron cuenta de que no habían tomado fotos de las pruebas en terreno, por lo tanto decidieron volver al lugar de la detención para distribuir las pruebas por la calle y tomar las fotos pendientes. Eso es totalmente irregular y en la práctica constituye un montaje.

Quienes hemos conocido el caso de cerca nos hemos dado cuenta de que los dos ejemplos descritos son solo una muestra. Existen varias irregularidades graves que convierte al caso de Jorge Mateluna en un ejemplo emblemático de mal funcionamiento de nuestro sistema policial, fiscal y judicial.

Es así como el caso es tan ridículo y espantoso que ya ha inspirado una campaña pública, varios reportajes periodísticos, un documental y una obra de teatro. Jorge Mateluna ha sido visitado por diputados y senadores; su familia ha sido invitada a presentar su acaso ante la comisión de DDHH de la Cámara de Diputados; y varias personalidades del mundo de la cultura  y de la política se han sumado a su campaña de liberación y han manifestado su apoyo a esta iniciativa.

Uno de los derechos esenciales del ser humano es su libertad y la privación de la misma es una atribución exclusiva que tiene el Estado en casos muy determinados como una respuesta de última ratio cuando se cometen determinados delitos y previo un debido proceso. Lo que no ocurrió en este caso.

Mantener a un hombre inocente privado de libertad debe ser una de las violaciones a los derechos humanos más básicos. Por eso no podemos quedarnos callados. Es nuestra responsabilidad ciudadana proteger a las instituciones públicas. Un sistema judicial fallido es un sistema judicial que abre las puertas a su propio desprestigio y a acusaciones de corrupción. Los propios miembros del poder judicial y la comunidad académica jurídica deberían trabajar para examinar y corregir el grave caso de Jorge Mateluna. Hacerlo permitiría enmendar una injusticia horrorosa y cuidar la reputación de las instituciones llamadas a cuidar la dignidad de todos los ciudadanos.